Momentos memorables: Obertura de Don Giovanni

Cuentan varias historias, relatos que Giuseppe Verdi, en sus años de estudio en Milán, estudió por recomendación de Vincenzo Lavigna la ópera “Don Giovanni”. Verdi, que había sido rechazado por el Conservatorio de Milán-que, para más inri, llevaría su nombre posteriormente- fue pupilo del mencionado Lavigna que, en esa época,era maestro concertador en el Teatro alla Scala y profesor de solfeo en el Conservatorio de Milán.

“Don Giovanni” es, quizás, una de las grandes óperas que se hayan compuesto. Tiene un cierto halo de madurez musical del propio Wolfgang Amadeus Mozart que casi se puede decir, no logra extender a “Così fan tutte”( más cercana a “Las bodas de Fígaro”) y a “Die Zauberflöte”. Es, en definitiva, la cúspide de la obra operística mozartiana. Aquí ya hemos tratado algunos instantes conocidos como la aria del catálogo, la más conocida de Don Ottavio, “Il mio tesoro intanto” o de Donna Anna, “Non mi dir”.

Sobre la obertura, igualmente, han surgido infinidad de leyendas, historias varias sobre el momento en que fue compuesta, resumiendo que fue realizada la noche antes del estreno en Praga. Sí que se sabe que fue lo último que se compuso de la ópera y, con la mente puesta en la ópera, concibió la obertura con la esencia propia de la obra.Se percibe lo sombrio de los instrumentos de viento metal y madera con el uso mayoritario(sobre todo al principio) de notas redondas y blancas(es decir, de forma fácil de entender, con sonidos que se extienden, creando esa atmósfera que acompaña y que, en sus primeras notas, recuerda a la irrupción de la estatua del comendador al final de la ópera. La grandeza de la obertura hace difícil analizarla, desmenuzarla. Lo más recomendable sería, en esta ocasión, es coger unos auriculares y escuchar los matices que Mozart va ligando entre los instrumentos de cuerda(sobre todo un grupo de violines) y los del viento, con permiso de los timbales.

Atril de honor: Seiji Ozawa

Nacido en Shenyang, una ciudad china pero que, en su día, estaba bajo poder japonés. Su primera vocación fue tocar el piano pero una lesión jugando al rugby le llevó a quedar imposibilitado para tocar el instrumento que deseaba. En ese momento, su maestro en el Toho Gazkuen School of Music le condujo al mundo de la dirección orquestal. En 1959 ganó un galardón en un concurso internacional para jóvenes directores en Besançon.Ese triunfo llevó a Ozawa a Estados Unidos, invitado por Charles Munch que era director musical de la Boston Symphonic Orchestra, para acudir a la Berkshire Music Center(actualmente, Tanglewood Music Center) para seguir mejorando su faceta de dirección orquestal.

Entre 1960 y 1961 se va concretando su futuro en el que destacó una beca para estar trabajando como director asistente con Herbert von Karajan en Berlin.Pero también hay otra persona que queda cautivada por Ozawa: Leonard Bernstein, con el que trabajó cuatro años en la New York Philarmonic(1961-1965).

Durante ese tiempo, en 1962 hizo su primera intervención con la San Francisco Symphony. En el periplo de mitad de la década de los sesenta compaginó la dirección del Festival de Ravinia, detrás del cuál está la Chicago Symphonic Orchestra(1964-1969), ya la Toronto Symphonic Orchestra(1965-1969).  Con la orquesta de San Francisco estuvo como director musical entre 1970 y 1977, amén de posteriores actuaciones como director invitado.

Pero Ozawa y Boston Symphonic Orchestra se tenían que cruzar de nuevo. Recordemos que un anterior director musical de esta orquesta, Charles Munch  había llevado a Ozawa hasta Berkshire Music Center, propiedad de la Boston Symphonic Orchestra. Entre 1973 y 2002 se mantuvo la relación entre la orquesta y el director japonés. En 1992 también decidió fundar junto a K. Akiyama la Saito Kinen Orchestra.En una relación tan larga, dio tiempo también a alguna que otra controversia que no ayudó.

