Voces magistrales: Sergei Leiferkus

Hay cantantes que te dejan marcado en la primera ocasión que los ves/oyes; luego hay otros en los que tardo en captar su “arte”. En el caso de Sergei Leiferkus, mi primera referencia vino de una interpretación como Yago en Otello. Ojo, fue una buena interpretación pero era una producción en la que, anteriormente, ya había visto a Renato Bruson y me había quedado un poco con esas referencias de actuación del personaje. Hace poco, cuando empecé a ir mirando Eugenio Oneguin(Chaikovsky) para esta web, encontré una versión interesante y que lo tenía como protagonista principal.

Nació en Leningrado, actual San Petersburgo, en 1946. Estudió en el conservatorio de la ciudad y debutó durante sus estudios de canto con una interpretación en una opereta de Kálman llamada “Die Zirkusprincessin”.Ganó un concurso de canto en honor a Glinka en 1971. Al año siguiente se unió al Teatro Maly Musorgsky. Hasta que entró en el Teatro Mariinsky en 1979, fue haciéndose un nombre en su patria.

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El comienzo de su periplo internacional comenzó en las tierras irlandesas de Wexford , donde se suele realizar un festival de ópera.Un año después, fue Berlín. A finales de los ochenta ya era un asiduo del teatro londinense del Covent Garden; poco después del Metropolitan Opera House.Ha sido más un cantante más proclive a los recitales que al trabajo teatral.Junto a esta faceta, hay que destacar su actitud en beneficio de la formación de jóvenes cantantes mediante la enseñanza y la realización de masterclass en varias ciudades como, por ejemplo, Londres.

Su repertorio de barítono está en torno a los cincuenta personajes entre los que destacan los de su patria rusa, especialmente Chaikovsky.Pero tampoco hay que olvidar algunos de sus roles verdianos(Yago, Nabucco,Macbeth,Amonasro, Don Carlo di Vargas) en los que se requiere dotar una gran personalidad a la interpretación. Otros personajes nos llevan a Mozart(Don Giovanni) o Richard Wagner en las óperas Lohengrin, Das Rheingold o Parsifal. Sobre la discografía o audiovisual, destacan varias producciones del Teatro Mariinsky, en su ciudad natal San Petersburgo pero también en el londinense Covent Garden,etc.Aparte, recopilatorios de fragmentos,especialmente de Musorgsky.

Terminamos esta entrada con dos clásicos: ver más información sobre el propio barítono-aunque no consta una web oficial, está su mención en el propio teatro Mariinsky-;también os sugiero la entrevista que he puesto y que cuenta con su servicio de subtitulado.Por último, os indico el acceso al canal Youtube de Leiferkus.

Sobre la ópera: la maldad de Yago

Aunque no se va a negar nunca que el único culpable de un asesinato es el asesino, a veces hay que mirar más allá. Este es un caso de libro. Todo el mal está dirigido desde el primer minuto por la mente de un ser rencoroso, Yago, que logra llevar a Otelo, dux de Venecia por los turbios caminos de los celos. Jugó con la personalidad de su jefe hasta llevarlo al desprecio social(acto III, humilla a Desdémona ante los embajadores) y, por supuesto, la muerte de su esposa.

Lo irónico del destino es que todo se hubiera resuelto si no se hubiera dado, según Yago, el motivo principal: la elección de otra persona para el puesto que él, que era simple alférez, ambicionaba.Se lo decía a Roderigo(“Escúchame:por más que yo finja amarlo, odio a ese moro” mientras señala a Cassio de forma enojada, ya que había logrado el favor del dux). Su primera atención apunta al propio Cassio, al que pretende emborrachar y desprestigiarlo ante todos y, especialmente, para que Otello decida quitarle el favor al nuevo capitán.

