Sobre la ópera: Cinco años de Operamanía

Hace cinco años nacía Operamania.es, pero no era la primera vez que esta “marca” aparecía en internet. Unos años antes, hubo una versión con el .com en el que, tanto mi hermano como yo, ya hacíamos nuestros particulares pasos por esta zona del mundo de la ópera, como es la explicación sobre aspectos que podían ser más interesantes. Esa página estuvo “viva” a comienzos de la década pasada y dejó de ser actualizada allá por 2007, casi justamente con el fallecimiento de Luciano Pavarotti. En abril de 2012 volvía Operamania a Internet con otra imagen, sin perder algunos de los escritos de antaño entre los que destacaba, por la parte que me toca, las sinopsis de algunas óperas y que, con el tiempo, pensaré en “resucitar” con nuevas obras. En esta ocasión el “renacimiento” venía acompañado de las redes sociales Twitter(@Operamania1) y Facebook.La primera entrada, del 4 de abril de 2012, fue el vídeo de la película de La Traviata, con Plácido Domingo y Teresa Stratas.

Desde entonces, más de 300 entradas, artículos sobre diferentes aspectos. Alguno fue cayendo sobre la marcha(tema encuestas) pero otros fueron apareciendo sobre la marcha. De hecho, el primer artículo mío, personal, fue una sinopsis de “La cenerentola”, de G. Rossini y el siguiente fue “Ópera e Historia, con la vida de André Chénier y que fue de esos textos de los que me siento satisfecho. Los primeros artículos alternaron en dos secciones que han sido mis favoritas: “Momentos memorables” y “Voces magistrales“.En el primer caso, porque he notado una mejora con respecto a los primeros escritos(lo que no era difícil) y que tuvo su punto de inflexión con la entrada que dediqué a “In quelle trine morbide“, donde ya tuve en mente mirar las partituras y captar de éstas algunos matices interesantes de valorar. En el segundo caso, era un homenaje a tantos cantantes que han hecho grande a la ópera y por donde han ido desfilando tantos cantantes desde Luciano Pavarotti,Enrico Caruso, nuestros cantantes más archiconocidos hasta llegar, la semana pasada a Magda Olivero. Obviamente, es una sección que aún seguirá mirando al pasado y al presente.

Un tiempo después, el fallecimiento de Claudio Abbado dio lugar a la creación de la sección “Atril de honor”, que también rinde honor al director de orquesta, el que consigue que ésta suene estupendamente y bajo su interpretación de la partitura. En esa sección hemos podido saber cosas de grandes como Toscanini, Levine, Barenboim, Bernstein,etc. En esta sección he pretendido, dentro de las posibilidades que daba el tema de multimedia, aportar la imagen de los directores en un ensayo, para que la gente pueda observar que el gran trabajo del director de orquesta se produce en los ensayos y que, como se dice, no es una persona que se limita a mover los brazos con una batuta. No. Su trabajo es fundamental antes, dar las indicaciones precisas,etc.

Las dos últimas secciones nos aportan una especie de “desencorsamiento” de la web. Por ejemplo, “Personajes” permitía observar una determinaada ópera desde la perspectiva de un personaje, su actitud dentro de la historia que se refleja en la ópera.En el “Sobre la ópera”, hemos buscado diferentes temas que, sin implicar el tema de la ópera de forma directa, sí tienen cierta vinculación. Así, a bote pronto, recuerdo el que se llevó a cabo indicando los tipos de formatos de grabación, sobre Florence Foster Jenkins con ocasión de la película protagonizada por Meryl Streep, sobre los teatros que renacieron de las cenizas,etc.

El gran valor de esta página, de estos cinco años es que he podido “crecer” y eso se ha manifestado en un interés más allá de las óperas más populares y que todo el mundo conoce. De no haber existido esta página, por ejemplo, no sé si habría entrado de pleno en el repertorio ruso,estar escuchando óperas conocidas dentro de este mundo pero que no han pasado a ese mundo más “popular”, todo ello para ir sacando aspectos llamativos para poder plasmarlos aquí. Sólo me queda decir que aún queda mucho por escribir pero muchas gracias por estar aquí.

