Voces magistrales: María Callas

Ana María Cecilia Sofía Kalogeropoúlou, más conocida en el mundo entero como María Callas, nació en Estados Unidos en 1923 pero sus padres eran emigrantes griegos. En 1937 viajó con su madre y su hermana a Atenas y se inscribió en el Conservatorio Nacional, donde recibió clases de la soprano española Elvira de Hidalgo. Debutó en 1941 con el rol de Tosca, uno de sus clásicos. Durante seis años intervino en la capital griega que, en esa época, estaba siendo ocupada por los alemanes en la II Guerra Mundial. Su evolución le lleva a Verona en 1947 de la mano de Tullio Serafin. Dos años después, se casó con Meneghini. Puede que hubiera amor pero sí hubo una perfecta guía del empresario Meneghini en la carrera musical de Maria Callas, la dotó de seguridad y pudo ser ella con su voz y su famoso carácter que, en alguna ocasión que otra, le pudo perjudicar más que beneficiar. Durante la época de Meneghini, incluso, María Callas realizó un cambio de imagen importante, adelgazando de forma considerable. Estamos en una época de esplendor, fama, contrato con EMI, debuts en los grandes coliseos operísticos como la Scala, cuando su nombre se pone a la altura de las grandes como Joan Sutherland, Renata Tebaldi o Elisabeth Schwarzkopf. De esta época podemos ver este vídeo

En 1959 hubo un vuelco en su situación personal que , a la larga, acabó afectando a su carrera profesional: se enamoró del armador griego Aristóteles Onassis. Se retiró brevemente y su regreso no fue afortunado. Parecía que la vida de María Callas había llegado al punto de inflexión y comenzaba su deterioro. Para desgracia de la soprano, hubo más motivo de preocupación por estar en la boca de todos por cualquier cosa menos lo relativo al canto. A mediados de los sesenta fue desapareciendo de los teatros, dejando los últimos rastros de una voz impresionante.

En 1968 llegaba el mazazo para la soprano griega, pues Onassis la dejaba para irse junto a la viuda de John Fitgerald Kennedy, Jacqueline Bouvier. Este asunto, de mera prensa rosa, marcó el definitivo declive de Maria Callas porque afectó a su estado de ánimo.
A principios de los 70 buscó otras actividades ligadas a la ópera:dirección escénica de Las Vísperas Sicilianas, clases en el Juilliard School pero nada parecía ayudarla. En 1973, con la colaboración de Giuseppe di Stefano, hizo una serie de recitales que tenía un objetivo de animarla, sacarla de una depresión que ya había dado alguna que otra señal.

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Su voz se fue apagando y su aislamiento en París acabó con una triste muerte que, por desgracia, era esperada. Murió la diva que había llamado la atención a la gente por su amplio registro que le permitía cantar roles de soprano pero, en determinados momentos, incluso los de mezzosoprano como Carmen, Angelina(La Cenerentola) aparte de sus dotes para destacar su capacidad de interpretación sobre el teatro. Afortunadamente, nos ha legado una amplia discografía que permite disfrutar de su voz.