Recuerdo perpetuo III

Con un día de retraso, llega este recuerdo a una gran cantante de ópera. Podría decir soprano pero las tres octavas que podía alcanzar  María Callas le permitía coger roles de mezzosoprano como, por ejemplo, Carmen, la ópera de Bizet. Una voz que perteneció a una persona que tuvo en los medios de comunicación una ayuda en su proyección popular pero, también, su más fiero enemigo cuando la voz de María Callas comenzaba a fallar. Se podría invocar que sus relaciones personales acabaron con su carrera profesional que podría haber sido espectacular pero que se apagó a la edad de 42 años, muy pronto en comparación con la longevidad de otros cantantes de ópera. Sí, después estuvo un tiempo enseñando canto, de gira con Giuseppe di Stefano o haciendo la versión cinematográfica de Medea. Doce años desde aquella última representación de Tosca en 1965 hasta su fallecimiento y que fueron turbulento. Su fallecimiento llegó cuando estaba sola. Su muerte recuperó su imagen de cantante, olvidada por los últimos años alejada de lo relacionado con la ópera, mientras otros cantantes seguían su proyección. María Callas llevará consigo ese “what if”, esa duda sobre qué hubiera pasado si hubiera encontrado las personas idóneas en su entorno que le hubieran ayudado a conservar su voz. Quizás haber tenido la suerte que , por ejemplo, Monserrat Caballé o Mirella Freni al encontrar parejas que sabían de los inmensos sacrificios que impone el canto.

Nacida en Nueva York en 1923 pero inició su carrera musical en Atenas en 1938 con el papel de Santuzza(no profesional). Precoz, debutó con 19 años con la opereta Boccaccio en el Teatro Lírico Nacional. Educada por la soprano Elvira de Hidalgo, sus inicios permitieron alcanzar los primeros contratos fuera de Grecia, donde comenzaba a hacerse un nombre pero, también, una imagen que tampoco le ayudó posteriormente. Sus éxitos se extendieron desde mediados de los años 40 hasta finales de la década de los 50. La década de los sesenta fue clave en el triste devenir profesional y, sobre todo, personal. Afortunadamente,  su paso por los estudios de grabación y representaciones grabadas en directo ha permitido preservar una buena discografía.

Esa voz ha quedado, pues, en el recuerdo de los que hemos podido escucharla pasado un tiempo. Así, por ejemplo, he escogido este fragmento de La forza del destino, “Pace,pace mio Dio” pues esta ópera fue la primera en la que escuché a Maria Callas.