Sobre la ópera: El bien y el mal(Sarastro vs. Reina de la Noche)

Cuando una persona aficionada a la ópera empieza a informarse sobre una obra determinada, empieza a ver a asuntos que llaman la atención del argumento. Quizás, uno de los ejemplos más claros es ese ejemplo del bien y el mal que representan Sarastro y la Reina de la Noche. Sí, me pueden indicar palabras que indiquen mejor la diferencia(sabiduría vs. ignorancia, obstinación; saber estar vs. venganza como instinto primario) pero creo que todo, dentro de una ópera( o más correctamente, “singspiel”) que alterna lo sublime con lo popular, es más sencillo recurrir al escalón inicial del bien contra el mal.

Sin embargo, lo curioso es la estructura que Wolfgang Amadeus Mozart y Emanuel Schikaneder(libretista) plantan con un primer acto en el que, salvo la conversación de Tamino y el orador, todo apunta a una maldad intrínseca de Sarastro que ha secuestrado a Pamina, hija de la Reina de la Noche. Después, en un golpe de maestría, invierten los roles y la maldad ha sido incomprendida, mientras que la bondad es ficticia y esconde una personalidad turbulenta.

Pero vayamos por partes. Como decíamos. En el primer acto, vemos a la Reina de la Noche como una madre preocupada ante el rapto y, encontrando a Tamino, le pide el favor de rescatarla. Su sufrimiento la ennoblece…en principio.
(por

El primer acto termina con una actuación cargada de enojo. Castiga a Monostatos con dureza a pesar que el sujeto había intentado actuar correctamente al impedir la huída de Papageno y Pamina. Quizás obnubilados por un argumento principal, por el cual la Reina de la Noche es la “víctima” y Sarastro el “malo”, dejamos escapar en principio ese grito de la muchedumbre hacia el supuesto “malo”(por cierto, con algunos “argumentos” que actualmente serían algo “políticamente incorrectos).

Como comentábamos antes, el segundo acto revierte todos los papeles… y la Reina de la Noche se nos vuelve vengativa, escandalizada al saber que Tamino ha entrado en el proceso para iniciarse en el “conocimiento”. De ahí surge, una de las más célebres arias de la historia de la ópera, el famoso “Der Hölle Rache” que impone una capacidad vocal y una técnica considerable a la soprano además de un esfuerzo interpretativo.

En contraposición, tenemos la altura de miras, la generosidad…de Sarastro cuando,al sufrido comentario de Pamina al decir que su madre aún sufre el dolor de perderla. El canto en favor de una nave consagrada al amor y no a la venganza, al perdón y no a la traición. Es “In diesen heil’gen Hallen” una aria que, personalmente, aprecio mucho.No sólo está el tema de lo que dice Sarastro, también la belleza de una melodía pura, quizás sencilla en apariencia pero que logra elevar mucho el alma.

Al final, es evidente cómo iba a acabar esta ópera.

Sobre la ópera: Una visión personal de los primeros pasos

Primeros pasos Cuando terminaba el agosto de 1989 llegó a mis manos, vía colección de ópera, la primera gran obra, el “Rigoletto“, del gran Giuseppe Verdi. Ese preludio, ese comienzo fulgurante del primer acto en el palacio del duque de Mantua me enamoró a las primeras de cambio. En ese caso, mi hermano tuvo gran mano al dar el primer paso de comprar aquel cassete.A la par que se iba comprando la segunda y tercera parte de la ópera(es lo que tienen los fascículos), llegó la primera ópera entera que escuché…una tras otra vez. Era una deliciosa “La bohème” , de Puccini con Neil Sheicoff y una soprano como Ileana Cotrubas(a la que ya conocía, curiosamente, del mencionado “Rigoletto).Con el paso de los meses se fueron añadiendo las primeras óperas a mi zurrón de conocimientos, con especial presencia de Verdi. De esa época me viene la sempiterna recomendación de esta ópera de Puccini para los que son iniciados en este mundo .Lo tiene todo(una bonita melodía, alegría, también una dosis de tristeza en un período de tiempo “asumible” para quien suele tener, un poco, el prejuicio de óperas largas.

