Voces magistrales: Mirella Freni

¿Quién no tiene una versión discográfica con Mirella Freni en uno de los roles protagonistas? La soprano de Módena ha ido por su cuenta, haciéndose un nombre en el mundo de la ópera, sin ruido, sólo con su voz. Esto es, lejos de polémicas.

Nacida en Módena en 1935, su primera relación conocida con la ópera fue la interpretación de “Sempre libera degg’io” de La Traviata cuando contaba con 10 años, en un concurso infantil. Emprendió clases de canto. Su debut llegó en Bolonia, donde interpretó el rol de Micaela, la joven prendada por Don José pero que ve como él pierde la cabeza por Carmen. Pronto, muy pronto, cortó su carrera para casarse con Magiera. Tres años después, en 1958, volvía a los escenarios, relanzándose su carrera en 1961 cuando firmó para cantar durante dos temporadas en el teatro de Glyndebourne. En ese mismo año culminó su éxito británico con el debut en el Royal Opera House Covent Garden, de Londres con el rol de Zerlina, en Don Giovanni. En 1963 debutó en la catedral del canto, la Scala de Milán…y el inicio de la relación musical con Herbert von Karajan.El rol de Mimì empezaba a ser uno de sus grandes roles.

En 1964 debutaba en Estados Unidos con gran éxito, destacando, una vez más, su Mimì en La bohème, el papel que la ha encumbrado. Si la década de los sesenta fueron el encumbramiento de la soprano de Módena, la década de los setenta fue la que permitió consolidarse entre los grandes. Con sus irrupciones en la interpretación en cine en Madama Butterfly o Las bodas de Fígaro. En 1978, se casó con Nicolai Ghiaurov, con quien protagonizó algunas grabaciones y presencias sobre el escenario, como ésta escena de Don Carlo.

En la década de los 80 fue cambiando su repertorio, dirigiéndolo hacia el verismo, en el que destaca su otro gran papel, como es Adriana Lecouvreur, la protagonista de la ópera del mismo nombre, compuesta por Francesco Cilea. O Fedora(Giordano) o Madama Sans-Gene.

Junto a su marido, buscó también el camino del aprendizaje para nuevos cantantes, creando el Centro Universale di Bel Canto, en Vignola. Un enlace nos muestra cómo está, a día de hoy, esa academía de nuevos valores.