En 2002 comenzó su periplo con la Wiener Staatsoper y su única participación en el concierto de Año Nuevo. En 2006 tuvo que apartarse durante un tiempo al sufrir una neumonía. Cuatro años después, fue un cáncer quién lo apartó de la dirección musical de la institución vienesa.Durante medio siglo ha ido dirigiendo orquesta y recibiendo premios honoríficos.

 

Sobre su recorrido musical destaca su interés por la música del siglo XX, destacando su presencia en el atril en algunas “premières” de artistas tales como Ligeti, Messiaen, McKinley, Bazelon o Carl Orff y su conocida “Carmina Burana”, amen de un repertorio más clásico.Además de gozar de una memoria fotográfica, importante en un director de orquesta, también lleva consigo una faceta de formación de nuevos músicos jóvenes.

Ópera e Historia: Adrienne Lecouvreur

Sin duda, en esta época tan mediática todo el mundo sabría quién sería la actriz Adrienne Lecouvreur, habría disfrutado de su interpretación de Jean Racine a través de la gran pantalla o la pequeña… pero ella nació a finales del siglo XVII(1692) y las referencias sólo podían ser escritas a través de crónicas, libros que glosaron su vida y su recorrido en los escenarios. Obviamente, nada visual o sonoro que nos permitiese saber cómo era su voz, como se movía ante el público que iba a verla. De ella se escribió que innovó el arte interpretativo haciéndolo más natural en la declamación, a diferencia de lo que se llevaba en la época. Fue aplaudida, su carrera con todo fue corta ya que falleció en 1730, con treinta ocho años, envenenada. Su funeral fue tan intenso de dolor como cargado de enojo, debido al rechazo de la Iglesia a ser enterrada de forma cristina, lo que llevó a Voltaire a escribir un poema sobre el asunto. Su triste historia fue objeto de varias obras entre la que destaca la ópera de Francesco Cilea “Adriana Lecouvreur”,estrenada en 1902.Hubo una opereta”Adrienne” de Walter Goetze, hubo una película muda con Sarah Bernhardt en 1913, una pelicula en 1928, otra en 1938. Una historia de amores, celos, envidia y muerte.

Como decíamos, nació en 1692 en Épernay. Sus primeros años mostraron una vocación artística que fue dirigida desde sus pasos en representaciones amateur. Legrand,actor y profesor fue el primero que empezó a llevarla por el camino de la interpretación. De París a Lille, Legrand recomendó que Adrienne entrase en una compañía donde,además, Adrienne Couvreur(su verdadero nombre) se transforma en Lecouvreur. Sus primeras interpretaciones están dentro de la comedia.Durante una década actuó por la mencionada Lille, Luneville, Estrasburgo hasta llegar en 1716 a París. Ya en ese tiempo su vida profesional iba encaminada pero su vida personal era errática con dos hijos de padres diferentes.

En 1717 y durante trece años fue la actriz de la Comédie-Française. Su forma de actuar cautivó a la gente por su naturalidad en la actuación, incluso innovando en la vestimenta, más relacionada con la obra y su tiempo.Aunque se desenvolvía bien en la comedia, era la obra dramática donde destacaba. En 1721 se relacionó con Mauricio de Sajonia, quién estuvo con ella en sus últimas horas. Es ahí donde surge el famoso triángulo amoroso que Cilea logró dar forma musical y cuya pieza maestra, a parte de arias, es la famosa declamación del monólogo de “Fedra”, de Jean Racine y que hace poco analizamos en “Momentos memorables“. Con todo, fueron trece años de mucho éxito para la actriz.

En 1730 murió envenenada. Aunque las miradas se dirigieron hacia la duquesa de Bouillon, mortal enemiga de la actriz, nada confirmó la autoría (a pesar de un mensaje que que recibió la actriz, indicando la posibilidad de morir envenenada un año antes)y sí mucha leyenda que, en cierto sentido, prolongó la figura de Adrienne. El triángulo amoroso fue propicio para una fama que se extendió durante casi tres siglos. En sí, la realidad es que ella cayó enferma, murió de forma natural pero una mano “asesina”(aunque sea de forma sugestiva) ayudó a llevar al personaje más allá de su vida artística.