Otras fuentes…y soportes. En aquella época de comienzos de los noventa, tuvimos las retransmisiones de ópera con la introducción de José Luis Téllez, el comienzo de las galas líricas, entre las que destacó, obviamente, “Los tres tenores” en las termas de Caracalla en 1990. Pero también las series o las películas Una de ellas, por ejemplo, fue “El fantasma de la ópera”, un telefilme protagonizado por Burt Lancaster, Teri Polo y Charles Dance y que contaba con algunos de los momentos más maravillosos del “Faust” de Charles Gounod. Esta relación me permite, además, recordar que fue la primera ópera que tuve en el formato de moda entonces: el compact-disc. No  había terminado de prescindir de los cassettes pero era algo novedoso. En esa época fui labrando una videoteca buena…que desapareció con el último vídeo VHS.

 

El desastre del Liceu y el Teatro Real. Entre el 31 de enero de 1994 y el siete de octubre de 1999 se vivió un tobogán de emociones en el tema lírico españo, en lo que se refiere a temas de teatros.Aunque ya en 1992 se estrenó el teatro de la Maestranza en Sevilla, aquel día de enero de 1994 supuso la destrucción del Gran Teatre del Liceu, un referente de este país en el mundo. Los preparativos de “Matias, el pintor” de Hindemith y un tema de seguridad del teatro barcelonés acabaron con todo. Tardaron cinco años en volver a la escena internacional con Turandot(por cierto, una de las primeras que ya había sonado en el palau Sant Jordi durante el “exilio”).Durante esa época, dos años antes,volvió el Teatro Real en Madrid, tras un periodo de sala de conciertos y las reformas para modernizarlo. Con el teatro madrileño volvieron con fuerza las retransmisiones de ópera con el gran José Luis Téllez, ese “falso directo” en el que contaba también con entrevistas  como ésta.



Wagner.
Aunque la primera ópera de Richard Wagner llegó pronto a mis manos, “La valquiria”(o “Die Walküre”) no gozó entre mis preferencias por algunas cuestiones durante mucho tiempo. Era una grabación en directo, dirigida por un grande como era Wilheim Furtwängler pero con los micrófonos demasiado cerca de un pobre con tos. En su momento, no me quité la sensación de una música que no comprendía(más allá del tema del idioma),que reconocía bella pero,perdón wagneristas, monótona. Sí, pasó mucho tiempo hasta que llegó 2013, mi situación como colaborador en la página Facebook de Operamania me obligaba a tratar un “Año Wagner” como así pretendía hacer con el “Año Verdi”. Para mí, el compositor de Le Roncole di Busseto no era tan desconocido(salvo unas pocas óperas de la época de “anni di galera”) y no me costaba seleccionar fragmentos. Pero Wagner era totalmente desconocido para mí despues, sí, de dos décadas largas. Esa “supuesta” obligación me permitió ir conociendo sus óperas e ir entendiendo más ese universo de “música total”, de captar la magia de los “leitmotivs” y, sobre todo, olvidar ese prejuicio de “monotonía”  y sí captar el matiz

Una de las cosas buenas que está teniendo esta página, como anteriormente su versión en. com, es permitirme dar unos pasos más allá  en este bello mundo que, en otra época, me habían hecho refugiarme en las grandes obras(Verdi, Mozart, Puccini, Rossini…), sin meterme de lleno en otras menos conocidas para el gran público.El repertorio ruso, el clásico(Vivaldi, Purcell, Haendel…) son algunos en los que me estoy sumergiendo para futuros “momentos”.

