Momentos memorables: Obertura de Don Giovanni

Cuentan varias historias, relatos que Giuseppe Verdi, en sus años de estudio en Milán, estudió por recomendación de Vincenzo Lavigna la ópera “Don Giovanni”. Verdi, que había sido rechazado por el Conservatorio de Milán-que, para más inri, llevaría su nombre posteriormente- fue pupilo del mencionado Lavigna que, en esa época,era maestro concertador en el Teatro alla Scala y profesor de solfeo en el Conservatorio de Milán.

“Don Giovanni” es, quizás, una de las grandes óperas que se hayan compuesto. Tiene un cierto halo de madurez musical del propio Wolfgang Amadeus Mozart que casi se puede decir, no logra extender a “Così fan tutte”( más cercana a “Las bodas de Fígaro”) y a “Die Zauberflöte”. Es, en definitiva, la cúspide de la obra operística mozartiana. Aquí ya hemos tratado algunos instantes conocidos como la aria del catálogo, la más conocida de Don Ottavio, “Il mio tesoro intanto” o de Donna Anna, “Non mi dir”.

Sobre la obertura, igualmente, han surgido infinidad de leyendas, historias varias sobre el momento en que fue compuesta, resumiendo que fue realizada la noche antes del estreno en Praga. Sí que se sabe que fue lo último que se compuso de la ópera y, con la mente puesta en la ópera, concibió la obertura con la esencia propia de la obra.Se percibe lo sombrio de los instrumentos de viento metal y madera con el uso mayoritario(sobre todo al principio) de notas redondas y blancas(es decir, de forma fácil de entender, con sonidos que se extienden, creando esa atmósfera que acompaña y que, en sus primeras notas, recuerda a la irrupción de la estatua del comendador al final de la ópera. La grandeza de la obertura hace difícil analizarla, desmenuzarla. Lo más recomendable sería, en esta ocasión, es coger unos auriculares y escuchar los matices que Mozart va ligando entre los instrumentos de cuerda(sobre todo un grupo de violines) y los del viento, con permiso de los timbales.

Sobre la ópera: El bien y el mal(Sarastro vs. Reina de la Noche)

Cuando una persona aficionada a la ópera empieza a informarse sobre una obra determinada, empieza a ver a asuntos que llaman la atención del argumento. Quizás, uno de los ejemplos más claros es ese ejemplo del bien y el mal que representan Sarastro y la Reina de la Noche. Sí, me pueden indicar palabras que indiquen mejor la diferencia(sabiduría vs. ignorancia, obstinación; saber estar vs. venganza como instinto primario) pero creo que todo, dentro de una ópera( o más correctamente, “singspiel”) que alterna lo sublime con lo popular, es más sencillo recurrir al escalón inicial del bien contra el mal.

Sin embargo, lo curioso es la estructura que Wolfgang Amadeus Mozart y Emanuel Schikaneder(libretista) plantan con un primer acto en el que, salvo la conversación de Tamino y el orador, todo apunta a una maldad intrínseca de Sarastro que ha secuestrado a Pamina, hija de la Reina de la Noche. Después, en un golpe de maestría, invierten los roles y la maldad ha sido incomprendida, mientras que la bondad es ficticia y esconde una personalidad turbulenta.

Pero vayamos por partes. Como decíamos. En el primer acto, vemos a la Reina de la Noche como una madre preocupada ante el rapto y, encontrando a Tamino, le pide el favor de rescatarla. Su sufrimiento la ennoblece…en principio.
(por

El primer acto termina con una actuación cargada de enojo. Castiga a Monostatos con dureza a pesar que el sujeto había intentado actuar correctamente al impedir la huída de Papageno y Pamina. Quizás obnubilados por un argumento principal, por el cual la Reina de la Noche es la “víctima” y Sarastro el “malo”, dejamos escapar en principio ese grito de la muchedumbre hacia el supuesto “malo”(por cierto, con algunos “argumentos” que actualmente serían algo “políticamente incorrectos).

Como comentábamos antes, el segundo acto revierte todos los papeles… y la Reina de la Noche se nos vuelve vengativa, escandalizada al saber que Tamino ha entrado en el proceso para iniciarse en el “conocimiento”. De ahí surge, una de las más célebres arias de la historia de la ópera, el famoso “Der Hölle Rache” que impone una capacidad vocal y una técnica considerable a la soprano además de un esfuerzo interpretativo.