Momentos memorables: carta de Tatiana

Posiblemente, estamos ante una de esas arias que, escuchándola, uno desea volver a hacerlo una y otra vez. La juventud del personaje de Tatiana, su ilusión, su pasión por Eugene Oneguin nos permiten disfrutar de un aria, en el que Piotr I. Chaikovsky capta esos matices de un enamoramiento que, siendo el primero de ella, es especial. Ella abre su corazón a un personaje que, con su altivez y cierto desdén, le responde luego que el amor que siente por ella es fraternal, dejándola desilusionada. El destino y el tiempo, posteriormente, le permitió a ella devolver la jugada, cuando él le pidió estar juntos cuando ella ya estaba casada y con un alto nivel de vida. La ópera estaba basada en la obra de Alexander Pushkin.

Sobre la aria podemos hablar de varios aspectos pero, sobre todo, una sugerencia: escúchela intentando, por un momento, abstraerse de lo cantado e intentando percibir los matices musicales. Comprobar como Chaikovsky logra que la voz de la soprano casi se deslice sobre varias melodías que van apareciendo a lo largo del aria. Desde esa melodía que nos trae el recuerdo de cuando se escribía con el ánimo exaltado, como su pensamiento vuela hacia Oneguin, sus miedos por la personalidad de él. Una primera parte de recitativo en el que los instrumentos de cuerda, unido al arpa nos muestran una Tatiana dubitativa sobre la carta, ni siquiera sabe como comenzarla. El uso de los instrumentos de viento(especialmente, el oboe y las trombas) tienen un papel fundamental a la hora en un momento determinado(no sin olvidar a los intrumentos de cuerda para revelar el estado anímico de Tatiana, tan capaz de lamentarse del encuentro de Oneguin y luego encomendarse sólo a él). Todo un repertorio de sentimientos donde el oboe juega un papel importante, tanto en su acompañamiento por la flauta y clarinete(momentos más emotivos para ella) como por la tromba, donde sus temores, miedos aparecen un poco en su ánimo.

Aria: Puskai pogibnu ya, no pryezhde(Carta de Tatiana)

Debido a la longitud del texto, procedemos a poneros un enlace al texto a través de internet

Voces memorables: Rosalind Plowright

Una vez más, lo reconozco, vuelvo a mis recuerdos de mi pasado como aficionado a la ópera para comentar algo sobre algún cantante determinado. Rosalind Plowright fue la primera “Leonora” que vi y escuché, el personaje de “Il trovatore”.

Nacida en 1949 en Worksop y estudió para su carrera musical en el Royal Northern College en Manchester y al London Opera Center, siendo el Festival de Glyndebourne(mediante un sistema de “tour“) donde comenzó su recorrido como cantante de ópera, siendo Ágata en “Der Freischütz“, de Carl. M. von Weber en 1975. Durante sus primeros años se fue haciendo un nombre por su país, destacand su paso por la English National Opera(ENO).

En 1980 ya empezó, a través de su éxito en Maria Estuardo, de Donizetti, su recorrido internacional que la llevó a cantar en los grandes teatros europeos, su debut en Estados Unidos en un concierto junto a José Carreras, grabar determinadas versiones aclamadas como Il trovatore con Plácido Domingo. Su carrera viró en 1999 cuando pasó a interpretar papeles de mezzosoprano, cuando había cumplido cincuenta años. Debutó en esa nueva etapa con el rol de Amneris.Curiosamente, su debut en el Metropolitan Opera House llegó en esta nueva etapa( Jenufa, de L. Janacek.) Aparte de su recorrido de cantante de ópera, destaca sus presencias en televisión o el peculiar oratorio “Not the Messiah-He is a very naughty boy”, basado en “La vida de Brian”, aparte de colaboración en alguna que otra serie.