Sobre la ópera: Minnie y el perdón

Aunque tengo previsto, con el tiempo, un artículo sobre las “mujeres de Puccini”, los personajes femeninos que logró cincelar el maestro de Lucca en sus óperas, hoy quiero adelantar una parte dedicada a Minnie, la coprotagonista en la ópera “La fanciulla del West”, una mujer rodeada de buscadores de oro en las minas del oeste norteamericano y que comparte dos trabajos: está en una taberna llamada “La polka” como propietaria pero, sobre todo, intenta aleccionar a esos buscadores de oro, enseñándoles cosas. Una de esas lecciones es sobre el perdón y que, en cierto sentido, volverá a aparecer al final de la ópera. Hablando sobre un versículo de la Biblia, Minnie trata de crear en cada uno de esos buscadores una enseñanza sobre la redención(Ciò vuol dire, ragazzi, che non v’è, al mondo, peccatore
cui non s’apra una via dl redenzione… Quiere decir, muchachos, que no hay en el mundo pecador que no tenga un camino a la redención…
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La ironía llega en forma de delincuente que se hace llamar Dick Johnson pero que, en sí, es el bandido Ramerrez, perseguido por la zona. Su presencia nada denota su intención de hacerse con el oro que hay dentro de la taberna y que habían guardado los chicos que buscaban oro para ellos, para sus familias. En sí, si creemos en la confesión de Dick Johnson en el segundo acto, su intención cierta era robar pero que, cuando la encontró por primera vez, soñó con irse con ella y “redimirse en una vida de trabajo y de amor”. La primera reacción de ella le lleva a echarlo de la cabaña que, escasos minutos antes, había vivido felices momentos de amor. Un disparo lejano le hace a Minnie recapacitar y abrir la puerta a un malherido Ramerrez(o Johnson, como quieran).La llegada del sheriff Jack Rance nos muestra a una Minnie que llega hasta el punto de jugarse su vida y la de su “prometido” a una partida de póker que consigue vencer con ciertas trampas.

Pero Ramerrez en su intento de salir huyendo es detenido y sometido a burla por el sheriff, los mineros-buscadores y preparando la soga para colgarlo. En ese instante, es cuando escuchamos uno de los grandes momentos de esta ópera. Cuando todo apunta a morir ahorcado, aparece Minnie para salvarlo. Uno a uno va convenciendo a todos para que perdonen al bandido. Sonora, uno de los mineros, se une a ella y procede también a ayudarla en la labor mientras que ella vuelve a recordar ese perdón que, en su día, les enseñó. Al final ceden y liberan a Ramerrez, que parte con Minnie lejos de esas tierras.

Sobre la ópera: La evolución técnica de las grabaciones

Antes de la existencia de cualquier método técnico que permitia popularizar la música, las opciones de la gente se reducían a los conciertos(vamos, lo que sería el “live” de la época) y, en caso extremo y con buen conocimiento de solfeo, comprar las partituras y poder practicar normalmente con el piano.Ese último método era menos factible en determinados sectores que no tenían tales opciones.

A mediados del siglo XIX comenzaron los primeros inventos que pretendían grabar el sonido. Tras el autofonógrafo de Eduard Leon Scott, en cierto sentido rudimentario, llegó el fonógrafo que Thomas Alva Edison innovó a finales del siglo XIX y que tenía dos características importantes: “reproducía sonido”(ya que el invento de Scott grababa pero no reproducía) y se utilizó un material como la cera para grabar con un estilete el efecto de las vibraciones-en principio, fue estaño pero, al año ya funcionaba con el cilindro de la mencionada cera- y luego invertir el proceso si se deseaba escucharlo. Es de este modo cuando consiguió Enrico Caruso inmortalizar su voz. En cierto sentido dejaba la sensación de un sonido distorsionado. Otro inconveniente era la duración del cilindro de cera. Caruso abrió una puerta para llegar la música a todas las gentes. También, el cantante de ópera se veía en otro escenario diferente al del teatro: el estudio de grabación.

