Momentos memorables: Obertura de Don Giovanni

Cuentan varias historias, relatos que Giuseppe Verdi, en sus años de estudio en Milán, estudió por recomendación de Vincenzo Lavigna la ópera “Don Giovanni”. Verdi, que había sido rechazado por el Conservatorio de Milán-que, para más inri, llevaría su nombre posteriormente- fue pupilo del mencionado Lavigna que, en esa época,era maestro concertador en el Teatro alla Scala y profesor de solfeo en el Conservatorio de Milán.

“Don Giovanni” es, quizás, una de las grandes óperas que se hayan compuesto. Tiene un cierto halo de madurez musical del propio Wolfgang Amadeus Mozart que casi se puede decir, no logra extender a “Così fan tutte”( más cercana a “Las bodas de Fígaro”) y a “Die Zauberflöte”. Es, en definitiva, la cúspide de la obra operística mozartiana. Aquí ya hemos tratado algunos instantes conocidos como la aria del catálogo, la más conocida de Don Ottavio, “Il mio tesoro intanto” o de Donna Anna, “Non mi dir”.

Sobre la obertura, igualmente, han surgido infinidad de leyendas, historias varias sobre el momento en que fue compuesta, resumiendo que fue realizada la noche antes del estreno en Praga. Sí que se sabe que fue lo último que se compuso de la ópera y, con la mente puesta en la ópera, concibió la obertura con la esencia propia de la obra.Se percibe lo sombrio de los instrumentos de viento metal y madera con el uso mayoritario(sobre todo al principio) de notas redondas y blancas(es decir, de forma fácil de entender, con sonidos que se extienden, creando esa atmósfera que acompaña y que, en sus primeras notas, recuerda a la irrupción de la estatua del comendador al final de la ópera. La grandeza de la obertura hace difícil analizarla, desmenuzarla. Lo más recomendable sería, en esta ocasión, es coger unos auriculares y escuchar los matices que Mozart va ligando entre los instrumentos de cuerda(sobre todo un grupo de violines) y los del viento, con permiso de los timbales.

Atril de honor: WIlheim Furtwängler

Merecía Wilheim Furtwängler estar en este atril de honor. Uno de los grandes directores de orquesta de la primera parte del siglo XX, además fue compositor de fama. Sin embargo, hay una partede su pasado que es un tema que no se termina de aclarar, aunque se decanta más a favor del director alemán: su relación con el partido nazi.Quizás no merecía ser recordado por esa faceta y más por su música.

Nacido en 1886 en Berlín, parte de su interés por la música bien puede venir por el entorno familiar en el que vivía. Estudió música y con gran admiración hacia Beethoven.Aunque su primer caminoapuntaba a la composición musical, la dirección orquestal acabó siendo su profesión. Debutó con la Orquesta Kaim( que en 1928 acabó asumiendo el nombre de Orquesta Filarmónica de Munich pero que, en ese momento, llevaba el apellido de su fundador) y la Novena sinfonía de Bruckner. Entre 1915-1920 fue Hofkapellmeister en la Opera de Mannheim y su academia de música, sucediendo a Bodanzky. Entre 1922 y 1928 en la Orquesta Gewandhaus de Leipzig. En esta época se van concretando algunos destinos. Así, la muerte de Nikish le abre las puertas de la mencionada orquesta de Leipzig y, sobre todo, la filarmónica de Berlín entre 1922 y 1945 y a la que volvería entre 1952 y 1954, año de su muerte. Sin olvidar la Staatskapelle de Berlín en la que está entre 1920-1922 y en 1933 de la Ópera(Staatsoper Unter den Tilen).

Aparte de direcciones musicales, Wilheim Furtwängler dirigió en Londres entre otras cosas, el Anillo de los Nibelungos wagneriano en 1938. Beethoven no fue su único ídolo, Wagner también podría ser catalogado así. El director berlinés dirigió el festival de Bayreuth entre 1927 y 1944. Además, destaca su grabación del Anillo de los Nibelungos para la RAI o el Tristán e Isolda para EMI. De haber nacido enla segunda parte del siglo XX la discografía sería, posiblemente, considerable. Como la primera vez que pude escuchar una dirección de Furtwängler fue con la ópera “Die Walküre”(Las valquirias), considero idóneo este archivo de su preludio.

El tema del apoyo nazi, parece que todo va a apuntar a algo que está ahí(en el vídeo observamos su dirección en una celebración personal de Hitler) pero que, en realidad, sería más forzado que otra cosa(pudo dirigir la New York Philarmonic Orchestra en 1935 pero unas conversaciones le hicieron que se quedara en Alemania. Es decir, es cierto que se quedó en Alemania pero su trayectoria, los hechos que le acompañaron a lo largo de esa década maldita entre 1935 y 1945 acabaron por quitar la mancha que le perseguía. Es más, su proceso de “desnazificación” fue breve. Contó con el apoyo de Yehudi Menuhin, entre otros, para demostrar que su único motivo de actuar era la música y que, en muchas ocasiones, había arriesgado su propia seguridad en beneficio de sus colegas.

Terminamos como solemos hacerlo. Mostramos un vídeo en el que podemos verlo dirigir en un ensayo. Aunque no conozcamos el idioma, la cara y los gestos ayudan un poco a entender su forma de dirigir que, algunos, llegan a precisar de movimientos torpes pero que resaltan su dirección con todo. También con una web oficial, obviamente, realizada por admiradores del director alemán. Se puede leer en inglés y francés.