Momentos memorables: escena final Luisa Miller

Aunque ya tendríamos ejemplos de la maestría de Verdi en el manejo del tema de los celos y el arrepentimiento, en “Luisa Miller” tenemos un ejemplo que deja el corazón sobrecogido. La juventud de Luisa, su modo de perdonar a Rodolfo en el último instante de vida, el arrepentimiento de él cuando sabe que sus celos han llevado a un acto tremendo e injusto. Entre medias, el padre de Luisa desesperado por el dolor. Ese “Padre, ricevi l’estremo addio” es apoteósico por el impresionante caudal de sentimientos a lo largo, de escasos pero espectaculares dos minutos que, casi, se podría decir se pierden en el final decisivo, cuando Rodolfo mata a Wurm y cae muerto delante de su padre, Walter, que había movido todos los hilos y estrategemas para apartar a su hijo de Luisa y emparentarlo con la duquesa Federica. Todo un final que llega al más profundo recoveco del corazón.

Del terceto podríamos sentir dos partes diferenciadas en el rol de un sólo instrumento musical que le va a dar el sentido al drama.El comienzo, tímido, es de Luisa Miller quien necesita el aliento paterno(Padre, ricevi, l’estremo addio) mientras la orquesta va, poco a poco, entrando en el ambiente(por un lado, fagot, oboe y clarinete; por otra parte, un grupo de los violines) del pesar. Los sentimientos de cada uno de los personajes se va deslizando(el perdón de Lisa, el arrepentimiento de Rodolfo y la tristeza de Miller) pero es el arpa quien nos aporta el verdadero sentir de este terceto, ese amor “celestial” que se prometen Luisa y Rodolfo y que llega a un sentido “insieme accogliere ne deve il ciel”(el cielo nos debe acoger juntos) mientras el arpa, como escribíamos antes, es el que potencia ese sentimiento contradictorio de un amor por encima del perdón y el arrepentimiento.

Escena final de Luisa Miller

LUISA
Tu dicesti la morte?
Ah! d’ogni vincolo sciolta per lei son io!
Il ver disvelo . . . apprendilo.
Moro innocente!

RODOLFO
O Dio!

LUISA
Avean mio padre i barbari
avvinto fra ritorte
ed io . . .

RODOLFO
Finisci.

LUISA
Ahi, misera . . .
onde sottrarlo a morte . . .
come quel mostro . . . intendimi . . .
Wurm imponeva a me,
il foglio scrissi.

RODOLFO
O fulmine!
Ed io t’uccisi!

LUISA
Ahimè!

RODOLFO
Ah! Maledetto, il dì che nacqui,
il mio sangue, il padre mio!
Fui creato, avverso Iddio,
nel tremendo tuo furor.

LUISA
Per l’istante in cui ti piacqui,
per la morte che s’appressa,
d’oltraggiar l’Eterno, ah! cessa . . .
mi risparmia un tanto orror . . .

(Entra Miller)

MILLER
Quai grida intesi? Chi veggo? O cielo!

RODOLFO
Chi? L’assassino, misero,
vedi del sangue tuo!

MILLER
Che disse? Io gelo!

LUISA
Padre!

MILLER
Luisa!

RODOLFO
Ma voglio a’ piè colui svenarti . . .

LUISA
Rodolfo . . . arresta . . .
già mi serpeggia la morte in sen . . .

MILLER
La morte! Ah! dite!

RODOLFO
Scampo non resta! Un velen bevve!

MILLER
Figlia! Un velen!

LUISA
Padre, ricevi l’estremo addio,
mi benedici, o padre mio.
La man, Rodolfo . . . sento mancarmi . . .
più non ti scerno . . . mi cinge un vel . . .
Ah! vieni meco, deh! non lasciarmi,
insieme accogliere ne deve il ciel.

MILLER
O figlia, o vita del cor paterno!
Ci separiamo dunque in eterno?
Di mia vecchiezza promesso incanto,
sogno tu fosti, sogno crudel!
No, non è più mio quest’angel santo,
me lo rapisce invido il ciel!

RODOLFO
Ah! tu perdona il fallo mio,
e perdonato sarà da Dio,
ambo congiunge un sol destino,
me pure investe di morte il gelo.
Sì vengo teco, spirito divino,
insieme accogliere ne deve il ciel.

(Luisa muore)

CONTADINI
Profondi gemiti fra queste porte!
Che avvenne?