La evolución exigía otros métodos, otros materiales para llegar a la gente. A la par, en Alemania surgió el gramófono, que sería el origen del tocadiscos. La forma de grabar, unido a un coste más reducido del modo de copia hizo que este método nos llevara, con el tiempo al disco de vinilo, que acompañó las grabaciones de buena parte de la primera mitad del siglo XX. El formato del disco de vinilo, además vive fases en las que su uso se reducía con otras de “renacimiento”. Otros métodos con menos suerte fueron los magnetófonos y que, también, nos llevaron a otro formato más conocido como el cassette. Bobinas enrolladas y una cinta que pasa por un cabezal magnético y que permitía tanto la grabación como la reproducción. Personalmente, es un formato que me trae el recuerdo de un pasado de mi vida, ya que mi abuelo tenía uno pero, como todo lo que lleva un tipo de cinta de este tipo, acabó por desaparecer por el efecto del simple uso. El cassette, más popular y accesible fue el primer formato por el que comencé a escuchar ópera.

Disco vinilo de Rigoletto, primera ópera que escuché, si bien el formato, en verdad, fue el cassette.Imagen de www.com9.es

A principios de los ochenta llega la siguiente gran revolución con los discos compactos siguiendo un método de grabación digital. En esos años posteriores llega un proceso accesorio consistente en “remasterizar” versiones musicales, grabadas de forma analógica y pasarlas a digital. Así fue como se pudo disponer de las grabaciones de los grandes cantantes de la primera mitad del siglo(Maria Callas, Di Stefano, Tebaldi, De los Ángeles, Björling,etc) y que habían conocido el uso del disco de vinilo.En sí, era el formato del futuro por sus prestaciones durabilidad hasta que se dio el siguiente paso.

Aquí traigo otra versión en CD. Como les comentaba, se ve en una esquina las siglas ADRM que, en sí, nos indicaba que era una remasterización de analógico a digital, fue la época del AAD,ADD en los discos de CD.Foto de Amazon

Mientras que el CD o disco compacto iba generando un volumen considerable de grabaciones pasadas(las citadas remasterizaciones) y presentes(tanto en estudio de grabación como en el escenario de un teatro de ópera) se fue preparando el siguiente paso que sería la creación de archivos sonoros mp3 y que son un paso de nivel musical parejo pero una comodidad considerable(en especial, el tema del almacenamiento y el hecho de ser “portable” a todas partes). La ópera, como otras artes interpretativas, también salió ganando en popularidad con este salto.Irónicamente, se ha generado una corriente involutiva hacia el vinilo y el CD que ha generado, incluso, aparatos que permiten los cuatro modos de escuchar música(cassette,mp3,CD y tocadiscos), un ingenio que habría hecho las maravillas de cualquier compositor de mediados del siglo XIX y anteriores.

Sobre la ópera:la juventud perdida del doctor Faust

Escribía Rubén Darío aquello de “Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver”, primeros dos versos del poema “Canción de otoño en primavera”. Casi un siglo antes, Johann Wolfgang von Goethe culminaba su extensa obra “Faust, eine Tragödie”, escrito en dos partes. En ella, un anciano doctor maldecía la ciencia, la fe, la misma paciencia. Había gastado toda su vida buscando el saber y, al final de sus días, deseaba terminar con su sufrimiento al comprobar que había desperdiciado su vida. Cuando en las imprecaciones pide al mismo Satán, aparece Mefistófeles dispuesto a darle lo que quiera al precio de su alma “ahí abajo”. Ni dinero, ni poder…Fausto sólo quiere juventud y los placeres que ésta proporciona.

En un breve momento de dudas, Mefistófeles observa que Faust queda parado y le muestra a una joven de la que queda prendado. Es Marguerite. Cesan las dudas al instante, firma y bebe la pócima que le dará nuevo vigor. Desde ese momento busca encontrar a la joven y la encuentra, La timidez de ella le arrebata el ánimo, queda prendado. Es el momento de demostrar un sentimiento olvidado y bien que lo hace, como vemos con un excepcional Nicolai Gedda.