Su repertorio tiene la extensión que puede tener cuando se pasa de interpretar los roles de soprano a los de mezzosoprano, como ocurrió a partir de 1999.El repertorio que consta en su web oficial y que abarca unos pocos roles pero variados entre los que destaca Amneris(Aida-Verdi), la Zia Principessa( “Suor Angelica”-Puccini), Fricka(Das Rheingold y Die Walküre-Wagner), Klyemnestra(Elektra-R:Strauss) o la “principessa” ( Adriana Lecouvreur-Cilea), entre otros. De su época de soprano, queda la mencionada Leonora de Il trovatore, Norma(Bellini), Isabel de Valois en Don Carlos(G.Verdi), Aida, Tosca.., Donna Anna(Don Giovanni-Mozart) o una sintomática Abigaille, en Nabucco.

Terminamos esta entrada dedicada a esta gran cantante de ópera con dos clásicos:la invitación a entrar en su página web, donde podrá conocer más sobre la persona y la voz, y verla participar en un punto clave como es la formación de jóvenes valores. Como ella indica, el paso que ha tenido de mezzo a soprano y volver con el tiempo a mezzo requiere de un cuidado en el proceso. En sí, es una masterclass donde va explicando aspectos a corregir.

Momentos memorables: Dio, che nell’alma infondere

Si el dúo “Sì, pel cel marmoreo io giuro” entre Yago y Otello iba a ser el más característico cuando hablamos de la maldad de los dos personajes, este “Dio, che nell’alma infondere” nos lleva a lo opuesto, a un dúo de amistad y lealtad por parte del infante Don Carlos, hijo del Rey Felipe II y el Marqués de Posa, un personaje que no tiene la relación con la historia que tienen algunos de los personajes de esta ópera de Giuseppe Verdi(el propio infante, Isabel de Valois, Felipe II, la princesa de Éboli…), pero que tiene una personalidad bastante arrebatadora(lealtad hasta el sacrificio ante el infante, personalidad ante el Rey,etc)Este dúo del segundo acto(a veces, suele presentarse como primero, de hecho hay una versión de Riccardo Mutti, Franco Zefirelli y Luciano Pavarotti que es así) es una parte de una escena más grande de este dúo, es el conocido “È lui! desso… l’Infante!”. Durante la primera parte de ese dúo(y que está en el enlace de arriba), el infante le revela al marqués que está enamorado de Isabel de Valois, su madrastra y que, en su día, debía haber sido su mujer pero la muerte de la reina Maria I de Inglaterra, segunda esposa del rey Felipe II, hizo que se cambiaran los planes. El marqués de Posa se nos revela como una persona interesada por los intereses de Flandes y piensa que el propio infante es la persona más adecuada para cambiar la situación que sufre esa zona. Una lealtad que se percibe en esta parte final, en ese “Dio, che nell’alma infondere” que, en su parte final, tras ver aparecer a Isabel II acompañada por el rey Felipe II-

La escena, pues, tiene tres partes casi un A-B-A’ donde A sería la interpretación al mismo tiempo de este fragmento por ambos mensajeros ,B en el momento en que aparece Isabel de Valois y el Rey Felipe II mientras el infante se siente morir y A’ el grito final de “vivremo insieme, morremo insiem, grido estremo sarà” en el que Verdi busca darle mas fuerza al personaje del marqués y que es el que intenta recuperar el ánimo del infante, decaído por lo que ha visto. En la mencionada primera parte, vemos un juego de la orquesta que, aparte de darle el protagonismo a las voces, va a un ritmo casi marcial(especialmente a partir de “giuriamo insieme di vivere). La orquesta se va apaciguando con la llegada de la pareja real y el coro. Unas notas jugando con la propia ansiedad del infante nos llevan a la unión de ambos personajes en un único grito de libertad mientras la orquesta termina el acto.Por último, destacar el juego de esas notas finales que Verdi recuperará más tarde en otra escena, donde el infante acaba confiando  unos papeles al marqués y que nos devuelven esa “camaradería” de esta escena.

Escena: final dúo acto I Don Carlos-marqués de Posa.

DON CARLO E RODRIGO
Dio, che nell’alma infondere
Amor volesti e speme
Desio nel cure accendere
Tu dei di libertà.
Giuriamo insiem di vivere
E di morire insieme;
In terra, in ciel congiungere
Ci può la tua bontà.
Dio, che nell’alma infondere(rep hasta “Tu sei di libertà”)

RODRIGO
Vengon già.