WALTER
Spenta!

CONTADINI
Dio di pietà!

(Rodolfo scorge Wurm, ch’è rimasto
sulla soglia, afferra velocemente
la spada, e lo trafigge)

RODOLFO
A te sia pena, empio, la morte.

(a Walter)

La pena tua mira!

(Cade morto accanto a Luisa)

WALTER
Figlio!

TUTTI
Ah!

Atril de honor: Erich Leinsdorf

Estamos, en esta ocasión, con un director de orquesta que, en su infancia, debió de huir de Austria por los acontecimientos que se dieron con el ascenso al poder de Adolf Hitler en Alemania. De orígenes judíos, Erich Leinsdorf y familia acabaron cruzando el Atlántico para llevar allí su vida.

Nacido en 1912, su vocación por la música desde pequeño le llevó a aprender a interpretar con un violoncelo, composición y piano, llegando a ser acompañante de cantantes. Estudió dirección de orquesta en el Mozarteum de Salzburgo y también en Viena. Estuvo de asistente de un grande como Toscanini en el Festival de Salzburgo.

La mencionada llegada al poder de Hitler y su preocupación por ser perseguido le llevó, afortunadamente con unos serios fundamentos musicales, a Estados Unidos, donde llegó como director asistente al Metropolitan neoyorquino.Durante tres años estuvo al cargo pero la Orquesta de Cleveland pero sus obligaciones con el ejército norteamericano(fue nacionalizado en 1942) impidieron mayor presencia del director, no siendo renovado.Entre 1947 y 1955 estuvo en la Rochester Philarmonic Orchestra-no sin ganarse unos cuantos enemigos- y en la New York City Opera. Durante siete años estuvo en la Boston Symphony Orchestra(1962-1969).

De la época de Boston llegaron varias de sus grabaciones con RCA. Durante cerca de dos décadas fue dirigiendo orquestas como invitado, incluyendo un paso de dos años por Cleveland(1982-1984) o su salida de Israel días previos a la Guerra de los Seis días. Tuvo la oportunidad de dirigir en toda una institución operística como es el Festival de Bayreuth.

Terminamos una vez más, en el caso del director de orquesta, con un vídeo que nos muestra su faceta de dirección durante los ensayos, donde explica con aparente tranquilidad las mejoras que considera idóneas en la interpretación de la obra. También recordamos aquí su intervención un 22 de noviembre de 1963 en Boston, cuando anunció el asesinato de John Fitzgerald Kennedy y su anuncio de interpretar la marcha funeraria,en la tercera sinfonía de Beethoven.

Sobre la ópera: Mario Lanza, ópera en el cine

Si la ópera ha encontrado quien la difunda desde el cine, ese actor es Mario Lanza. Desde el inigualable “El gran Caruso” hasta su aparición, en varias bandas sonoras, después de fallecer en 1959. Quizás es el que más ha hecho porque la ópera apareciera en el cine con ímpetu. Otro asunto será la calidad técnica de este actor cuando cantaba, pero en el cine encontró un hueco en el que fluyó su música. Quizás, consciente de que su voz no se podría escuchar en un teatro de ópera, el mundo del cine fue su mejor lugar demostrar sus dotes sin más exigencias. Su muerte, curiosamente, impidió que pudiera interpretar algún que otro papel sobre un escenario de verdad: El teatro San Carlos, de Nápoles, le ofreció cantar la ópera que desease, eligiendo el actor que fuera el rol de Canio en “I Pagliacci”.Ya en su última película “For the first time”, en 1959, ya nos dejó la interpretación de la aria más emblemática del personaje.

Estudió canto primero con su madre, de la que cogió el nombre(él se llamaba Alfred Arnold Cocozza pero asumió el nombre de Mario Lanza en honor a su madre, Maria Lanza). Ella, según se cuenta, tenía una bella voz de soprano. Con beca en Berkshire Music Center, debutó como Fenton en la obra de Otto Nicolai “Las alegres comadres de Windsor”. La II Guerra Mundial frenó la trayectoria incipiente en la ópera. Tras la confrontación bélica, comenzó la relación con el cine y los recitales. En 1949 rodó la primera película pero la más grande obra llegó pronto: se puso en la piel de Enrico Caruso. Es la obra que, además de poner en alza la figura del mítico tenor napolitano, permitió a Mario Lanza conseguir un nombre.