Es el dúo de amor de Faust y Marguerite, una escena en el que él va poco a poco logrando convencer de su amor sincero a una Marguerite aún dubitativa. La escena de la margarita y ese “me quiere, no me quiere” es un ejemplo. La dulzura de ese “O nuit d’amour” es sublime…pero ella sigue temerosa, no quiere que le partan el corazón. Pero el amor ya está en el corazón de ella

 

Las desventuras de Marguerite la llevan a la locura(maldecida por Valentín, su moribundo hermano; maldita para Mefistofeles que la pretende horrorizar) y a la prisión por matar a su hijo. Faust la quiere rescatar de su condena con la ayuda de Mefistófeles, pero ella no quiere seguirle y ruega la salvación de su alma mientras Faust se desespera.

Sobre la ópera: el amor y la pureza de sentimiento

Puede que en el mundo de la ópera haya personajes a los que vaya a la perfección este término de “pureza de sentimiento” pero, para mí, hay uno que está por encima de todos: Nemorino.

Nemorino es el protagonista principal de la ópera de Gaetano Donizetti “L’elisir d’amore“. La literatura que ha rodeado al personaje lo ha catalogado como un joven más o menos “al que le falta un hervor”, es decir algo corto de luces. Sin embargo, el desarrollo de la ópera nos muestra un joven enamoradizo que tiene un amor platónico pero, para su desgracia, en nada correspondido: Adina.

Su simpleza se percibe en el primer acto cuando, tras la enésima negativa de Adina, recurre al charlatán doctor Dulcamara, quien le hace ver que esa botella de vino de Burdeos que tiene en la mano es un elixir de amor. Sí que es cierto que se llega a creer eso y Adina juega con ello para sacarle de quicio.

Sin embargo, en el segundo acto ya vemos, en su desesperación,que el amor que tiene por Adina le llevaría a entrar en el batallón de Belcore por tal de conseguir unos dineros para comprar otra botella de elixir. Ahí tenemos ese “tu non sai qual cor sta sotto a quest’umile vestito”, en el que empezamos a ver que su amor poco correspondido tiene mucho más de puro de lo que se pensaba. Ignorante a lo que sucedía, el fallecimiento de su tío y la consiguiente herencia que recibirá, hace que todas las chicas del pueblo lo deseen pero Nemorino cree que es el efecto del elixir. Ve que Adina empieza a sentir amor por él. Es la bellísima “Una furtiva lagrima”.

Ella pretende liberarlo de su condición de soldado pero, cuando él le pregunta si tiene algo más que decir y ella niega, estalla: prefiere morir soldado si no es querido. Al final, ella lo admite: sí está enamorada de Nemorino

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Aunque luego todo se sabe, que Dulcamara le informa que es rico heredero, el amor está ahí, fuera de toda historia de elixires y dinero. El joven Nemorino logra sacar a Adina su sentimiento hacia él.

Sobre la ópera: la maldad de Yago

Aunque no se va a negar nunca que el único culpable de un asesinato es el asesino, a veces hay que mirar más allá. Este es un caso de libro. Todo el mal está dirigido desde el primer minuto por la mente de un ser rencoroso, Yago, que logra llevar a Otelo, dux de Venecia por los turbios caminos de los celos. Jugó con la personalidad de su jefe hasta llevarlo al desprecio social(acto III, humilla a Desdémona ante los embajadores) y, por supuesto, la muerte de su esposa.

Lo irónico del destino es que todo se hubiera resuelto si no se hubiera dado, según Yago, el motivo principal: la elección de otra persona para el puesto que él, que era simple alférez, ambicionaba.Se lo decía a Roderigo(“Escúchame:por más que yo finja amarlo, odio a ese moro” mientras señala a Cassio de forma enojada, ya que había logrado el favor del dux). Su primera atención apunta al propio Cassio, al que pretende emborrachar y desprestigiarlo ante todos y, especialmente, para que Otello decida quitarle el favor al nuevo capitán.

