Sobre la ópera: El día del padre…verdiano

Aprovechando que es día de San José y día del padre, pensaba que hoy era idóneo para tratar un tema que es conocido entre los aficionados a la ópera pero que quería comentarlo: la relación de Giuseppe Verdi y la figura del padre “verdiano”. Cerca de una veintena de óperas compuestas por el genial compositor de Le Roncole, una villita cerca de Busetto, cuentan con este rol. Algunos de esos personajes, además, son tan relevantes que su nombre está en la ópera: Rigoletto, Nabucco, Simón Boccanegra, Oberto, conte di San Bonifazio. Otros son importantes para el devenir de la ópera. En algunos casos, la presencia “paterna” dura un acto pero su presencia motivacional está latente(por ejemplo, la muerte del marqués de Calatrava, padre de Leonora y el vengador Carlos, a la caza de Don Álvaro), en otros no es tan relevante(por ejemplo, la relación de Ford y Nanetta). Incluso, la pérdida de la familia hace que el público acoja la bella aria de MacDuff “Ah, la paterna mano”.

El destino fue cruel con Verdi. Lo normal era que su vida hubiera estado ligada a su querida Margherita Barezzi, hija de su mentor, y sus hijos Virginia Maria e Icilio Romano. Pero, entre 1838 y 1840, fallecieron sucesivamente su hija, su hijo y, por último, su mujer. Giuseppina Streponi fue su compañera y mujer el resto de su vida hasta el fallecimiento de ella en 1897. Aunque pudo disfrutar , a partir de 1867, de la compañía de Maria, sobrina segunda, a la que convirtió en heredera universal, nunca volvió a ser padre. De ahí queda la duda sobre la figura del padre “verdiano” en la ópera y si, en esta figura, quiso Verdi aportar toda la energía pero también la compasión, la protección que no pudo aportar a sus hijos.

De cerca de veinte “padres”, voy a hacer una reflexión sobre algunos de ellos, los más célebres:

Rigoletto. La burla a Monterone le hace ganarse una “maledizione” a pulso. En la figura del bufón vemos el miedo a que su hija Gilda sea dañada en su virtud por el duque u otro cualquiera.El dolor que tiene cuando sabe que fue raptada le hace ir de la rabia a reclamar piedad. Esa rabia es especialmente clara en “Vendetta,tremenda vendetta”, la cabaletta del final del acto II. Su plan de venganza, para su desgracia, se lleva por delante la vida de su hija que, sorprendentemente, salva al Duque para ponerse ella en su lugar…de forma consciente.

Giorgio Germont En “La traviata” tenemos la figura de un hombre de familia, muy firme en sus convicciones pero que, al final, es consciente del error de exigir un sacrificio tal a Violetta de obligarle a dejar a Alfredo. Arrepentido de su error, con todo, su momento de redención con el público llega cuando llama la atención a su hijo tras el fiero insulto del último a la afligida extraviada y que es el inicio de un concertante sublime. La aria que refleja todo su ser es la célebre “Di Provenza il mar, il suol”

Amonasro Con todo, el personaje de padre más “antipático” para el público. En él se percibe el interés suyo para convencer a su hija Aida para que consiga que su amado Radamés, el elegido para dirigir las tropas egipcias, desvele secretos de guerra y así poder caer sobre su ejército.

Simón Boccanegra Sin duda, bello encuentro con su hija, fruto de sus amores con María. La escena en el que se conocen es emotiva y fiel reflejo de ambos personajes que van creciendo con el paso de la ópera. La muerte de Simón al final de la ópera trae el recuerdo de una figura buena, donde los conspiradores Paolo y Pietro deben ver cómo el resto acaba lamentando la muerte por envenenamiento del dux genovés.

Monforte. En todo el acto I, sólo él sabe que Arrigo, quien lucha contra los franceses en Sicilia, es hijo suyo. La lectura de una carta de la madre pidiendo que él vele por el hijo, hace que el público ya sepa que, tras el tema político, hay una relación paterno-filial clave en el desarrollo de la trama. Desde el hecho en que le dice a Arrigo que él es su padre, una serie de hechos(como frenar el ataque en la fiesta, desvelar a su amada Elena el cruel destino, etc) hacen que la trama olvide el tema del levantamiento contra los franceses en Sicilia.

Nabucco. Dos hijas, una que se hace judía(Fenena) y otra que lo detiene(Abigaille). Todo lo que el rey asirio necesitaba para levantar su cara y dirigirse al “Dio di Giuda” que, recientemente, pusimos en “Momentos memorables”.

Otros nombres destacados son Miller(padre de Luisa, y que ve como Rodolfo la mata por celos y el posterior arrepentimiento), Felipe II(padre del infante Carlos y que golpea su destino, primero, casándose con Isabel de Valois y, después, condenándolo a muerte ), Arvino(el padre y cruzado lombardo que tiene que escuchar quejas de su hija, enamorada de Oronte). Grandes personajes que han aportado un papel a la ópera: compasión, seguridad, amor…pero también odio, crispación…aunque eso, hoy, no toca.