Su carrera durante la década de los cincuenta fue de altos y bajos: éxito en lo profesional(pero tampoco tanto, luego lo explicaremos) pero desgraciado en lo personal, acabando en el alcohol, las deudas y el sobrepeso. Curiosamente, en el terreno profesional, los trabajos en el cine impidieron que tuviera la ópera un mayor peso en su vida. A lo sumo, se recuerda un par de representaciones como Pinkerton en “Madama Butterfly”. Su segundo gran éxito llegó como actor en “Serenade”, junto a Joan Fontaine y Sara Montiel.

Uno de los problemas que tuvo en el mundo del cine fue el rodaje de “El príncipe estudiante”, del que fue despedido pero que, entre otros motivos, destacó la crítica que recibió de Curtis Bernhardt, quien se quejó de la interpretación de una de las canciones de una forma “muy emocional”, quizás entendida como “sobreactuada”.En parte, una de las sensaciones que tengo de Mario Lanza es esa, que son interpretaciones algo recargadas pero, sin negar el valor a una voz que, en cierto sentido, era agradable de escuchar. Entre la música de corte popular, dejó buenas interpretaciones de napolitanas, canciones norteamericanas y una emblemática “Arrivederci Roma” en “Las siete colinas de Roma”

Dejó un buen legado de películas, grabaciones pero, sobre todo, destaca su influencia. El mismo José Carreras reconoce lo que supuso Mario Lanza en su carrera musical, también Plácido Domingo ensalza su labor. Su voz, después de muerto, ha seguido sonando en varias bandas sonoras de películas, series, etc.

Momentos memorables: Obertura de “Die fliegende Holländer”

Si hay una ópera que recomendaría que fuera la primera para meterse de lleno en el universo de Richard Wagner es, sin duda, “El holandés errante” o, según su título original “Die fliegende Holländer” una historia de redención, amor y, no vamos a engañar, cierto misterio. Este holandés era un navegante maldecido-mejor dicho condenado-tras vender su alma a Satanás, debiendo navegar en el mar sin parar y teniendo, al menos, la posibilidad de poder parar en un puerto cada siete años para encontrar un amor puro que lo salve de la maldición. Un amor llevado al extremo y que encuentra en Senta, hija del marinero Daland, la posibilidad de redención.

La obertura cuenta, de principio a fin, con buena parte de los “leitmotivs” que, desde ese momento, Richard Wagner nos introduce para ir entrando en la trama. Con un intenso principio que nos lleva al ambiente marítimo en plena tempestad. Los instrumentos de cuerda(violoncellos, contrabajos y violas) nos muestran la fiereza del mar, mientras los instrumentos de viento intensifican lo que también será el abordaje del barco del holandés al de Daland.La orquesta cambia el tema y nos lleva a Senta y la redención. El regreso a la tormenta permite que no se junte el tema de Senta con el de los marineros que se repetirá al comienzo del (tercer acto pero que aquí nos anticipa.Termina la obertura regresando, una vez más, al tema de Senta que, igualmente, nos recordará su interpretación del acto II, cuando explica la historia del marinero.Otro tema que no se debe olvidar es el que luego nos llevará a la explicación del sufrimiento y debida redención del holandés y que explicará en su aria “Die Frist ist um.”

Voces magistrales: Beverly Sills

Beverly Sills fue llamada la “Reina de la Ópera Americana”. Tuvo una vida muy intensa: una carrera anterior a la ópera, tres décadas de ópera pero, en la que se dedicó también a otro tipo de actuaciones(por ejemplo, se destaca un par de actuaciones conjuntas con la actriz Carol Burnett en 1976)e, incluso, ejerció varios cargos hasta que el cáncer de pulmón acabó con su vida con 78 años y un cariño ganado a pulso.

Nacida en 1929 como Belle Miriam Silverman, adoptó su nombre artístico de “Beverly Sills” tan pronto como comenzó su fulgurante carrera artística. Y es que, de pequeña,ya estaba en los escenarios o apareciendo en películas. Aprendió canto con Estelle Liebling, aunque también habría que tener en mente a Bamboschek, por entonces, director de la Philadelphia Opera Company cuando la cantante dio el salto a la ópera.