Desconocía, eso sí, Cassio a quién iba a pedirle algún consejo para recuperar el favor de Otelo: el mismo Yago. Ese nuevo capitán repudiado no era consciente, en ese momento, que la defenestración la había “gestionado” Yago. En el segundo acto tenemos ese “Credo in un Dio crudel” que es como se ve este personaje a sí mismo.

En ese momento, Yago ve en la fingida lealtad hacia Otelo y la confianza de éste en su alférez fiel el mejor modo de llevarlo al empantanoso tema de los celos. Con hechos “maquinados” logra convencer a Otelo que Cassio pretende arrebatarle a Desdémona. Para ello, convence al joven capitán destituido a que pida el favor de volver a su rango a través de la propia Desdémona y, a su vez, haciendo dudar a Otelo de la honorabilidad de Cassio. Logra enturbiar el corazón con dudas plausibles(aunque todos sabemos que son falsas). En el vídeo que vemos a continuación tendremos uno de esos dúos de maldad(“Sì pel ciel marmoreo giuro”)

Para hacer más creíble la escena de la infidelidad y con el juego del pañuelo de Desdémona quitado de las manos de Emilia, Yago logra que Otelo se crea la infidelidad con una prueba clara y evidente, a través de una conversación que el propio alférez tiene con Cassio mientras que Otelo espía. La condena es firme: Desdémona debe morir envenenada pero el propio Yago le recomienda que la estrangule en la cama. Otelo, en su maldad, no es consciente de que es un simple títere de la intención de su alférez tan “leal”.

Una vez asesinada a manos de Otelo, irrumpe Emilia que tiene un doble papel particular: esposa de Yago y sirvienta de Desdémona. Ante todo el mundo logra quitar la máscara interior de Yago mostrando su negra alma hasta el punto de lograr anular al dux y conducirlo, con los celos, hasta el asesinato de su amada Desdémona.


Sobre la ópera: Mario Lanza, ópera en el cine

Si la ópera ha encontrado quien la difunda desde el cine, ese actor es Mario Lanza. Desde el inigualable “El gran Caruso” hasta su aparición, en varias bandas sonoras, después de fallecer en 1959. Quizás es el que más ha hecho porque la ópera apareciera en el cine con ímpetu. Otro asunto será la calidad técnica de este actor cuando cantaba, pero en el cine encontró un hueco en el que fluyó su música. Quizás, consciente de que su voz no se podría escuchar en un teatro de ópera, el mundo del cine fue su mejor lugar demostrar sus dotes sin más exigencias. Su muerte, curiosamente, impidió que pudiera interpretar algún que otro papel sobre un escenario de verdad: El teatro San Carlos, de Nápoles, le ofreció cantar la ópera que desease, eligiendo el actor que fuera el rol de Canio en “I Pagliacci”.Ya en su última película “For the first time”, en 1959, ya nos dejó la interpretación de la aria más emblemática del personaje.

Estudió canto primero con su madre, de la que cogió el nombre(él se llamaba Alfred Arnold Cocozza pero asumió el nombre de Mario Lanza en honor a su madre, Maria Lanza). Ella, según se cuenta, tenía una bella voz de soprano. Con beca en Berkshire Music Center, debutó como Fenton en la obra de Otto Nicolai “Las alegres comadres de Windsor”. La II Guerra Mundial frenó la trayectoria incipiente en la ópera. Tras la confrontación bélica, comenzó la relación con el cine y los recitales. En 1949 rodó la primera película pero la más grande obra llegó pronto: se puso en la piel de Enrico Caruso. Es la obra que, además de poner en alza la figura del mítico tenor napolitano, permitió a Mario Lanza conseguir un nombre.

Su carrera durante la década de los cincuenta fue de altos y bajos: éxito en lo profesional(pero tampoco tanto, luego lo explicaremos) pero desgraciado en lo personal, acabando en el alcohol, las deudas y el sobrepeso. Curiosamente, en el terreno profesional, los trabajos en el cine impidieron que tuviera la ópera un mayor peso en su vida. A lo sumo, se recuerda un par de representaciones como Pinkerton en “Madama Butterfly”. Su segundo gran éxito llegó como actor en “Serenade”, junto a Joan Fontaine y Sara Montiel.