En contraposición, tenemos la altura de miras, la generosidad…de Sarastro cuando,al sufrido comentario de Pamina al decir que su madre aún sufre el dolor de perderla. El canto en favor de una nave consagrada al amor y no a la venganza, al perdón y no a la traición. Es “In diesen heil’gen Hallen” una aria que, personalmente, aprecio mucho.No sólo está el tema de lo que dice Sarastro, también la belleza de una melodía pura, quizás sencilla en apariencia pero que logra elevar mucho el alma.

Al final, es evidente cómo iba a acabar esta ópera.

Sobre la ópera: Una visión personal de los primeros pasos

Primeros pasos Cuando terminaba el agosto de 1989 llegó a mis manos, vía colección de ópera, la primera gran obra, el “Rigoletto“, del gran Giuseppe Verdi. Ese preludio, ese comienzo fulgurante del primer acto en el palacio del duque de Mantua me enamoró a las primeras de cambio. En ese caso, mi hermano tuvo gran mano al dar el primer paso de comprar aquel cassete.A la par que se iba comprando la segunda y tercera parte de la ópera(es lo que tienen los fascículos), llegó la primera ópera entera que escuché…una tras otra vez. Era una deliciosa “La bohème” , de Puccini con Neil Sheicoff y una soprano como Ileana Cotrubas(a la que ya conocía, curiosamente, del mencionado “Rigoletto).Con el paso de los meses se fueron añadiendo las primeras óperas a mi zurrón de conocimientos, con especial presencia de Verdi. De esa época me viene la sempiterna recomendación de esta ópera de Puccini para los que son iniciados en este mundo .Lo tiene todo(una bonita melodía, alegría, también una dosis de tristeza en un período de tiempo “asumible” para quien suele tener, un poco, el prejuicio de óperas largas.

Otras fuentes…y soportes. En aquella época de comienzos de los noventa, tuvimos las retransmisiones de ópera con la introducción de José Luis Téllez, el comienzo de las galas líricas, entre las que destacó, obviamente, “Los tres tenores” en las termas de Caracalla en 1990. Pero también las series o las películas Una de ellas, por ejemplo, fue “El fantasma de la ópera”, un telefilme protagonizado por Burt Lancaster, Teri Polo y Charles Dance y que contaba con algunos de los momentos más maravillosos del “Faust” de Charles Gounod. Esta relación me permite, además, recordar que fue la primera ópera que tuve en el formato de moda entonces: el compact-disc. No  había terminado de prescindir de los cassettes pero era algo novedoso. En esa época fui labrando una videoteca buena…que desapareció con el último vídeo VHS.

 

El desastre del Liceu y el Teatro Real. Entre el 31 de enero de 1994 y el siete de octubre de 1999 se vivió un tobogán de emociones en el tema lírico españo, en lo que se refiere a temas de teatros.Aunque ya en 1992 se estrenó el teatro de la Maestranza en Sevilla, aquel día de enero de 1994 supuso la destrucción del Gran Teatre del Liceu, un referente de este país en el mundo. Los preparativos de “Matias, el pintor” de Hindemith y un tema de seguridad del teatro barcelonés acabaron con todo. Tardaron cinco años en volver a la escena internacional con Turandot(por cierto, una de las primeras que ya había sonado en el palau Sant Jordi durante el “exilio”).Durante esa época, dos años antes,volvió el Teatro Real en Madrid, tras un periodo de sala de conciertos y las reformas para modernizarlo. Con el teatro madrileño volvieron con fuerza las retransmisiones de ópera con el gran José Luis Téllez, ese “falso directo” en el que contaba también con entrevistas  como ésta.