Durante buena parte de la década de los cuarenta se dedicó a la opereta pero llegó un momento, en 1946, en la que se pensó en dar el paso a la ópera.En 1951 llegó su debut como Frasquita en la ópera “Carmen”, de Georges Bizet.Desde ese momento, comenzó su carrera en el mundo de la ópera. Tras varios éxitos durante varios teatros estadounidenses, apareció en Nueva York en 1955 como Rosalinda en la obra “El murciélago”.Hasta mediados-finales de los sesenta apenas se había movido del continente americano y, en ese momento, ya era contratada en Europa: Colonia,Viena,Milán, Londres, París.Curiosamente, su primera interpretación en el Metropolitan llegó en 1975, casi 25 años después de debutar.

Estuvo actuando hasta comienzos de los 80, siendo Adele, de “El murciélago” su última puesta en escena. Después, unas pocas galas más con apenas cincuenta años(si bien, llevaba cuatro décadas en el espectáculo).Por una parte, su lucha contra un cáncer que tuvo en 1974 y del que fue operada, sumado a los problemas que tuvieron sus hijos hizo que se apartara del canto bien pronto. Por cierto, también ayudó en labores solidarias, destacando una fundación para tratar las enfermedades y defectos de nacimiento.

Después de eso, ejerció como directora de la New York City Opera(1979-1989), del Lincoln Center(1994-2002) y del Metropolitan desde 2002 hasta 2005.

Su repertorio se decantó, en buena parte, por el bel canto, por sus cualidades.Pero también cantó roles de Mozart, Strauss, Puccini y, en menor grado, Verdi(si bien, la Violetta de La Traviata fue uno de los roles que más le acompañaron) o Wagner.De los roles que interpretó, destacó “Roberto Devereux”, de Gaetano Donizetti, del que consideraba que el rol de Elisabeth I le acortaba su carrera, por su exigencia, pero que no olvidaba la primera noche que la interpretó. De Carmen, aunque la cantó poco, asumió tres roles:Frasquita(1951), Micaela(1952-1958 y Carmen(1956). Eso si, una discografía poco abundante.

Terminamos esta entrada con la web oficial de la cantante y que actúa como un portal-homenaje a la persona y a la cantante. Es de las pocas que he visto completas y que recomiendo ver y disfrutar, en especial esta página de “rarezas” en el que se ve, entre otras, una intervención musical con 8 años. Como último vídeo, una interpretación alejada de la ópera, pues Beverly Sills también se decantó por otros estilos antes y durante su carrera operística.

 

Momentos memorables: Udite, udite o rustici

Al igual que Rossini, Donizetti realizó tanto óperas serias como otras bufas, cómicas; además de “Don Pasquale”, la más conocida entre las últimas sería “L’elisir d’amore”, una bella historia de amor y cierta dosis de humor que ayuda a desarrollar la ópera. Para esta dosis de gracia, se contó con dos personajes: el creído sargento Belcore y, sobre todo, ese charlatán llamado Dulcamara, un médico ambulante que trata de vender sus productos a los aldeanos, embaucador a granel y que tiene que ver como Adina no cree tanto sobre sus “elixires” a la hora de conquistar a Nemorino. El elixir de amor actúa de una manera bien diferente: en vez de un enamoramiento a simple vista, llega vía celos de Adina sobre otras mujeres y que le hace ver que, en verdad, quiere a Nemorino, sin saber que aquellas estaban con el joven porque sabían que se había convertido en rico, gracias a una herencia cuantiosa.

Lo primero, antes de todo, dejar bien claro que estamos ante un canto sillabato, quizás menos llamativo que en otras óperas de Rossini, pero que deja la primera impresión en el espectador, pues estamos hablando de la aparición en escena del personaje de Dulcamara y fue la decisión del compositor de dotarle de su personalidad desde el primer instante en el que pisa el escenario.En cierto sentido, tampoco se puede considerar como muy exigente pero que es importante a nivel interpretativo para dar la imagen correcta.También hay que valorar los giros musicales que lleva la cavatina de principio a fin y que coinciden, más o menos, con las particularísimas cualidades del producto.

