Momentos memorables: Tu che la vanità

En el quinto acto de Don Carlo, ópera de Giuseppe Verdi, nos encontramos con una aria que deja fácil el sello en el ánimo del aficionado a la ópera con sólo escucharlo una vez. “Tu che la vanità”, aria interpretada por una soprano lírica-spinto que lleva adelante el rol de la joven reina Isabel de Valois, consorte del rey Felipe II, cuando su destino era casarse con el príncipe don Carlos. Una relación de amor que se truncó por cuestiones de bodas de conveniencia “imperial”(lograr la paz con Francia) y que se percibe desde el primer acto hasta el final de la ópera y que, en algún momento de esta aria volveremos a sentir. Situada la escena en el Monasterio de SanYuste, Isabel de Valois espera la llegada de Don Carlos con el objetivo de hablar juntos y que el amor imposible se extinga.

La aria nos lleva por un auténtico torbellino de sentimientos por parte del personaje que pide piedad por su dolor junto a la tumba del emperador Carlos I de España…y padre del rey Felipe II, su marido. En sí, nos encontramos con un imponente “Tu che la vanita” tras un breve preludio que nos conduce a la personalidad magna del emperador(que luego se sentirá al final de la ópera bajo la figura del fraile(Il duolo de la terra), donde mandan los instrumentos de viento. Se volverá a repetir al final de la aria pues es la invocación hacia el emperador. El dolor del amor perdido nos lo traslada los instrumentos de cuerda. Un punto aparte es ese recuerdo de Francia, de Fontainebleau(Francia, nobil suol) que nos traslada al dúo de Isabel y el príncipe don Carlos, en el primer acto(aunque hay versiones discográficas que lo omiten), cuando ninguna sombra atenazaba su amor mientras la flauta y clarinete recuerdan el citado momento.

Aria: Tu, che la vanità

ELISABETTA
Tu che la vanità conoscesti del mondo
E godi nell’avel il riposo profondo,
Se ancor si piange in cielo,
piangi sul mio dolor,
E porta il pianto mio al trono del Signor.
Si! Carlo qui verrà!
che parta e scordi ormai,
A Posa di vegliar sui giorni suoi giurai,
Ei segua il suo destin,
la gloria il traccerà,
Per me, la mia giornata a sera è giunta già!
Francia, nobil suol,
si caro ai miei verd’anni!
Fontainebleau!
ver voi schiude il pensier i vanni.
Eterno giuro d’amor
là Dio da me ascoltò,
E quest’eternità un giorno sol durò.
Tra voi, vaghi giardin
di questa terra ibéra,
Se Carlo ancor dovrà fermare i passi a sera
Che le zolle, i ruscelli, i fonti,
i boschi, i fior,
Con le lor armonie cantino il nostro amor.
Addio, bei sogni d’or, illusion perduta!
Il nodo si spezzò, la luce è fatta muta!
Addio, verd’anni ancor!
cedendo al duol crudel,
Il core ha un sol desir: la pace dell’avel!
Tu che le vanità conoscesti del mondo
E godi nell’avel d’un riposo profondo,
Se ancor si piange in cielo,
piangi sul mio dolor,
E il tuo col pianto mio reca a’ piè del
Signor.