El enmascarado fin de Gustavo III de Suecia

Cuando Verdi tuvo que cumplir, por segunda vez, con el trámite de la censura para que se admitiera “Un ballo in maschera”, debió de cumplir con varias objeciones a la ópera que había compuesto para presentarla en Roma, tras la ruptura con el napolitano Teatro de San Carlo. Uno de los aspectos más importantes era cambiar la ubicación de la ópera, trasladarla de la Suecia al Boston pre-colonial, que el rey Gustavo III se convirtiera, por la censura en un gobernador llamado Riccardo. El paso del tiempo, el fin de las censuras ha permitido alternar versiones operísticas con esta variación y las originales basadas en el magnicidio que perpetró Anckarström el 16 de marzo de 1792, junto a tres complices, Ribbing(Sam),Horn(Tom) y Pechlin. Disparado con una pistola de clavos, falleció el rey sueco a los doce días, a la par de su verdugo. Lejos de una mera cuestión de amores, infidelidades como podemos ver en la ópera, la antipatía era mutua entre los aristócratas y el monarca.

Así pues, en una noche de conspiración, con ganas de los nobles tras lo sucedido en el Parlamento de Geflé en el que renunciaron a los cargos en la corte, se llega a la noche del baile de máscaras en la Ópera de Estocolmo, donde los tres conspiradores rodean al monarca y Anckarström le dispara a quemarropa. Gravemente herido-falleció por una infección por las heridas- acabó perdonando a algunos de sus detractores(recuerden el final de la ópera) y no queriendo saber la lista de los conjurados(igualmente, recuerden la escena del primer acto cuando Renato se ofrece a indicarle la citada lista y Gustavo/Riccardo se niega a mancharse la sangre). Pero ese perdón no llegó a su asesino en la realidad, siendo condenado a deshonra y muerte.

Con libreto de Antonio Somma, Verdi compuso esta ópera en un momento, además, complicado para las monarquías, con el referente de la Revolución Francesa pero, sobre todo, del incidente que hubo en París cuando Napoleon III sufrió un intento de magnicidio a manos de Felice Orsini y otros tres conspiradores.