Wagner.
Aunque la primera ópera de Richard Wagner llegó pronto a mis manos, “La valquiria”(o “Die Walküre”) no gozó entre mis preferencias por algunas cuestiones durante mucho tiempo. Era una grabación en directo, dirigida por un grande como era Wilheim Furtwängler pero con los micrófonos demasiado cerca de un pobre con tos. En su momento, no me quité la sensación de una música que no comprendía(más allá del tema del idioma),que reconocía bella pero,perdón wagneristas, monótona. Sí, pasó mucho tiempo hasta que llegó 2013, mi situación como colaborador en la página Facebook de Operamania me obligaba a tratar un “Año Wagner” como así pretendía hacer con el “Año Verdi”. Para mí, el compositor de Le Roncole di Busseto no era tan desconocido(salvo unas pocas óperas de la época de “anni di galera”) y no me costaba seleccionar fragmentos. Pero Wagner era totalmente desconocido para mí despues, sí, de dos décadas largas. Esa “supuesta” obligación me permitió ir conociendo sus óperas e ir entendiendo más ese universo de “música total”, de captar la magia de los “leitmotivs” y, sobre todo, olvidar ese prejuicio de “monotonía”  y sí captar el matiz

Una de las cosas buenas que está teniendo esta página, como anteriormente su versión en. com, es permitirme dar unos pasos más allá  en este bello mundo que, en otra época, me habían hecho refugiarme en las grandes obras(Verdi, Mozart, Puccini, Rossini…), sin meterme de lleno en otras menos conocidas para el gran público.El repertorio ruso, el clásico(Vivaldi, Purcell, Haendel…) son algunos en los que me estoy sumergiendo para futuros “momentos”.

Momentos memorables: Obertura “Die Zauberflöte”

Es “Die Zauberflöte” o “La flauta mágica una de esas óperas que llaman la atención. Pocas obras, aparte de las bufas o cómicas, han contenido una doble línea de atención tan clara y precisa. Es una ópera a dos plataformas: por un lado, la visual y muy encaminada al público generalmente infantil(la flauta de pan de Papageno,la campanitas de plata,los personajes “animales” del primer acto o el mítico pa-pa-pa que, hace unos meses comentamos aquí); por otro lado, un perfil más maduro, al que se le desarrolla una ópera que, por momentos, es casi una iniciación a la masonería para al propio público, inmerso desde el comienzo en la trama que es, prácticamente, la lucha del bien, la sabiduría sobre el mal.

Una circunstancia que se nota desde los primeros tres grupos de acordes* del comienzo pero que, en sí, estamos hablando de cinco acordes(en ambos casos, Mozart estaría pensando tanto en el tres como número de la masonería masculina como en el número cinco de la masonería femenina. Otro aspecto que hay que destacar fue el aprovechamiento de unas (notas) que compuso Muzio Clementi para un duelo musical contra el propio Wolfgang Amadeus Mozart y en el que se notan con bastante claridad las notas que Wolfgang Amadeus Mozart incorporará en la obertura. Principal importancia, aparte de los instrumentos de cuerdas, la tiene la figura del fagot que, en buena parte, va a seguir una línea paralela a la de los violonchelos y contrabajos. En sí, lo mejor es escucharla y sentir, por un momento, como viento y cuerdas dialogan a lo largo de la obertura.

* Agradecido a los programas de “This is Opera” de Ramón Gener por ponerme sobre la pista de algunos aspectos más allá de la partitura.

Sobre la ópera: La extravagancia llega al cine

Como sabrán, en el mismo fin de semana en el que se dan los “Oscar” del cine, se realiza otra gala en el que se otorgan los premio a las peores películas, actuaciones, etc. Un premio muy particular en el que, habitualmente, los nominados no quieren saber nada pero que, a veces, puede dar alguna sorpresa(hasta Bill Cosby fue el primer actor en acudir a una “gala”de esas, o Sandra Bullock en recibir, en 24 horas, ambos premios. Estos premios llevan el nombre de Razzies.

Viene a cuento esta introducción para hacer mención de una película que puede ser ganadora de un premio razzies pero también la del Oscar. Para empezar, cuenta con una gran actriz como es Meryl Streep en el rol principal, junto a Hugh Grant. ¿Y qué tiene que ver estos temas con la ópera? Muy sencillo: el personaje que va a interpretar existió, era una alta dama que, entre otras cosas, le daba por hacer galas líricas de dudoso gusto. No por lo que escogía, que era ampliamente conocido, sino por su modo particular de cantarlo.