DON CARLO
O, terror! al sol vederla io tremo!

(aparece el rey Felipe II con Isabel de Valois)

CORO
(Di dentro, mentre passa il re)
Carlo, il sommo imperatore
Non è più che muta polve;
Del celeste suo fattore
L’alma altera or trama al pie!

RODRIGO
Coraggio!

DON CARLO
Ei la fè sua! Io l’ho perduta!

RODRIGO
Vien presso a me; più forte il cure avrai!

DON CARLO E RODRIGO
(Con entusiasmo

Vivremo insiem, e morremo insiem
!Grido estremo sarà: libertà! (Partono)

Atril de honor: Georges Prêtre

El vídeo que os mostramos en el enlace es un ejemplo de lo que hace la vocación por la música.El director francés recibía a la edad de 92 años grandes aplausos en la meca de la música clásica:Viena. Un éxito más a añadir a toda una carrera de setenta años desde su debut en 1946.Georges Prêtre falleció el pasado miércoles 4 de enero en Navès.

Nació en 1924, su vocación musical le llevó a estudiar piano en el conservatorio de Douay y dirección de orquesta en París con André Cluytens. Tras dirigir varias orquestas menores, su verdadero debut llegó en Marsella en 1946.Durante su periplo de dirección de setenta años, son pocos los sitios donde ha estado con mandatos de director musical: Capitole de Toulouse(1951-1955),Opéra Comique(1955-1959),Lyric Opera of Chicago(1959-1971),Paris Opéra(1970-71).

Aparte de setenta años de dirección, de dirigir en los teatros más importantes de este planeta, destaca otro tema y es su estrecha relación con la música del siglo XX de su país. Especialmente es digno de destacar su presencia en algunos estrenos y la relación con Francis Poulenc, en especial, “La voix humaine”(T.Opéra-Comique 1959) y “Sept répons pour les ténèbres” en 1963.Además, ha sido solicitado para grandes acontecimientos como la inauguración del Teatro de la Ópera de la Bastilla  en 1989 o el primer concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional de la RAI en Turín en 1994,etc.

También destacó como un director muy apreciado por Maria Callas, con la que grabó Tosca o Carmen.

Hace una semana tratábamos los conciertos de Año Nuevo en Viena, donde el director francés actuó en dos años muy cercanos:2008 y 2010. No nos olvidemos que, entre otros menesteres, había sido nombrado principal director invitado de la “Wiener Symphoniker” entre 1986 y 1991.También la propia filarmómica vienesa en Paris. Entre 2008 y 2010, dirigió en 2009( y previamente en 2005) el Concierto de año nuevo en La Fenice de Venecia, que empieza a coger cierta importancia con el paso de los años.

Terminamos esta entrada con un clásico, ver al maestro dirigir una orquesta en los ensayos, donde debe transmitir a los músicos sus impresiones sobre la obra a interpretar. Es ahí donde un director de orquesta debe mostrar sus cualidades y su personalidad y, en el caso de Georges Prêtre, se percibe su pasión.

Atril de honor:los concierto de Año Nuevo en Viena

Hay dos eventos archiconocidos del día 1 de enero de cada año: los célebres saltos de Esquí desde Garmisch y el no menos famoso Concierto de Año Nuevo(Neujahrskonzert) desde Viena, desde la fabulosa sala dorada de la “Wiener Musikverein”. Además, desde hace tres décadas, ha supuesto un honor para muchos directores de orquesta de ser los elegidos para vivir una situación idílica, como es ser un icono mundial durante poco más de dos horas, ante las cámaras y ante las televisiones de todo el mundo, mientras dirige a la Filarmómica de Viena en la interpretación de los valses de la dinastía de los Strauss.