Uno de los problemas que tuvo en el mundo del cine fue el rodaje de “El príncipe estudiante”, del que fue despedido pero que, entre otros motivos, destacó la crítica que recibió de Curtis Bernhardt, quien se quejó de la interpretación de una de las canciones de una forma “muy emocional”, quizás entendida como “sobreactuada”.En parte, una de las sensaciones que tengo de Mario Lanza es esa, que son interpretaciones algo recargadas pero, sin negar el valor a una voz que, en cierto sentido, era agradable de escuchar. Entre la música de corte popular, dejó buenas interpretaciones de napolitanas, canciones norteamericanas y una emblemática “Arrivederci Roma” en “Las siete colinas de Roma”

Dejó un buen legado de películas, grabaciones pero, sobre todo, destaca su influencia. El mismo José Carreras reconoce lo que supuso Mario Lanza en su carrera musical, también Plácido Domingo ensalza su labor. Su voz, después de muerto, ha seguido sonando en varias bandas sonoras de películas, series, etc.

Sobre la ópera: La extravagancia llega al cine

Como sabrán, en el mismo fin de semana en el que se dan los “Oscar” del cine, se realiza otra gala en el que se otorgan los premio a las peores películas, actuaciones, etc. Un premio muy particular en el que, habitualmente, los nominados no quieren saber nada pero que, a veces, puede dar alguna sorpresa(hasta Bill Cosby fue el primer actor en acudir a una “gala”de esas, o Sandra Bullock en recibir, en 24 horas, ambos premios. Estos premios llevan el nombre de Razzies.

Viene a cuento esta introducción para hacer mención de una película que puede ser ganadora de un premio razzies pero también la del Oscar. Para empezar, cuenta con una gran actriz como es Meryl Streep en el rol principal, junto a Hugh Grant. ¿Y qué tiene que ver estos temas con la ópera? Muy sencillo: el personaje que va a interpretar existió, era una alta dama que, entre otras cosas, le daba por hacer galas líricas de dudoso gusto. No por lo que escogía, que era ampliamente conocido, sino por su modo particular de cantarlo.

Sí, estamos tratando la vida, pasada ya al cine, de Florence Foster Jenkins. Una dama de alta sociedad, aficionada a la ópera y que se dedicó a tomar lecciones de canto, crear un grupo de Ópera y, finalmente, cantar en recitales privados y que llegó, eso sí, a cantar en el Carnegie Hall en octubre de 1944. Un mes después falleció tras las secuelas de un infarto que tuvo dos días después de ese gran recital público. El recinto se llenó de gente que había conocido la “fama” de esta buena mujer. Se suele escribir que las críticas ácidas lograban el efecto contrario: el de querer comprobar in situ las “cualidades” vocales. Para más inri, la propia Florence Foster atribuía las críticas a la envidia.

Dama acaudalada, Florence pudo dedicarse a lo que le gustaba, aunque para ello necesitó el fallecimiento de sus padres. De su padre en 1909, heredó una buena cantidad de dinero; de su madre en 1928, la libertad de dedicarse a lo que quería. Ya había hecho algunos recitales menores antes de 1928 pero la muerte materna le liberó de las críticas a sus decisiones de querer cantar. Llegó a grabar nueve arias en cinco discos que, posteriormente, fueron reeditados para CD, para que las nuevas generaciones aficionadas a la ópera supieran de la existencia de esta cantante que, si lleváramos la analogía al cine, se asemejaría a Ed Wood. Como anécdota,recordamos un accidente de taxi que, según ella, le permitió alcanzar notas más agudas(“un Fa más alto que nunca”) y como le envió un regalo al conductor del vehículo donde iba.

En mayo se estrenará la película de Meryl Streep con la intención de saber cómo plasma la historia de esta mujer que cantó lo que quiso y que fue ella misma, como así le habría sugerido Charles Chaplin.