Momentos memorables: Un bel dì di maggio

Andrea Chénier, de Umberto Giordano, es una ópera que nos aporta bastante juego en esta sección. Antes de este “Come un bel dì di maggio” que está en el acto IV, se ha tratado ese inmenso Un dì all’azzurro spazio(aunque también se suele referir como Improvisación) y “La mamma morta” y aún quedaría un par o tres de grandes momentos. Mas eso no nos debe hacer pensar que esta ópera es de instantes sin más. No. Desde el primer acorde hasta el instante en que el telón se baja asistimos a una ópera donde notas a unos personajes de la revolución francesa como si fueran propios. Cierto que el verismo aportaba esa dosis de realismo a las óperas pero también, en cierto sentido, “más música” allá de las típicas arias, dúos, coros. ¿Cómo no recordar esa música revolucionaria que acompaña a Gérard?¿esa Bersi que intenta escapar de los ojos de L’Incredibile?¿o ese instante del juicio? No voy a negarles la evidencia: Andrea Chénier es de esas óperas que, cuando se escuchan por primera vez, atrapan.

Esta aria interpretada por Plácido Domingo nos llega, como comento en el primer párrafo, en el cuarto acto. El poeta Chénier ya ha sido condenado a muerte por el malvado fiscal Fouquier-Tinville. A la espera de morir, está con Roucher en la celda escribiendo un último poema. En ese poema se percibe el sufrimiento de una persona a punto de morir mas la música nos acerca brillantemente al alma de un poeta. El aria nos lleva por la senda de una persona que sabe que está en sus últimas horas(Sia! Strophe, ultima dea), eso sí, desconocedor del sacrificio que hará su amada Maddalena de Coigny que decide morir junto a él. Ese dúo final, curiosamente, deja un buen sabor de boca a pesar del triste final de ambos pero Giordano nos quiso proporcionar una cierta dosis de optimismo vital de quién cree en el amor más allá de la vida.(“La nostre morte è il trionfo dell’amor”…Nuestra muerte es un triunfo del amor).

Aria: Un bel dì di maggio

Come un bel dì di maggio
che con bacio di vento
e carezza di raggio
si spegne in firmamento,
col bacio io d’una rima,
carezza di poesia,
salgo l’estrema cima
dell’esistenza mia.
La sfera che cammina
per ogni umana sorte
ecco già mi avvicina
all’ora della morte,
e forse pria che l’ultima
mia strofe sia finita,
m’annuncerà il carnefice
la fine della vita.
Sia! Strofe, ultima Dea!
ancor dona al tuo poeta
la sfolgorante idea,
la fiamma consueta;
io, a te, mentre
tu vivida a me sgorghi dal cuore,
darò per rima il gelido
spiro d’un uom che muore.