Momentos memorables: Urna fatale del mio destino

Una de las tantas escenas que nos ha dejado “La forza del destino” es esta aria de barítono, representada por el rol de Don Carlos de Vargas cuando está en el campamento de Velletri. Bajo otro nombre-Félix de Bornos- se hace amigo de don Álvaro que está tambien en el ejército. Ambos desconocen que son enemigos mortales y se profesan amistad para siempre porque don Álvaro le había salvado la vida. Herido en batalla, don Álvaro le pide al amigo que, si muere, don Carlos coja una cajita, la abra y queme un documento secreto. A pesar de haberlo jurado y debatirse entre el honor y la curiosidad, don Carlos abre la caja y averigua la verdad: su amigo es, en verdad, el mayor enemigo que tiene sobre la tierra: Don Álvaro, asesino de su padre y seductor de su hermana. Cuando el cirujano le informa de la buena nueva, que el herido está a salvo, reacciona con felicidad…porque así podrá matarlo él.

Musicalmente, parte de un recitativo(Morir! Tremenda cosa) que ya nos va a dejar bien claro el papel de los instrumentos de la orquesta en esta escena. Por un lado, los de cuerda se alinean del bando del honor, del deber de respetar el juramento que le hizo al herido al que, poco antes, había jurado amistad eterna; por otro lado, los de viento(sea metal o madera) nos acercan al ser que quiere vengar todas las desgracias de su familia. En el mismo recitativo que mencionamos, observamos que la sola mención a pensar que él sabe que es don Álvaro el herido va a hacer aparecer a los instrumentos de viento. En la propia aria, más propia a pensar en el honor y al juramento(Urna fatal de mi destino, aléjate me tientas en vano…) vemos esa disposición que se refleja a la perfección con ese “Disperso vada il mal pensiero” donde las cuerdas son el único acompañamiento hasta que el lado “oscuro” se impone cuando decide abrir la caja y ver el documento revelador. Sobre la cabaletta posterior(Egli è salvo, o gioia inmensa) poco que decir: lógicamente, las cuerdas ceden el protagonismo a los instrumentos de viento que nos van a mostrar, en plenitud, al malvado don Carlos de Vargas.Todo ello acompañado, en este vídeo, de la voz de Leo Nucci.

Aria: Urna fatale del mio destino

CARLO
Morir! Tremenda cosa!
Sì intrepido, sì prode,
ei pur morrà! Uom singolar costui!
Tremò di Calatrava
al nome. A lui palese n’è
forse il disonor? Cielo!
Qual lampo!
S’ei fosse il seduttore?
Desso in mia mano, e vive!
Se m’ingannassi?
Questa chiave il dica.

(Apre convulso la valigia,
e ne trae un plico suggellato)

Ecco i fogli!

(Fa per aprire il plico)

Che tento!

(S’arresta)

E la fè che giurai? E questa vita
che debbo al suo valor?
Anch’io lo salvo!
S’ei fosse quell’Indo maledetto
che macchiò il sangue mio?…

(Risoluto)

Il suggello sì franga.

(Sta per eseguire)

Niun qui mi vede.

(S’arresta)

No? Ben mi vegg’io!

(Getta il plico e se allontana
con raccapriccio)

Urna fatale del mio destino,
Va, t’allontana, mi tenti in vano;
L’onor a tergere qui venni, e insano
D’un onta nuova nol macchierò.
Un giuro è sacro
per l’uom d’onore;
Que’ fogli serbino il lor mistero.
Disperso vada il mal pensiero
Che all’atto indegno mi concitò.
E s’altra prova rinvenir potessi?
Vediam.

(Torna a frugare nella valigia
e vi trova astuccio)

Qui v’ha un ritratto…

(Lo esamina)

Suggel non v’è… nulla ei ne disse…
Nulla promisi… s’apra dunque…

(Con esaltazione)

Ciel! Leonora!
Don Alvaro è il ferito!
Ora egli viva… e di mia man poi muoia!

(Il chirurgo si presenta sulla
porta della stanza)

CHIRURGO
Lieta novella, è salvo!

(Rientra)

CARLO
È salvo! Oh gioia!
Egli è salvo! Gioia immensa
Che m’inondi il cor ti sento!
Potrò alfine il tradimento
Sull’infame vendicar.
Leonora, ove t’ascondi?
Di’: seguisti tra le squadre
Chi del sangue di tuo padre
Ti fe’ il volto rosseggiar?
Ah, felice appien sarei
Se potessi il brando mio
Ambedue d’averno al dio
D’un sol colpo consacrar


  • Fernando Jesús Cansado Martíne

    (vía Kareol)…

    CARLOS
    ¡Morir! ¡Tremenda cosa!
    ¡Tan intrépido y valiente!
    ¡Y no obstante morirá! ¡Singular personaje!
    ¡El nombre de Calatrava
    le hizo estremecer!
    ¡Parecía una deshonra!… ¡Cielos!
    ¡Qué corazonada!
    ¿Y si fuese él el seductor?
    ¡Está en mis manos! ¡Y si vive!
    ¿Y si me estoy engañando?
    La llave me lo dirá…

    (abre compulsivo la caja
    y busca un pliego lacrado)

    ¡Aquí está el pliego!

    (Va a abrirlo)

    ¡Qué tentación!

    (se detiene)

    ¿Y mi juramento?
    ¿Y esta vida que debo a su valor?
    ¡Pero yo también le he salvado!
    ¿Y si fuese el maldito indio
    que manchó mi sangre?…

    (Decidido)

    Romperé el sello.

    (Va a hacerlo)

    Nadie me ve…

    (se detiene)

    ¿No? ¡Yo sí me veo!

    (arroja el pliego y se aleja
    horrorizado)

    Urna fatal de mi destino,
    vete, aléjate, me tientas en vano,
    vine a limpiar mi honor y, loco,
    voy a mancharlo de vergüenza.
    Un juramento es sagrado
    para un hombre de honor;
    que el pliego conserve su misterio.
    Alejaré este pensamiento que con un acto
    indigno ha puesto en peligro mi honor.
    ¿Y si pudiese hallar otra prueba?
    Veamos

    (Vuelve a buscar en la caja
    y encuentra un medallón)

    Un retrato…

    (Lo examina)

    Y no va sellado…Nada dijo sobre esto…
    Nada prometí. Abrámoslo, pues…

    (Exaltado)

    ¡Cielos! ¡Leonor!
    ¡Don Álvaro es el herido!
    Ojalá viva ahora… y luego a mis manos muera.

    (El médico aparece en la
    puerta de la habitación)

    MÉDICO
    ¡Buenas noticias, se salvará!

    (Vuelve a entrar en la habitación)

    CARLOS
    ¡Se salvará! ¡Qué alegría!
    ¡Ah, se salvará!
    ¡La alegría inunda mi corazón!
    Podré por fin del infame
    la traición vengar.
    Leonor, ¿dónde te escondes?
    Di, ¿seguiste tras las huellas
    de aquel que con la sangre de tu padre
    bañó de rojo tu rostro?
    ¡Ah, mi felicidad sería completa
    si pudiese con mi propia espada
    de un solo golpe enviar a los dos
    al infierno para siempre!