Momentos memorables: carta de Tatiana

Posiblemente, estamos ante una de esas arias que, escuchándola, uno desea volver a hacerlo una y otra vez. La juventud del personaje de Tatiana, su ilusión, su pasión por Eugene Oneguin nos permiten disfrutar de un aria, en el que Piotr I. Chaikovsky capta esos matices de un enamoramiento que, siendo el primero de ella, es especial. Ella abre su corazón a un personaje que, con su altivez y cierto desdén, le responde luego que el amor que siente por ella es fraternal, dejándola desilusionada. El destino y el tiempo, posteriormente, le permitió a ella devolver la jugada, cuando él le pidió estar juntos cuando ella ya estaba casada y con un alto nivel de vida. La ópera estaba basada en la obra de Alexander Pushkin.

Sobre la aria podemos hablar de varios aspectos pero, sobre todo, una sugerencia: escúchela intentando, por un momento, abstraerse de lo cantado e intentando percibir los matices musicales. Comprobar como Chaikovsky logra que la voz de la soprano casi se deslice sobre varias melodías que van apareciendo a lo largo del aria. Desde esa melodía que nos trae el recuerdo de cuando se escribía con el ánimo exaltado, como su pensamiento vuela hacia Oneguin, sus miedos por la personalidad de él. Una primera parte de recitativo en el que los instrumentos de cuerda, unido al arpa nos muestran una Tatiana dubitativa sobre la carta, ni siquiera sabe como comenzarla. El uso de los instrumentos de viento(especialmente, el oboe y las trombas) tienen un papel fundamental a la hora en un momento determinado(no sin olvidar a los intrumentos de cuerda para revelar el estado anímico de Tatiana, tan capaz de lamentarse del encuentro de Oneguin y luego encomendarse sólo a él). Todo un repertorio de sentimientos donde el oboe juega un papel importante, tanto en su acompañamiento por la flauta y clarinete(momentos más emotivos para ella) como por la tromba, donde sus temores, miedos aparecen un poco en su ánimo.

Aria: Puskai pogibnu ya, no pryezhde(Carta de Tatiana)

Debido a la longitud del texto, procedemos a poneros un enlace al texto a través de internet

Momentos memorables: Arioso de Yolanda

En esta sección desembarca Piotr Illich Chaikovsky y “Iolanta”, una ópera de un solo acto que fue estrenada en 1892, compartiendo cartel con el ballet “El cascanueces”. Estaba basada en una obra de Hertz, “La hija del Rey René”. Iolanta(o si lo desean,Yolanda) es una joven ciega, hija de un rey en la Provenza del siglo XV. Como padre, decide que su hija no debe saber que puede ver y hace que todo el entorno de su hija no diga ni una palabra sobre la belleza visual de las cosas. Tal sobreprotección empieza a romperse bien pronto por un desliz de la niñera de Yolanda, Marta, que se lamenta del llanto de la joven, que se halla sorprendida por el hecho de que otra persona sepa que llora…sin tocarle los ojos. Cuando sus amigas se van a recoger rosas para ella, se queda sola con Marta y le desvelas sus preocupaciones. Es el comienzo de una ópera que seguiremos de cerca en próximos “Momentos memorables”. Anticipando, eso sí, para los que no hayan escuchado esta ópera que termina de forma feliz para Yolanda, curada de su ceguera, y con el amor de Vaudemont.

El arioso de Yolanda juega con los instrumentos de cuerda que van a incidir más su protagonismo en la parte final, cuando la joven se sigue preguntando ese “¿por qué?” que le atosiga. Ella empieza a sentir que algo no tiene sentido, que se está perdiendo cosas y las cuerdas lo enfatizan con cada “otchego” del final. Pero ello no debe hacernos olvidar que, hasta ese momento, había una especie de “conversación” entre la soprano y los instrumentos de viento(especialmente, la flauta, oboe, cuerno inglés y en menor grado el fagot y el clarinete) que hacían bella esa parte inicial del fragmento.

Y, sin duda, la mejor Yolanda que podrán disfrutar es Anna Netrebko.

Aria: Otchego `eto prezhde ne znala
(a través de Kareol, lo publicamos de forma transcrita para mejor seguimiento)
Otchego `eto prezhde ne znala
Ni toski ja ni gorja, ni slez,
I vse dni protekali, byvalo,
Sredi zvukov nebesnykh i roz?
Chut’ uslyshu ja ptic shchebetan’e,
Chut’ teplo ozhivit dalnij bor,
I vezde zazvuchit likovan’e,-
Ja vstupala v torzhestvennyj hor!
A teper’ vse mne dnem navevaet
Neponjatnyj, glubokij uprek,
I ukory sud’be posylaet
Ptichek hor i shumiashchij potok.
Otchego `eto nochi molchan’e
I prokhlada mne stali milej?
Otchego ja kak budto rydan’ja
Slyshu tam, gde poet solovej,
Otchego?
Otchego skazhi?
Otchego? Otchego?
Skazhi, Marta?