Sí, estamos tratando la vida, pasada ya al cine, de Florence Foster Jenkins. Una dama de alta sociedad, aficionada a la ópera y que se dedicó a tomar lecciones de canto, crear un grupo de Ópera y, finalmente, cantar en recitales privados y que llegó, eso sí, a cantar en el Carnegie Hall en octubre de 1944. Un mes después falleció tras las secuelas de un infarto que tuvo dos días después de ese gran recital público. El recinto se llenó de gente que había conocido la “fama” de esta buena mujer. Se suele escribir que las críticas ácidas lograban el efecto contrario: el de querer comprobar in situ las “cualidades” vocales. Para más inri, la propia Florence Foster atribuía las críticas a la envidia.

Dama acaudalada, Florence pudo dedicarse a lo que le gustaba, aunque para ello necesitó el fallecimiento de sus padres. De su padre en 1909, heredó una buena cantidad de dinero; de su madre en 1928, la libertad de dedicarse a lo que quería. Ya había hecho algunos recitales menores antes de 1928 pero la muerte materna le liberó de las críticas a sus decisiones de querer cantar. Llegó a grabar nueve arias en cinco discos que, posteriormente, fueron reeditados para CD, para que las nuevas generaciones aficionadas a la ópera supieran de la existencia de esta cantante que, si lleváramos la analogía al cine, se asemejaría a Ed Wood. Como anécdota,recordamos un accidente de taxi que, según ella, le permitió alcanzar notas más agudas(“un Fa más alto que nunca”) y como le envió un regalo al conductor del vehículo donde iba.

En mayo se estrenará la película de Meryl Streep con la intención de saber cómo plasma la historia de esta mujer que cantó lo que quiso y que fue ella misma, como así le habría sugerido Charles Chaplin.

Momentos magistrales: obertura “Così fan tutte”

Considerada la menor de las tres óperas compuestas por Wolfgang Amadeus Mozart con la colaboración de Lorenzo da Ponte como libretista, “Così fan tutte” ha sido menos tenida en cuenta en los teatros de ópera en comparación con “Las bodas de Fígaro” y, nada más y nada menos, “Don Giovanni”. Eso sí,supuso el regreso del compositor a Viena tras el estreno de Don Giovanni en Praga, lejos de la corte imperial. Diríamos que es, quizás, la más “inocente” de las tres óperas mozartianas con la mencionada colaboración del libretista, cosa que no es difícil cuando “Las bodas de Fígaro” partía de una obra polémica en Francia y, en “Don Giovanni”, la figura del galán burlador condenado tenía cierto toque moralista. “Così fan tutte” podría ser una ópera de divertimento, de embrollo emocional: dos jóvenes ámigos(Ferrando y Guglielmo) que, convencidos por una apuesta con Don Alfonso, se disfrazan y tratan de “conquistar”, cada uno, a la pareja del otro …con el firme deseo de que su creencia en la fidelidad de su pareja les haga vencer la apuesta, mas la pierden al ver que ellas no son tan fieles como ellos creían. Con todo, tiene un final feliz por la música pero agridulce para los personajes principales.

La pieza que hoy traemos a esta sección de Momentos memorables es su obertura, unas primeras notas que ya reflejan el carácter de esta ópera. Tiene más que ver, obviamente, con “Las bodas de Fígaro” que con un sombrío Don Giovanni. Se percibe una alternancia entre los instrumentos de cuerda y los de viento, un diálogo “juguetón” donde se van cediendo la melodía(y, en ocasiones, entre flautas, oboes y fagots también se alternan como si cada grupo de instrumentos, a su vez, fuera cogiendo un personaje de la ópera y lo fuera desarrollando en este embrollo que antes mencionaba en la ópera y que, en cierto sentido, en sus últimas notas nos va a anticipar el final enrevesado de la ópera. También mencionar que, durante un instante, la melodía que llevan a cabo tanto los instrumentos de cuerda como los de viento-madera es la misma como un breve recordatorio de un destino unido de los personajes durante la ópera(o como ambos amantes consiguen vencer la resistencia de ellas a enamorarse).