Cavatina: Udite, udite o rustici

DULCAMARA
Udite, udite, o rustici
attenti non fiatate.
Io già suppongo e immagino
che al par di me sappiate
ch’io sono quel gran medico,
dottore enciclopedico
chiamato Dulcamara,
la cui virtù preclara
e i portenti infiniti
son noti in tutto il mondo… e in altri siti.
Benefattor degli uomini,
riparator dei mali,
in pochi giorni io sgombero
io spazzo gli ospedali,
e la salute a vendere
per tutto il mondo io vo.
Compratela, compratela,
per poco io ve la do.
È questo l’odontalgico
mirabile liquore,
dei topi e delle cimici
possente distruttore,
i cui certificati
autentici, bollati
toccar vedere e leggere
a ciaschedun farò.
Per questo mio specifico,
simpatico mirifico,
un uom, settuagenario
e valetudinario,
nonno di dieci bamboli
ancora diventò.
Per questo Tocca e sana
in breve settimana
più d’un afflitta vedova
di piangere cessò.
O voi, matrone rigide,
ringiovanir bramate?
Le vostre rughe incomode
con esso cancellate.
Volete voi, donzelle,
ben liscia aver la pelle?
Voi, giovani galanti,
per sempre avere amanti?
Comprate il mio specifico,
per poco io ve lo do.
Ei move i paralitici,
spedisce gli apoplettici,
gli asmatici, gli asfittici,
gl’isterici, i diabetici,
guarisce timpanitidi,
e scrofole e rachitidi,
e fino il mal di fegato,
che in moda diventò.
Comprate il mio specifico,
per poco io ve lo do.
L’ho portato per la posta
da lontano mille miglia
mi direte: quanto costa?
quanto vale la bottiglia?
Cento scudi?… Trenta?… Venti?
No… nessuno si sgomenti.
Per provarvi il mio contento
di sì amico accoglimento,
io vi voglio, o buona gente,
uno scudo regalar.

CORO
Uno scudo! Veramente?
Più brav’uom non si può dar.

DULCAMARA
Ecco qua: così stupendo,
sì balsamico elisire
tutta Europa sa ch’io vendo
niente men di dieci lire:
ma siccome è pur palese
ch’io son nato nel paese,
per tre lire a voi lo cedo,
sol tre lire a voi richiedo:
così chiaro è come il sole,
che a ciascuno, che lo vuole,
uno scudo bello e netto
in saccoccia io faccio entrar.
Ah! di patria il dolce affetto
gran miracoli può far.

CORO
È verissimo: porgete.
Oh! il brav’uom, dottor, che siete!
Noi ci abbiam del vostro arrivo
lungamente a ricordar.


Atril de honor: Tullio Serafin

Como he hecho en otras ocasiones, recuerdo que mi primer recuerdo de una grabación con Tullio Serafin llegó en los primeros años como aficionado a la ópera. Era una versión memorable de “La forza del destino” con Richard Tucker, Maria Callas y Carlo Tagliabue en los roles principales.Gracias a un documental visionado poco después, supe que hubo una relación profesional muy estrecha entre Maria Callas y Tullio Serafin, hasta el punto de ser el director quién ayudó a la soprano en sus primeros pasos en la lírica. Junto con Arturo Toscanini, comparten una época gloriosa entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Es más, Tullio Serafin llegó a ser asistente del propio Toscanini en el teatro milanés en 1901 y estar en la orquesta dirigida por el director parmesano.

Nacido en Rottanova di Cavarzere , al sur de Venecia, en 1878, emigró a Milán con 11 años, donde estudió en el Conservatorio que, durante su período de instrucción, se pasó a llevar el nombre de Giuseppe Verdi- con gran enojo del compositor que aún estaba vivo en esa época de muy finales del siglo XIX. ALlí estudió para tocar la viola, el violín además de composición.En 1898, con el seudónimo de Alfio Sulterni, dirigió la orquesta en “L’elisir d’amore”.Cuatro años más tarde ya lo hizo con su propio nombre.

Pasó a ser asistente del propio Toscanini a dirigir en los teatros más importantes del mundo, destacando además, la sucesión en el cargo de director musical de la Scala de Milán. Milán, Londres, Turín,París le vieron dirigir las orquestas . Nueva York y su Met tardaron un poco más en verlo, tras llegar en 1924.Tras una década en la ciudad norteamericana, su siguiente destino sería la Ópera de Roma(1934-1943). Fue el encargado de dirigir la orquesta del teatro milanés en el concierto tras la reconstrucción del teatro, que sufrió las consecuencias de la II Guerra Mundial. El año 1947 supuso el encuentro con Maria Callas para llevarla a Verona a interpretar “La Gioconda”. La relación laboral fue importante, reconociéndolo así la propia soprano, que comenzaba a dar sus primeros pasos fuera de Grecia.
Pero no es sólo Maria Callas. Tullio Serafin, debido a su gran labor desde el atril, llegó a dirigir desde Enrico Caruso(1908) hasta Joan Sutherland(1959), con lo que imaginen la inmensa cantidad de artistas que han estado sobre el escenario con él dirigiendo la orquesta.