Desconocía, eso sí, Cassio a quién iba a pedirle algún consejo para recuperar el favor de Otelo: el mismo Yago. Ese nuevo capitán repudiado no era consciente, en ese momento, que la defenestración la había “gestionado” Yago. En el segundo acto tenemos ese “Credo in un Dio crudel” que es como se ve este personaje a sí mismo.

En ese momento, Yago ve en la fingida lealtad hacia Otelo y la confianza de éste en su alférez fiel el mejor modo de llevarlo al empantanoso tema de los celos. Con hechos “maquinados” logra convencer a Otelo que Cassio pretende arrebatarle a Desdémona. Para ello, convence al joven capitán destituido a que pida el favor de volver a su rango a través de la propia Desdémona y, a su vez, haciendo dudar a Otelo de la honorabilidad de Cassio. Logra enturbiar el corazón con dudas plausibles(aunque todos sabemos que son falsas). En el vídeo que vemos a continuación tendremos uno de esos dúos de maldad(“Sì pel ciel marmoreo giuro”)

Para hacer más creíble la escena de la infidelidad y con el juego del pañuelo de Desdémona quitado de las manos de Emilia, Yago logra que Otelo se crea la infidelidad con una prueba clara y evidente, a través de una conversación que el propio alférez tiene con Cassio mientras que Otelo espía. La condena es firme: Desdémona debe morir envenenada pero el propio Yago le recomienda que la estrangule en la cama. Otelo, en su maldad, no es consciente de que es un simple títere de la intención de su alférez tan “leal”.

Una vez asesinada a manos de Otelo, irrumpe Emilia que tiene un doble papel particular: esposa de Yago y sirvienta de Desdémona. Ante todo el mundo logra quitar la máscara interior de Yago mostrando su negra alma hasta el punto de lograr anular al dux y conducirlo, con los celos, hasta el asesinato de su amada Desdémona.


Voces magistrales: Cornell MacNeil

Con una personalidad, en cierto sentido, arrolladora y una presencia ciertamente imponente, Cornell MacNeil ha sido considerado uno de los barítonos a tener en cuenta aunque la discografía que dejó no es tan extensa como la de otros compañeros en este mundo de la lírica, quizás porque se comentaba que no estaba cómodo ante un estudio de grabación(otra cosa sería las realizadas “en vivo”). Uno de los grandes barítonos, su carrera está casi asociada a la del Metropolitan Opera House donde interpretó más de 600 representaciones y casi una treintena de roles.

Nacido en Minneapolis en 1922,dedicó su carrera a la ópera y a la música por influencia materna.Estudió canto en la Hartt School of Music. El primer espaldarazo llegó de la mano de Menotti, quién lo eligió para “The consul”, estrenada en Filadelfia en 1950. Es, además, el que encauzó a MacNeil por el terreno que debía andar. Llegó en 1953 a la compañía de ópera llamada New York Opera City donde da los primeros pasos de gran éxito.

La década de los cincuenta van a acabar siendo el inicio de una época de crecimiento, la de los debuts en los grandes teatros de ópera(San Francisco en 1955, Chicago en 1957 a parte de Nueva York en 1953) pero 1959 destaca por ser la fecha de su debut en la Scala milanesa y el inicio del idilio con el “Met”
neoyorquino. En los años sesenta se fue consolidando su carrera, su preferencia hacia determinados roles, también el carácter que,como ejemplo, aparece en la anécdota de Parma donde demostró gran atención a su compañera de reparto,Luisa Maragliano y, ante los abucheos hacia la soprano, decidió irse del escenario, no sin insultar al público presente en el teatro. En 1988 se retiró de la escena ante un problema de salud, aparte del natural declive de la voz siendo Scarpia su último rol.Alejado de la ópera, falleció en 2011.