Momentos memorables: Pa-pa-ge-na(dueto)

La música en la ópera nos permite distinguir, casi al primer instante, qué tipode personaje la interpreta. Una música imponente y majestuosa como la de Sarastro, la maldad de la reina de la noche, la nobleza de alma de Tamino y Pamina pero, también, lo cercano al pueblo con Monostatos y Papageno que, en sus dos arias, tira de una música que llamaríamos, actualmente, como “pegadiza”, de las que se quedan en la memoria para siempre. Un personaje, el del pajarero, que ha quedado en el recuerdo con este breve pero llamativo dueto con su “compañera del alma”, una Papagena como “premio” de los sacerdotes de Sarastro a su noble acción de acompañar al príncipe Tamino en las pruebas de iniciación.Incluso, en el momento de la desesperación de Papageno, el humor sigue estando presente, a diferencia del dolor que, por ejemplo, siente Pamina por el silencio de Tamino. Es, como decíamos, llamativo porque la música es jovial pero brillantemente ejecutada por Mozart que logra entrelazar el amor de dos personas con algo tan emotivo como un encuentro esperado y feliz pero que, también, viene de otro momento anterior en el que los dos otros dos personajes han superado la prueba definitiva, Pamina y Tamino.

Con unos ciertos titubeos, como si las primeras notas nos mostraran cierta timidez comienza este dueto en el que los instrumentos de cuerda toman ese primer papel de “presentación” mutua de ambos personajes.Es un momento en el que recomiendo centrarse en la música más que en los personajes. Cuando ven que hay “feeling” mutuo, ya es cuestión de hablar, abiertamente de muchos papagenos y papagenas mientras que los instrumentos de viento-madera potencian el efecto de la felicidad que se percibe en el escenario, el que genera la ilusión de un nuevo Papageno/Papagena. Destacar el final del dueto, cuando ambos alternan esa dicha de muchos niños que sean el orgullo de sus padres, donde cada uno de los personajes lo canta mientras el otro mantiene la nota, dejando quilates de maestría.

Aria: Pa-pa-pa-pa-pa-pa-Papagena

PAPAGENO
Pa-pa-pa-pa-pa-pa-Papagena!

PAPAGENA
Pa-pa-pa-pa-pa-pa-Papageno!

PAPAGENO
Bist du mir nun ganz gegeben?

PAPAGENA
Nun, bin ich dir ganz gegeben!

PAPAGENO
Nun, so sei mein liebes Weibchen!

PAPAGENA
Nun, so sei mein Herzenstäubchen!

BEIDE
Welche Freude wird das sein,
Wenn die Götter uns bedenken,
Unsrer Liebe Kinder schenken,
So liebe, kleine Kinderlein!

PAPAGENO
Erst einen kleinen Papageno!

PAPAGENA
Dann eine kleine Papagena!

PAPAGENO
Dann wieder einen Papageno!

PAPAGENA
Dann wieder eine Papagena!

PAPAGENO, PAPAGENA
Papageno! Papagena!
Es ist das höchste der Gefühle,
Wenn viele, viele
Pa-pa-Papageno,
Pa-pa-Papagena,
Der Eltern Segen werden sein.

Voces magistrales: Teresa Berganza

Mirando en los artículos dedicados a los cantantes de ópera que han hecho historia en este mundo de la lírica, veo que hay una mezzosoprano a la que aún no he dedicado la merecida entrada. Ella es, sin duda, Teresa Berganza. Además, su proyección internacional llegó con apariciones para la historia como su Zerlina en el film de John Losey “Don Giovanni” y como Rosina en “El barbero de Sevilla”, junto a Hermann Prey y Luigi Alva.Además de buena cantante, tiene prestancia en los escenarios donde, a mi parecer, surge con fuerza su carácter, su forma de ser.

Nacida en 1935, se metió de lleno en la música desde joven. Primero con estudios de piano, música de cámara, composición;segundo, ya con el canto. Todo en el Conservatorio de Madrid. El año 1957 fue el de su debut como Trujamán en “El retablo de Maese Pedro”, si bien ya había actuado en recital de Schumann. Con todo, el debut que dio el pistoletazo a una carrera meteórica fue con la Dorabella de “Così fan tutte”(W.A. Mozart) en Aix-en-Provenze. La década de los sesenta está trufada de debuts en los grandes teatros de ópera internacionales, cantar con los más grandes y dejar una buena discografía.

