Voces magistrales: Enrico Caruso

No puedo olvidarme de Enrico Caruso en esta sección. Además, su ardua labor desde 1902 le permitió pasar a la posterioridad gracias a las grabaciones que realizó, tanto de óperas como canciones napolitanas y otras populares. Es la diferencia con otros cantantes cuyas únicas referencias que nos quedan son en papel de hemerotecas. Para el recuerdo queda Mattinata, de Leoncavallo, que fue una de las canciones que interpretó Caruso en 1904 con el objetivo de quedar plasmada para las siguientes generaciones.

Nacido y fallecido en Nápoles(1873-1921), curiosamente no fue profeta en su tierra, donde cumplió con su amenaza de no cantar en el Teatro San Carlo, tras una actuación en la que recibió críticas de sus paisanos cuando llevaba a cabo su rol de Nemorino:

La infancia de Caruso ya hacía imaginar que su carrera se iba a derivar hacia la música: coro de la iglesia, en fiestas para pagarse los estudios de canto. Su debut fue en un pequeño teatro de Nápoles con “L’Amico Francesco”, de Morelli. Prácticamente, el final del siglo XIX fue el que permitió la escalada de gloria del tenor napolitano con los diferentes debuts en los grandes teatros e, incluso, es referente de varios compositores contemporáneos. Así, estrena en 1898 Fedora, de Umberto Giordano…pero no iba a ser la única ópera que iba a contar con él en el gran estreno. Caruso gira su carrera en el siglo XX: firma un contrato con la Gramophone Company para realizar grabaciones, lo que ha permitido que su voz fuera ya eterna. También es el paso a los Estados Unidos y el Metropolitan.Su debut en el teatro de Nueva York fue en noviembre en 1903 como el duque de Mantua.

Fue el primer tenor de dicho teatro hasta que la enfermedad pulmonar le obligó a retirarse a Nápoles donde falleció en 1921. No fue el único problema de salud que tuvo: en 1909 tuvo que ser operado de unos nódulos en las cuerdas vocales, su instrumento de trabajo. Fue un tenor mediático, prácticamente, el primero. Puccini vio en él el personaje de Dick Johnson(Ramerrez) en “La fanciulla del West” y le hizo el papel a su medida. Pero si hay un rol, un fragmento que lleva la firma de Enrico Caruso, ese es el famoso “Vesti la giubb” de I Pagliacci. El tenor napolitano abrazó con todo el cariño del mundo el verismo. Su muerte nos impidió saber la respuesta a cómo habría interpretado el “Nessun dorma” de haber seguido vivo y en plenitud en 1926.