Caracterizado con una voz impetuosa, con un notable registro de voz que le convertía en un clásico de personajes “villanos”(Scarpia, Yago,Jack Rance) o de personalidad algo tenebrosa(Nabucco, Rigoletto, Carlos I,Tonio,etc), eso le permitió destacar en determinados papeles. Curiosamente, dos aspectos que no le ayudaron- por lo que se lee- fueron su dicción y que la presencia en el escenario podía ser mejorable. Con todo, sus cualidades vocales le permitieron ser un asiduo de todo un “Met” durante casi tres décadas.Salvo “El holandés errante”, se puede decir que su repertorio era eminentemente verdiano y verismo.

Terminamos esta entrada con un vídeo que nos deja alguna de sus mejores interpretaciones. Otra recomendación es la lectura de una entrevista que realizó Bruce Duffie en 1982 en Chicago y que nos dice cosas de él. Otro aspecto a destacar es que tuvo asma, lo que supuso quedar libre de entrar en la II Guerra Mundial, aunque se le curó antes de los veinte años. Por último, que entre los hijos que tuvo, destaca el tenor Walter MacNeil, con el que compartió en escena una producción de “La traviata” como padre e hijo en la verdad…y en la ficción.

Tributo

Momentos memorables: Credo in un dio crudel

Pocos “villanos” encontraréis en la ópera que puedan superar a Yago, el pérfido “leal alférez”de Otello. Indignado por el trato de favor hacia Cassio como capitán, su decisión es la venganza hacia ambos. En el primer acto, desacredita ante los ojos de Otello a Cassio, emborrachándolo sin fin y, en el segundo acto, convence a Cassio-que no sabía de la negra intención de Yago- para pedirle a Desdémona que interceda por él ante Otello con el objetivo, negro sin duda, de meter en su señor el veneno de los celos. En esta aria que comentamos tenemos el compendio de su maldad que se percibe en cada una de sus notas. Porque su afán y perseverancia es tal que consigue meter a Otello en los celos con pruebas tan irrefutables(el pañuelo de Desdémona en manos de Cassio) como viles a la hora de obtenerse(quitándole el pañuelo a Emilia y depositándolo en la dimora de Cassio). Sabido es que Otello estrangula a la que fue su amada Desdémona, acorralado por los celos y suicidándose y Yago huyendo de Montano, Cassio y Emilia al destapar sus negras artes.

Una aria en la que se percibe la inmensa fuerza que juegan los instrumentos de viento porque así lo requiere para mostrar la actitud de un ser cruel. Una andanada de principio a fin, donde Yago manifesta su ira, su particular visión de un dios cruel que “me creó a su imagen y semejanza”. Aquí era preciso que lo oscuro se percibiera desde el fagot hasta los timbales sin dar rienda a algún resquicio de bondad. El final, ese “E poi? E poi? La Morte è’ il Nulla. È vecchia fola il Ciel”(¿Y luego? La Muerte es la Nada. ¡Eso del cielo es una vieja fábula!). No estamos hablando de ateísmo de Yago, sólo rabia del que se siente menospreciado. Porque Yago es así, un puro resentimiento yla música refleja, a la perfección, su alma negra.

Aria: Credo in un dio crudel


Vanne! la tua meta già vedo.
Ti spinge il tuo dimone,
e il tuo dimon son io.
E me trascina il mio, nel quale io credo,
inesorato Iddio.
Credo in un Dio crudel che m’ha creato
simile a sè e che nell’ira io nomo.
Dalla viltà d’un germe o d’un atomo
vile son nato.
Son scellerato
perchè son uomo;
e sento il fango originario in me.
Si! questa è la mia fè!
Credo con fermo cuor, siccome crede
la vedovella al tempio,
che il mal ch’io penso e che da me procede,
per il mio destino adempio.
Credo che il giusto è un istrion beffardo,
e nel viso e nel cuor,
che tutto è in lui bugiardo:
lagrima, bacio, sguardo,
sacrificio ed onor.
E credo l’uom gioco d’iniqua sorte
dal germe della culla
al verme dell’avel.
Vien dopo tanta irrision la Morte.
E poi? E poi? La Morte è’ il Nulla.
È vecchia fola il Ciel.