Su repertorio abarca parte de Mozart(especialmente, Cherubino o Zerlina), Rossini(el papel de Rosina es fundamental o el de Cenicienta).Estaríamos hablando más de especialización en unos pocos personajes que un amplio bagaje rossiniano. El barroco está presente también(Cesti, Purcell, Händel), clásicos como Cherubini. Otro selecto grupo del repertorio de Berganza es el francés con Carmen como papel estelar, pero sin olvidar a Massenet o Ambroise Thomas o Ravel.

Una de las labores más importantes ha sido dar su voz y su presencia en beneficio de la zarzuela. Ha ayudado, con su presencia internacional, a mantener vivo el llamado género chico. Contando, además, con otras grandes estrellas como Plácido Domingo, Montserrat Caballé, Alfredo Kraus en esa proyección fundamental.Su discografía, en este aspecto, ha sido abundante y la zarzuela lo ha agradecido. Por ello, fue reconocida junto a otros cantantes con el Príncipe de Asturias del Arte en 1991.Además fue elegida para entrar dentro de la Real Academia de las Bellas Artes San Fernando en 1994.

Como hacemos siempre, recomendamos que paseen por su web http://www.teresaberganza.com/. Si la recomendación es habitual, en esta ocasión le rogamos que se pasen por su sección de zarzuela y discografía, que es agradable y con gran cantidad de recursos que serán de su agrado. A su vez, le dejamos con el vídeo de una masterclass realizada hace unos años y que permiten ver a la mezzosoprano en el tema de la formación.

Momentos memorables: Calmatevi, idol mio…Non mi dir

En Don Giovanni(W.A. Mozart) hay dos mujeres que sufren demasiado: Una es Zerlina y la otra es Donna Anna. La primera, seducida por Don Giovanni(Là ci darem la mano), luego es forzada en la fiesta que acaba con el final del primer acto- y que tiene como cumbre la falsa acusación del malvado a su criado Leporello-; la segunda es, igualmente, forzada al inicio de la ópera y ve como su padre, el Comendador, es asesinado en duelo por Don Giovanni.En ambos casos, la humillada en su día, Donna Elvira, les abre los ojos. En ambos casos, a la vez, vemos la actitud de Masetto, ruda pero que perdona, y la de don Ottavio. Este personaje llama la atención por su amplia vocación de decir mucho y no hacer nada: promete vengar la muerte del Comendador ante Donna Anna(ojo, a exigencia de ella), sólo hace un atisbo cuando el malvado burlador acusa a su criado por la violación a Zerlina y a lo sumo “voy a denunciar ésto a quien corresponda”(dentro del recitativo correspondiente a su aria “Il mio tesoro intanto”. En esta aria, sin vengarse todavía de Don Giovanni, acaba reprochando a una doliente Donna Anna por no acceder a sus deseos de matrimonio. Normal, que ella acabe, entre molesta y dolida, iniciando este célebre “crudel”.

Esta escena comienza con el diálogo entre don Ottavio y donna Anna con el clavicémbalo como único y habitual referente en esta ópera. La aria de ella nos muestra una más afligida que, prácticamente se desarrolla en buena parte con los instrumentos de cuerda(dos grupos de violines, violas y contrabajos) como protagonistas que acompañan el triste sentir de la soprano. Sin embargo, la clave de la grandeza llega con esas dos frases finales(Forse un giorno il cielo ancora sentirà pietà di me) en las que la artista debe dejar su impronta, donde las notas se multiplican vertiginosamente mientras la palabra sigue ahí(melisma), donde la técnica vocal es más primordial que nunca.

Escena: Calmatevi, idol mio…Crudele, non mi dir!

DON OTTAVIO
Calmatevi, idol mio!
Di quel ribaldo vedrem puniti
in breve i gravi eccessi,
vendicati sarem

DONNA ANNA
Ma il padre, o Dio!

DON OTTAVIO
Convien chinare il ciglio
al volere del ciel.
Respira, o cara!
Di tua perdita amara
fia doman, se vuoi,
dolce compenso questo cor,
questa mano,
che il mio tenero amor…

DONNA ANNA
O dei, che dite
in sì tristi momenti?

DON OTTAVIO
E che?
Vorresti con indugi novelli
accrescer le mie pene?
Ah! Crudele!

