Recuerdo perpetuo (I)

Quizás alguno se pregunte el motivo por el cual he puesto esta escena de “Un ballo in maschera”(Viena, 1986) como recuerdo de un gran cantante como Luciano Pavarotti cuando hay cientos, miles de vídeos pululando en la red, recordando al gran tenor de Modena. Sencillo. Fue la primera vez que tuve la ocasión de ver y escuchar la voz  del cantante, aunque fuera a través de la televisión. Había descubierto la belleza de la ópera unos pocos meses antes y esa versión con Claudio Abbado en la dirección fue el bautismo de fuego. Luego vendrían otras versiones que tengo en diversos formatos: La Bohème con Freni, la celebre “La fille du Régiment” con Joan Sutherland, Luisa Miller con Caballé y MIlnes, Turandot, L’elisir d’amore, Don Carlo(aquella con Daniela Dessì y Paolo Coni) o I Lombardi,etc . Sublimes interpretaciones que pude disfrutar. También pude contar con esas galas con Plácido Domingo y José Carreras. Precisamente, la de Caracalla en 1990 fue la que sirvió para gozar de un “Nessun dorma” impresionante.

Hace cinco años falleció Luciano Pavarotti. Su muerte, como la de los grandes cantantes, nos deja un legado de obras, interpretaciones inolvidables que hacen que el recuerdo siga latente aunque ya no esté el tenor entre nosotros. La memoria es la que mantiene viva su imagen en los teatros con esa voz y su presencia. La ópera le estará agradecida como, en su día, lo estuvo con aquellos cantantes que lograron encumbrar al género desde abajo, ayudando a popularizarla, hacerla accesible a la gente. Aunque es cierto que los diferentes formatos han ayudado a que se mantenga perpetuo el recuerdo.

Sobre su biografía, todo está escrito. Nacido en Modena en 1935-al igual que Mirella Freni-, debutó en 1961 sobre las tablas del teatro de Reggio Emilia desplegando el rol de Rodolfo, de La Bohème. Sus éxitos fueron desplegándose, como su intervención en La fille du Régiment que le valió la consolidación entre los grandes. Deja en el recuerdo gran número de grabaciones, representaciones. Intentó que la gente viera en la ópera una buena música que apasiona, cautiva. Le quiso quitar esa imagen, para algunos, elitista de la ópera y demostrar  que cualquier aficionado podía sentir y disfrutar. Ayudó, por tanto, también a sus compañeros en esa labor.