Sobre la ópera: La evolución técnica de las grabaciones

Antes de la existencia de cualquier método técnico que permitia popularizar la música, las opciones de la gente se reducían a los conciertos(vamos, lo que sería el “live” de la época) y, en caso extremo y con buen conocimiento de solfeo, comprar las partituras y poder practicar normalmente con el piano.Ese último método era menos factible en determinados sectores que no tenían tales opciones.

A mediados del siglo XIX comenzaron los primeros inventos que pretendían grabar el sonido. Tras el autofonógrafo de Eduard Leon Scott, en cierto sentido rudimentario, llegó el fonógrafo que Thomas Alva Edison innovó a finales del siglo XIX y que tenía dos características importantes: “reproducía sonido”(ya que el invento de Scott grababa pero no reproducía) y se utilizó un material como la cera para grabar con un estilete el efecto de las vibraciones-en principio, fue estaño pero, al año ya funcionaba con el cilindro de la mencionada cera- y luego invertir el proceso si se deseaba escucharlo. Es de este modo cuando consiguió Enrico Caruso inmortalizar su voz. En cierto sentido dejaba la sensación de un sonido distorsionado. Otro inconveniente era la duración del cilindro de cera. Caruso abrió una puerta para llegar la música a todas las gentes. También, el cantante de ópera se veía en otro escenario diferente al del teatro: el estudio de grabación.

La evolución exigía otros métodos, otros materiales para llegar a la gente. A la par, en Alemania surgió el gramófono, que sería el origen del tocadiscos. La forma de grabar, unido a un coste más reducido del modo de copia hizo que este método nos llevara, con el tiempo al disco de vinilo, que acompañó las grabaciones de buena parte de la primera mitad del siglo XX. El formato del disco de vinilo, además vive fases en las que su uso se reducía con otras de “renacimiento”. Otros métodos con menos suerte fueron los magnetófonos y que, también, nos llevaron a otro formato más conocido como el cassette. Bobinas enrolladas y una cinta que pasa por un cabezal magnético y que permitía tanto la grabación como la reproducción. Personalmente, es un formato que me trae el recuerdo de un pasado de mi vida, ya que mi abuelo tenía uno pero, como todo lo que lleva un tipo de cinta de este tipo, acabó por desaparecer por el efecto del simple uso. El cassette, más popular y accesible fue el primer formato por el que comencé a escuchar ópera.

Disco vinilo de Rigoletto, primera ópera que escuché, si bien el formato, en verdad, fue el cassette.Imagen de www.com9.es

A principios de los ochenta llega la siguiente gran revolución con los discos compactos siguiendo un método de grabación digital. En esos años posteriores llega un proceso accesorio consistente en “remasterizar” versiones musicales, grabadas de forma analógica y pasarlas a digital. Así fue como se pudo disponer de las grabaciones de los grandes cantantes de la primera mitad del siglo(Maria Callas, Di Stefano, Tebaldi, De los Ángeles, Björling,etc) y que habían conocido el uso del disco de vinilo.En sí, era el formato del futuro por sus prestaciones durabilidad hasta que se dio el siguiente paso.

Aquí traigo otra versión en CD. Como les comentaba, se ve en una esquina las siglas ADRM que, en sí, nos indicaba que era una remasterización de analógico a digital, fue la época del AAD,ADD en los discos de CD.Foto de Amazon

Mientras que el CD o disco compacto iba generando un volumen considerable de grabaciones pasadas(las citadas remasterizaciones) y presentes(tanto en estudio de grabación como en el escenario de un teatro de ópera) se fue preparando el siguiente paso que sería la creación de archivos sonoros mp3 y que son un paso de nivel musical parejo pero una comodidad considerable(en especial, el tema del almacenamiento y el hecho de ser “portable” a todas partes). La ópera, como otras artes interpretativas, también salió ganando en popularidad con este salto.Irónicamente, se ha generado una corriente involutiva hacia el vinilo y el CD que ha generado, incluso, aparatos que permiten los cuatro modos de escuchar música(cassette,mp3,CD y tocadiscos), un ingenio que habría hecho las maravillas de cualquier compositor de mediados del siglo XIX y anteriores.