Durante más de setenta y seis años ha formado parte de la historia de la música, ha extendido además un formato de concierto y ya son muchos los sitios que cuentan con una cita como esta con los vals. Creado en plena época aciaga de la historia mundial(la primera vez, en plena II Guerra Mundial y con el Anschluss presente-anexión de Austria al III Reich- en el ánimo de la gente). Se fue desempolvando esa imagen ligada a los peores años de la Guerra y posguerra mundial. A partir de 1959 se emitió por televisión(primero, a nivel nacional y luego extendiéndose al resto del mundo).La emisión en televisión(e internet a comienzos de esta década) ha dotado de una especial relevancia al ballet, que ha ayudado a darle más relevancia mundial.

El concierto de Año Nuevo ha tenido, en lo relativo al atril, dos épocas. Desde 1939, cuando se realizó la primera interpretació,n hasta 1986 en el que el puesto era fijo; desde 1987 hasta la actualidad se invita a un director para que dirija la Filarmónica de Viena, dando más singularidad a este acto. Entre 1939 y 1986, el atril lo ocupó Clemens Krauss, Josef Kripss, Will Boskovsky-entre 1955 y 1979- y Lorin Maazel. Fue Herbert von Karajan quien empezó ese periplo de directores invitados. Hasta la fecha trece directores han pasado desde 1987, repitiendo algunos en varias ocasiones.De hecho, Riccardo Muti hará su quinta aparición en 2018. Lorin Maazel ha sumado once porque contó con siete direcciones durante la primera etapa(1980-1986) y cuatro de forma intermitente(1994,1996,1999 y 2005). En su afán mundial, se ha ido eligiendo directores de amplio y reconocido prestigio y fuera del ámbito germánico.

 

Terminamos esta entrada invirtiendo el orden de los célebres bises del concierto de año nuevo para darle la debida importancia a esas primeras notas del “An der schönen blauen Donau“, más conocido por el Vals del Danubio azul. Y es que es conocido que, tras unas breves notas, el director invitado se dirige a los asistentes al concierto para desearle él y la orquesta un feliz año nuevo(“Die Wiener Philarmoniker und ich wünschen Ihnen prosit NeuJahr”). Desde 1958 es tradición terminar el concierto con esta pieza y la célebre Marcha Radetzky( si bien, en 2005, no se llevó a cabo esta última en memoria a los fallecidos en el tsunami que azotó el sudeste asiático).Ambas totalmente dispares, nos ofrecen la belleza visual y sonora de este Danubio azul como si de un viaje junto al mítico rio que cruza media Europa del Este…y el ritmo del público en la famosa marcha con la que se culmina el concierto de cada año.

Momentos memorables: Giusto cielo(monólogo Adriana Lecouvreur)

Adriana Lecouvreur es un personaje de ópera e intérprete. Aunque en un futuro comentaré en el apartado “Ópera e historia”, Adriana(o mejor dicho, Adrienne) fue una actriz del siglo XVIII que estuvo enamorada de Mauricio de Sajonia y asesinada por envenenamiento por la duquesa de Bouillon. Su vida y, especialmente, su muerte acabaron siendo objeto de obras que encumbraron al personaje, potenciaron su drama. En este tercer acto(la ópera de Francesco Cilea tiene cuatro), Adriana acude a una fiesta en el palacio de su rival. Con el susto en el cuerpo al escuchar que su amado Mauricio podría estar herido, éste aparece contento por sus últimas gestas. En la parte final de la velada, tras insistirle la propia noble, recita un monólogo de “Fedra”, de Jean Racine, dramaturgo francés del siglo XVII.

En sí, la verdadera belleza de este fragmento es la evolución del personaje: como va declamando al principio y como, con el paso del monólogo, a medida que van apareciendo los momentos de tensión, empieza a coger importancia la música para acentuar ese ambiente(en el que se va percibiendo tenuemente ese comienzo del acto II)y va in crescendo hasta que, al final, la propia soprano ya debe cantar como tal en esa última frase (che mai debba arrossir), en lo que es la definitiva demostración de un pulso entre la artista y la noble. La música ejerce una labor de acompañamiento de una forma clara, que, en todo caso, logra inyectar esa tensión a la escena. La escena que le sigue deja un elocuente “sconsigliata” de Michonnet, que teme el destino de Adriana, mientras ésta se despide con ira.

