De “Va’, pensiero” a “Gloria all’Egitto”.

Entre estos dos coros, con más o menos fuerza, hay una relación de Giuseppe Verdi con el deseo transalpino de unificar los diferentes estados en los que estaba dividida Italia. Aunque el “Risorgimento”, movimiento cultural unificador en el que destacaba Mazzini llevaba un tiempo funcionando en pos de la unificación, Verdi va a conseguir, a base de unos momentos únicos, lograr popularizar este sueño y darle, sobre todo, una fuerza inaudita gracias a lograr que el pueblo sintiera como cánticos suyos, el lamento de los esclavos hebreos, los prófugos escoceses o los sicilianos en armas contra los franceses. Que su nombre fuera un acrónimo en apoyo del rey Vittorio Emanuel II (Viva Verdi) sólo fue el juego de una cábala que unió a dos hombres en este proyecto de una nueva Italia. Sin duda, el comienzo del sueño italiano, al igual que el de Verdi, comenzó con Nabucco y su célebre coro.

En plena vorágine por el éxito de Nabucco llega la ópera “Ernani”, donde podemos disfrutar de un coro que puedo reconocer que, en su momento, no pudo transmitir tanto como me parece hacerlo ahora. Ese “Si ridesti il leon di Castiglia”, interpretado por los que se quieren rebelar contra el nombramiento de Carlos V(y Primero de España) como Emperador del Sacro Imperio Románico-Germánico tiene también carácter y facil asimilación españoles e italianos versus moro y austríacos.

Los años siguientes a Nabucco son los más duros para el compositor de Le Roncole, contratado por diferentes teatros. El ritmo es frenético, de un teatro para otro. De las óperas que compone, el componente patriótico se refleja en unas pocas. Por ejemplo, la asimilación de los milaneses con los de las cruzadas(“I lombardi alla prima crocciata”), ese aclamado“Avrai tu l’Universo, resti l’Italia a me” del dúo entre Ezio y Attila en la ópera basada en el bárbaro, en el que el general romano le dice que puede dominar todo el mundo pero que le deje Italia a él(aunque, en ese instante esa “Italia”era básicamente, Roma).Pero hay una ópera que no nos deja mucho tema patriótico salvo uno de los coros más intensos, el “Patria oppresa”, donde varios prófugos escoceses huyen de Macbeth y nos dejan un instante digno de mencionar, lleno de dolor por su patria oprimida por el rey escocés…y, en el imaginario italiano, esos príncipes que dirigían los diferentes estados en los que estaba dividida Italia en 1847.

El fin de “los años de galeras”, la composición de las óperas de la trilogía romántica(Rigoletto, La traviata e Il trovatore”, alejan musicalmente a Verdi del proceso unificador pero ello no hace que se olvide tampoco. Aparte de “Un ballo in maschera”, dos óperas nos van a traer el recuerdo de este sueño unificador. Una de ellas es “Simon Boccanegra”, sobre el corsario que luego devino dux de Génova. La otra es I vespri siciliani. En ambas hay instantes de fuerte carga emocional. En la primera, de forma más tímida, nos encontramos con una frase del dux que, como con Attila, genera ese punto “patriótico”e una sola frase: “Adria e Liguria hanno patria comune”(las dos orillas del Mar de Liguria-por Génova- y Adria, por la ciudad del Veneto y el Mar Adriático); en la segunda, la intensidad es mayor-aparte de los problemas generados con el libretista- y que va desde la trama propia(las vísperas sicilianas de 1282), la figura de Giovanni da Procida y la presencia constante de la palabra “patria” en boca de los sicilianos.

El año 1861 tuvo su cara y su cruz, en el tema político, para el compositor. En febrero acudió al parlamento de Turín donde hace un discurso el rey Vittorio Emanuel II, pues el compositor ha salido elegido en las urnas. Unos cuatro meses después, el fallecimiento de Cavour provocó que se desentendiera ya del tema patrio, una vez que ya parecía encauzado. Dedicado a la composición, el período entre 1861 y 1870, aparte de dos óperas como son “La forza del destino” y “Don Carlo, recibe dos mazazos en escasos seis meses de 1867: el fallecimiento de sus dos padres. En enero, fallecía su padre natural(Carlo Verdi) y, seis meses después, su “padre artístico”, Antonio Barezzi, quién prácticamente fue mecenas del compositor en sus primeros años y, en un momento delicado, apoyó a Verdi cuando éste rehizo su vida con Giuseppina Strepponi unos años después de fallecer Margherita Barezzi, hija y esposa del compositor. .En 1870 finalizaba el proceso de unificación con la incorporación del Estado Pontificio, ya reducido a lo que era Lazio, donde estaba ubicada Roma. Un año después, era estrenada en El Cairo la ópera “Aida”. Ese “Gloria all’Egitto”bien podría ser, después de tantos años trabajando por la “causa”, un “Gloria all’Italia”.