Momentos memorables: Lunge da lei…De miei bollenti spiriti

La traviata es una ópera que podríamos considerar muy completa en instantes dignos de ser valorados. Ya aquí se han tratado algunos de ellos:el preludio,el brindis, las arias de Violetta en el primer y último acto, la de Giorgio Germont en el segundo acto o el concertante final de dicho acto. Seguramente, aún faltan otros como el “Parigi o cara” del tercer acto, el final de la ópera o el pequeño dueto de Violetta y Alfredo. Todo lo que convierte a “La traviata” como una de las ópera más populares. Es llamativo pensar que esta ópera fracasó en su primer estreno en 1853, aunque en muchos aspectos se debió a factores lejos de la propia composición(por ejemplo, una mala elección de cantantes).

Lo había logrado Alfredo. Había conseguido separar a Violetta de su pasado de cortesana, a pesar de las dudas de ella. Pero la conversación con Annina, criada de su amada, le revela que ella está vendiendo sus bienes para vivir en las afueras.Esa felicidad por vivir juntos, irónicamente, empieza a romperse en ese momento. Ofendido por esa verdad dolorosa, clama ese honor que luego le aparecerá en el citado concertante.

Consta esta escena inicial del segundo acto de un recitativo, aria, breve diálogo con Annina y, sobre todo, la cabaletta “O mio rimorso, o infamia”. Quizás por el tema de un amor cuasi celestial, el recitativo y la aria son asumidos prácticamente por los instrumentos de cuerdas, con escasas aportaciones de los instrumentos de viento madera(fagot y clarinete) y metal(tromba), ya que la pretensión es mostrar la alegría de la vida casi conyugal. Sin embargo, la diferencia sustancial llega en la cabaletta donde, prácticamente, los instrumentos de viento de la orquesta van a ayudar a crear esa atmósfera de persona ofendida en su honor.

Aria:“Lunge da lei…De miei bollenti spiriti”

ALFREDO
(deponendo il fucile)
Lunge da lei per me non v’ha diletto!
Volaron già tre lune
Dacchè la mia Violetta
Agi per me lasciò, dovizie, onori,
E le pompose feste
Ove, agli omaggi avvezza,
Vedea schiavo ciascun di sua bellezza
Ed or contenta in questi ameni luoghi
Tutto scorda per me. Qui presso a lei
Io rinascer mi sento,
E dal soffio d’amor rigenerato
Scordo nè gaudi suoi tutto il passato.
De’ miei bollenti spiriti
Il giovanile ardore
Ella temprò col placido
Sorriso dell’amore!
Dal dì che disse: vivere
Io voglio a te fedel,
Dell’universo immemore
Io vivo quasi in ciel.

Scena Seconda

(Detto ed Annina in arnese da viaggio.)

ALFREDO
Annina, donde vieni?

ANNINA
Da Parigi.

ALFREDO
Chi tel commise?

ANNINA
Fu la mia signora.

ALFREDO
Perchè?

ANNINA
Per alienar cavalli, cocchi,
E quanto ancor possiede.

ALFREDO
Che mai sento!

ANNINA
Lo spendio è grande a viver qui solinghi

ALFREDO
E tacevi?

ANNINA
Mi fu il silenzio imposto.

ALFREDO
Imposto! or v’abbisogna?

ANNINA
Mille luigi.

ALFREDO
Or vanne andrò a Parigi.
Questo colloquio ignori la signora.
Il tutto valgo a riparare ancora.

(Annina parte.)

Scena Terza

ALFREDO
(solo)
O mio rimorso! O infamia
E vissi in tale errore?
Ma il turpe sogno a frangere
Il ver mi balenò.
Per poco in seno acquetati,
O grido dell’onore;
M’avrai securo vindice;
Quest’onta laverò.