ADRIANA
(recitando)

“Giusto cielo!
che feci in tal giorno?
già s’accinge il mio sposo
col figlio al ritorno:
testimon d’un’adultera fiamma,
ei vedrà in cospetto del padre tremar,
tremar mia viltà,
e gonfiarsi il mio petto de’ vani sospir,
e tra lacrime irrise il mio ciglio languir!”
(guardando a Maurizio)

“Credi tu che, curante di Teseo la fama,
di svelargli non osi l’orrendo mio dramma?
che mentire ei mi lasci al parente ed al re?
e raffreni l’immenso ribrezzo per me?

Egli invan tacerebbe!
So il turpe mio inganno,
o Enon, né compormi potrei,
come fanno…”

(guardando alla principessa)

“…le audacissime impure, cui “gioia é tradir,
una fronte di gelo, che mai,
mai debba arrossir!”

TUTTI

Brava!…
MICHONNET
(sottovoce a Adriana)
O sconsigliata, che mai facesti?

TUTTI
…Sublima! Brava! Sublime! Sublime!

ADRIANA
(a Michonnet)
Son vendicata!

PRINCIPESSA
(fra sè)
Un tale insulto sconterà!

(a Maurizio)
Restate!

ADRIANA
Chiedo in bontà di ritirarmi.

Sobre la ópera: El bien y el mal(Sarastro vs. Reina de la Noche)

Cuando una persona aficionada a la ópera empieza a informarse sobre una obra determinada, empieza a ver a asuntos que llaman la atención del argumento. Quizás, uno de los ejemplos más claros es ese ejemplo del bien y el mal que representan Sarastro y la Reina de la Noche. Sí, me pueden indicar palabras que indiquen mejor la diferencia(sabiduría vs. ignorancia, obstinación; saber estar vs. venganza como instinto primario) pero creo que todo, dentro de una ópera( o más correctamente, “singspiel”) que alterna lo sublime con lo popular, es más sencillo recurrir al escalón inicial del bien contra el mal.

Sin embargo, lo curioso es la estructura que Wolfgang Amadeus Mozart y Emanuel Schikaneder(libretista) plantan con un primer acto en el que, salvo la conversación de Tamino y el orador, todo apunta a una maldad intrínseca de Sarastro que ha secuestrado a Pamina, hija de la Reina de la Noche. Después, en un golpe de maestría, invierten los roles y la maldad ha sido incomprendida, mientras que la bondad es ficticia y esconde una personalidad turbulenta.

Pero vayamos por partes. Como decíamos. En el primer acto, vemos a la Reina de la Noche como una madre preocupada ante el rapto y, encontrando a Tamino, le pide el favor de rescatarla. Su sufrimiento la ennoblece…en principio.
(por

El primer acto termina con una actuación cargada de enojo. Castiga a Monostatos con dureza a pesar que el sujeto había intentado actuar correctamente al impedir la huída de Papageno y Pamina. Quizás obnubilados por un argumento principal, por el cual la Reina de la Noche es la “víctima” y Sarastro el “malo”, dejamos escapar en principio ese grito de la muchedumbre hacia el supuesto “malo”(por cierto, con algunos “argumentos” que actualmente serían algo “políticamente incorrectos).

Como comentábamos antes, el segundo acto revierte todos los papeles… y la Reina de la Noche se nos vuelve vengativa, escandalizada al saber que Tamino ha entrado en el proceso para iniciarse en el “conocimiento”. De ahí surge, una de las más célebres arias de la historia de la ópera, el famoso “Der Hölle Rache” que impone una capacidad vocal y una técnica considerable a la soprano además de un esfuerzo interpretativo.

En contraposición, tenemos la altura de miras, la generosidad…de Sarastro cuando,al sufrido comentario de Pamina al decir que su madre aún sufre el dolor de perderla. El canto en favor de una nave consagrada al amor y no a la venganza, al perdón y no a la traición. Es “In diesen heil’gen Hallen” una aria que, personalmente, aprecio mucho.No sólo está el tema de lo que dice Sarastro, también la belleza de una melodía pura, quizás sencilla en apariencia pero que logra elevar mucho el alma.

Al final, es evidente cómo iba a acabar esta ópera.