De “Va’, pensiero” a “Gloria all’Egitto”.

Entre estos dos coros, con más o menos fuerza, hay una relación de Giuseppe Verdi con el deseo transalpino de unificar los diferentes estados en los que estaba dividida Italia. Aunque el “Risorgimento”, movimiento cultural unificador en el que destacaba Mazzini llevaba un tiempo funcionando en pos de la unificación, Verdi va a conseguir, a base de unos momentos únicos, lograr popularizar este sueño y darle, sobre todo, una fuerza inaudita gracias a lograr que el pueblo sintiera como cánticos suyos, el lamento de los esclavos hebreos, los prófugos escoceses o los sicilianos en armas contra los franceses. Que su nombre fuera un acrónimo en apoyo del rey Vittorio Emanuel II (Viva Verdi) sólo fue el juego de una cábala que unió a dos hombres en este proyecto de una nueva Italia. Sin duda, el comienzo del sueño italiano, al igual que el de Verdi, comenzó con Nabucco y su célebre coro.

En plena vorágine por el éxito de Nabucco llega la ópera “Ernani”, donde podemos disfrutar de un coro que puedo reconocer que, en su momento, no pudo transmitir tanto como me parece hacerlo ahora. Ese “Si ridesti il leon di Castiglia”, interpretado por los que se quieren rebelar contra el nombramiento de Carlos V(y Primero de España) como Emperador del Sacro Imperio Románico-Germánico tiene también carácter y facil asimilación españoles e italianos versus moro y austríacos.

Los años siguientes a Nabucco son los más duros para el compositor de Le Roncole, contratado por diferentes teatros. El ritmo es frenético, de un teatro para otro. De las óperas que compone, el componente patriótico se refleja en unas pocas. Por ejemplo, la asimilación de los milaneses con los de las cruzadas(“I lombardi alla prima crocciata”), ese aclamado“Avrai tu l’Universo, resti l’Italia a me” del dúo entre Ezio y Attila en la ópera basada en el bárbaro, en el que el general romano le dice que puede dominar todo el mundo pero que le deje Italia a él(aunque, en ese instante esa “Italia”era básicamente, Roma).Pero hay una ópera que no nos deja mucho tema patriótico salvo uno de los coros más intensos, el “Patria oppresa”, donde varios prófugos escoceses huyen de Macbeth y nos dejan un instante digno de mencionar, lleno de dolor por su patria oprimida por el rey escocés…y, en el imaginario italiano, esos príncipes que dirigían los diferentes estados en los que estaba dividida Italia en 1847.

El fin de “los años de galeras”, la composición de las óperas de la trilogía romántica(Rigoletto, La traviata e Il trovatore”, alejan musicalmente a Verdi del proceso unificador pero ello no hace que se olvide tampoco. Aparte de “Un ballo in maschera”, dos óperas nos van a traer el recuerdo de este sueño unificador. Una de ellas es “Simon Boccanegra”, sobre el corsario que luego devino dux de Génova. La otra es I vespri siciliani. En ambas hay instantes de fuerte carga emocional. En la primera, de forma más tímida, nos encontramos con una frase del dux que, como con Attila, genera ese punto “patriótico”e una sola frase: “Adria e Liguria hanno patria comune”(las dos orillas del Mar de Liguria-por Génova- y Adria, por la ciudad del Veneto y el Mar Adriático); en la segunda, la intensidad es mayor-aparte de los problemas generados con el libretista- y que va desde la trama propia(las vísperas sicilianas de 1282), la figura de Giovanni da Procida y la presencia constante de la palabra “patria” en boca de los sicilianos.

El año 1861 tuvo su cara y su cruz, en el tema político, para el compositor. En febrero acudió al parlamento de Turín donde hace un discurso el rey Vittorio Emanuel II, pues el compositor ha salido elegido en las urnas. Unos cuatro meses después, el fallecimiento de Cavour provocó que se desentendiera ya del tema patrio, una vez que ya parecía encauzado. Dedicado a la composición, el período entre 1861 y 1870, aparte de dos óperas como son “La forza del destino” y “Don Carlo, recibe dos mazazos en escasos seis meses de 1867: el fallecimiento de sus dos padres. En enero, fallecía su padre natural(Carlo Verdi) y, seis meses después, su “padre artístico”, Antonio Barezzi, quién prácticamente fue mecenas del compositor en sus primeros años y, en un momento delicado, apoyó a Verdi cuando éste rehizo su vida con Giuseppina Strepponi unos años después de fallecer Margherita Barezzi, hija y esposa del compositor. .En 1870 finalizaba el proceso de unificación con la incorporación del Estado Pontificio, ya reducido a lo que era Lazio, donde estaba ubicada Roma. Un año después, era estrenada en El Cairo la ópera “Aida”. Ese “Gloria all’Egitto”bien podría ser, después de tantos años trabajando por la “causa”, un “Gloria all’Italia”.