DONNA ANNA
Crudele?
Ah no, giammai mio ben!
Troppo mi spiace
allontanarti un ben che lungamente
la nostr’alma desia…
Ma il mondo, o Dio!
Non sedur la costanza
del sensibil mio core;
abbastanza per te mi parla amore
Non mi dir, bell’idol mio,
Che son io crudel con te.
Tu ben sai quant’io t’amai,
Tu conosci la mia fe’.
Calma, calma il tuo tormento,
Se di duol non vuoi ch’io mora.
Forse un giorno il cielo ancora
Sentirà pietà di me.

Momentos memorables:Hai già vinta la causa!

Es “Las bodas de Fígaro” una obra de arte compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart. Aunque en el trono se encuentre todo un “Don Giovanni”, el hecho de lograr una composición limpia- también podría ser considerada como demasiado “doméstica”- a partir de un libro, el de Pierre Caron de Beaumarchais, que fue censurado en la Viena imperial como prerrevolucionario. No hay que olvidar que estamos en 1787, cuando se compone la ópera, y sólo faltan dos años para la Revolución francesa, que se llevó por delante, entre los nobles, a la Reina María Antonieta, hermana de José II, el emperador que aceptó la ópera en Viena. La magia de Mozart consistió en hacer pasar esta obra como una historia de líos, embrollos de corte y reduciendo la carga “política” casi al extremo. Sólo el “derecho de pernada” que el conde invoca a Susanna es de lo poco conflictivo. Quizás consciente y, aún así, viendo las trabas que tuvo la obra, la solución más sensata era convertirlo en una obra cómica, con gente que entra y sale de un armario, con un chaval seductor pero que le gusta vestir de mujer, engaños y una marcha nupcial encantadora. En este caso, el conde de Almaviva ve que hay una estratagema para humillarlo y busca el modo de separar a Fígaro y a Susanna con el objetivo de una boda con Marcellina que, al final, se le vuelve en contra al Conde. Al final, el amor y el perdón tienen espacio en una ópera ligera y entretenida, alejada de los peligros que avecinaban a los nobles.

Como era habitual en Mozart, especialmente en las óperas con Da Ponte, algunas arias contaban con una estructura basada en recitativo(desde el inicio hasta il colpo è fatto) donde se da un paso adelante con respecto al uso del clavicémbalo pero sin llegar a ser el momento en sí de la propia aria. En esta parte, se alterna la voz del cantante con la aparición de los instrumentos musicales que aportan ese punto a la frase del conde de Almaviva, desde la preocupación por la trampa en la que ha caído, la sorpresa por los acontecimientos último y la rabia de una venganza que no tardará en llegar(después de esta aria llega la escena en la que se pretende casar a Fígaro con Marcellina para dejarle libre a Susanna y que acaba mal para el noble). La aria Vedrò mentre io sospiro, en sí, sigue la estela que nos ha dejado el estado de ánimo en el recitativo. Es una aria de “enfado” y se nota en la intensidad, en golpes de enojo(ah, no lasciarti in pace y el final “già la speranza sola delle vendette mie…) y en cierta esperanza de castigar la osadía de Fígaro.

Para la anécdota, indicar que la parte final de la aria salió en “Perseguido”, la película protagonizada por Arnold Schwarzenegger en 1987. Aunque fue un tanto histriónica la escena, llamaría la atención, en su día, de la gente que vio la película.

Aria:Hai già vinta la causa/Vedrò mentre io sospiro

Hai già vinta la causa! Cosa sento!
In qual laccio io cadea?
Perfidi! Io voglio…
Di tal modo punirvi… A piacer mio
la sentenza sarà… Ma s’ei pagasse
la vecchia pretendente?
Pagarla! In qual maniera!
E poi v’è Antonio,
Che a un incognito Figaro ricusa
di dare una nipote in matrimonio.
Coltivando l’orgoglio
di questo mentecatto…
Tutto giova a un raggiro…
il colpo è fatto.
Vedrò mentre io sospiro,
Felice un servo mio!
E un ben ch’invan desio,
ei posseder dovrà?
Vedrò per man d’amore
Unita a un vile oggetto
Chi in me destò un affetto
Che per me poi non ha?
Ah no, lasciarti in pace,
Non vo’ questo contento,
tu non nascesti, audace,
per dare a me tormento,
e forse ancor per ridere
di mia infelicità.
Già la speranza sola
Delle vendette mie
Quest’anima consola,
e giubilar mi fa.