Momentos memorables: “Pace, pace, mio Dio”

Entre un duelo a muerte entre dos protagonistas(don Álvaro y don Carlos de Vargas)y el final de la ópera “La forza del destino” nos encontramos con esta bella página interpretada por Leonora, personaje sufrido a lo largo de la ópera pero que tiene, como gran recompensa, el lucimiento en esta aria melódica. Desconoce Leonora que el destino se acerca a la puerta de la cueva donde el Padre Guardián le permitió alojarse como penitente. Su hermano-herido mortalmente- y su amante, que también se había ocultado en el convento cercano, llegan con el propósito de salvar el alma de don Carlos pero se sorprenden al ver a Leonora. Cuando ella va a ver a su hermano, éste la hiere igualmente. El final se tratará dentro de un tiempo pero es de una paz sublime, con el Padre Guardián confortando a Leonora y calmando a un desesperado don Álvaro.

Una vez más, nos encontramos con el arpa, porque ese es el instrumento que va a acompañar a la soprano lírico spinto durante la interpretación de esta aria. Sí, tanto los instrumentos de cuerda como de viento metal(en especial, la flauta) tienen su papel pero el rol es secundario. Destaca el inicio de la aria, ese Pace inicial y prolongado de gran exigencia. El cuerpo central de la aria, en el que se percibe el sufrimiento por un amor que no podrá ver, deseando que la muerte llegue a ella(en sí, es una aria con una carga muy propia del destino porque sí que vuelve a ver a su amado Álvado pero, también porque muere como era su deseo…aunque no el modo que ella esperaba) es de una belleza aplastante. La penitencia no ha servido para olvidar el amor que siente hacia su amado, que desconoce que lo ha tenido a escasos metros de la cueva. La flauta coge el relevo del arpa al final para mostrarnos el carácter alterado de Leonora al sentir que alguien se acerca y ese “Maledizione” final que, al igual que el Pace inicial, es otro esfuerzo para la soprano.

Aria:Pace, pace, mio Dio

LEONORA
Pace, pace, mio Dio!
Cruda sventura
M’astringe, ahimè, a languir;
Come il di primo
Da tant’anni dura
Profondo il mio soffrir.
Pace, pace, mio Dio!
L’amai, gli è ver!
Ma di beltà e valore
Cotanto Iddio l’ornò.
Che l’amo ancor.
Nè togliermi dal core
L’immagin sua saprò.
Fatalità! Fatalità! Fatalità!
Un delitto disgiunti n’ha quaggiù!
Alvaro, io t’amo.
E su nel cielo è scritto:
Non ti vedrò mai più!
Oh Dio, Dio, fa ch’io muoia;
Che la calma può darmi morte sol.
Invan la pace qui sperò quest’alma
In preda a tanto duol.

Misero pane, a prolungarmi vieni
La sconsolata vita… Ma chi giunge?
Chi profanare ardisce il sacro loco?
Maledizione! Maledizione! Maledizione!