Momentos memorables: Ritorna vincitor!

Es “Ritorna vincitor!” una aria que muestra un sufrido estado de ánimo excelentemente reflejado. En Aida se junta, en esta melodía, la esclava etíope que sufre por el devenir de su pueblo pero, también, el amor por el guerrero que conducirá el ejercito egipcio. Todo el escenario se ha quedado vacío tras la decisión “divina” de elección de Radamès, su amado, como jefe. Su Ritorna vincitor! le duele en su interior porque ella es esclava nativa del pueblo agresor- y en un aparte nos indica que es hija del rey Amonasro-, y se siente dolorosament dividida entre el amor patrio…y el que siente en su corazón por Radamès. En esa tesitura, sólo desea morir. En sí, argumentalmente, poco hay que decir.

Sin embargo, la música que acompaña al aria es la que la convierte en memorable. Parte de una escena espectacular, que nos va a anticipar grandes momentos como el gran coro(Gloria all’Egitto!).Ella se queda sola y todo lo que le rodea, cambia. En esa soledad es donde ella puede mostrarse enojada por esas palabras que le salen de la boca en la escena anterior. Las primeras notas denotan su orgullo patrio herido hasta el punto de desear la derrota de las “escuadras de nuestros opresores”. Llega en este instante lo íntimo(Ah, sventurata, che dissi?…Ah desgraciada, ¿qué dices?). El orgullo patrio cede espacio al dolor de su corazón porque tampoco desea la muerte de Radamès. En este punto, sentimos que las notas se entremezclan en ese “Numi pieta, del mio soffrir” hasta el final de la aria.

Para rematar el comentario, como hacemos siempre, os ponemos un ejemplo de esta aria. En esta ocasión, es curioso porque la voz es la de la gran Renata Tebaldi pero la cara es la de Sofía Loren, que interpretó a la esclava etíope, en la película “Aida”, adaptación cinematográfica de la obra de Giuseppe Verdi. Además, cuenta con la buena circunstancia de estar subtitulado en castellano.

Aria; Ritorna vincitor!


Ritorna vincitor!
E dal mio labbro uscì
l’empia parola!
Vincitor del padre mio,
di lui che impugna l’armi
per me,
per ridonarmi una patria,
una reggia e il nome illustre
che qui celar m’è forza!
Vincitor de’ miei fratelli…
ond’io lo vegga,
tinto del sangue amato,
trionfar nel plauso
Dell’egize coorti!
E dietro il carro, un re,
mio padre, di catene avvinto!
L’insana parola,
o numi, sperdete!
Al seno d’un padre
la figlia rendete;
struggete le squadre
dei nostri oppressor!
Ah, sventurata!
che dissi?
E l’amor mio?
Dunque scordar poss’io
questo fervido amore che,
oppressa e schiava,
come raggio di sol
qui mi beava?
Imprecherò la morte a Radamès,
a lui ch’amo pur tanto!

Ah! non fu in terra mai
da più crudeli angosce
un core affranto!
I sacri nomi
di padre, d’amante
nè profferir poss’io, ne ricordar.
Per l’un, per l’altro,
confusa, tremante,
io piangere vorrei, vorrei pregar.
Ma la mia prece
in bestemmia si muta,
delitto è il pianto a me,
colpa il sospir.
In notte cupa
la mente è perduta,
e nell’ansia crudel
vorrei morir.
Numi,
pietà del mio soffrir!
Speme non v’ha pel mio dolor.
Amor fatal, tremendo amor
spezzami il cor,
fammi morir! ecc.