Aparte de un repertorio de óperas que alcanza los 250 títulos, dirigiendo cerca de cincuenta estrenos de compositores del siglo XX. También fue muy importante su paso por los estudios de grabación, especialmente de EMI, bajo la dirección de Walter Legge, productor de música.Si bien las grabaciones no son tantas en comparación con otros grandes directores, sí es importante la calidad que tiene.

Terminamos esta entrada con un documento en el que vemos al maestro en los ensayos del verdiano “Falstaff” y del que lamento que su sonido no sea algo mejor. Sin embargo, creo que es un curioso documento que se puede entender con cierta facilidad a pesar de estar en italiano.

Ópera e historia: los puritanos

Inglaterra vivió a mediados del siglo XVII una época convulsa.En esas fechas lo religioso y lo político llegaron a un punto en el que el país conoció una década sin reyes, tras el juicio y ejecución del monarca, Carlos I, perteneciente a la familia de los Estuardo.Tras el gobierno de la Commonwealth of England, regresó la monarquia con Carlos II, sucediéndose más reyes y reinas hasta la actual . El tema religioso fue casi paralelo al de la propia corona.

Casada con el rey Carlos I está la reina consorte Enriqueta María de Francia. Sí, ésta es la persona en la que Vicenzo Bellini ligó su ópera “I puritani” a la historia. En la propia ópera, vemos como Arturo la salva de las garras de los puritanos(https://www.youtube.com/watch?v=DfXsawkzzhI).Sin embargo, su salvación fue menos “romántica”. Huida a su Francia natal en 1644, nunca volvió a ver a su marido con vida. Volvió en 1660 una vez fracasada la mancomunidad citada.

Los puritanos surgieron con los primeros pasos del protestantismo en suelo británico. Tenían una concepción muy, digamos, particular que les hacía tener una forma de ser rayando en el respeto, la humildad y obediencia…salvo a las instituciones religiosas anglicana y católica. Una forma de ser rígida y que, bien pudo saber Elvira, cuando vio como su tío Giorgio trataba de convencer al padre de ella para aceptar la boda con Arturo, en vez de la promesa hecha a Riccardo.

Lo religioso también contó con su faceta política de la mano de Oliver Cromwell. El propio rey Carlos I no tenía gran aprecio a los puritanos. Una parte de su reinado se llevó a cabo con principios que soliviantaron a los puritanos.El propio Cromwell logró, vía militar y política, la derrocación del monarca.Su gobierno aún sigue siendo discutido casi cuatro siglos después.

Desarrollada la ópera en Plymouth, quizás Bellini, en pleno siglo XIX, quiso hacer un guiño puesto que, desde esa ciudad, fue donde partió el “Mayflower” con puritanos en 1620, rumbo a Nueva Inglaterra, hasta llegar a Massachussets.

Momentos memorables: Obertura “Die Zauberflöte”

Es “Die Zauberflöte” o “La flauta mágica una de esas óperas que llaman la atención. Pocas obras, aparte de las bufas o cómicas, han contenido una doble línea de atención tan clara y precisa. Es una ópera a dos plataformas: por un lado, la visual y muy encaminada al público generalmente infantil(la flauta de pan de Papageno,la campanitas de plata,los personajes “animales” del primer acto o el mítico pa-pa-pa que, hace unos meses comentamos aquí); por otro lado, un perfil más maduro, al que se le desarrolla una ópera que, por momentos, es casi una iniciación a la masonería para al propio público, inmerso desde el comienzo en la trama que es, prácticamente, la lucha del bien, la sabiduría sobre el mal.

Una circunstancia que se nota desde los primeros tres grupos de acordes* del comienzo pero que, en sí, estamos hablando de cinco acordes(en ambos casos, Mozart estaría pensando tanto en el tres como número de la masonería masculina como en el número cinco de la masonería femenina. Otro aspecto que hay que destacar fue el aprovechamiento de unas (notas) que compuso Muzio Clementi para un duelo musical contra el propio Wolfgang Amadeus Mozart y en el que se notan con bastante claridad las notas que Wolfgang Amadeus Mozart incorporará en la obertura. Principal importancia, aparte de los instrumentos de cuerdas, la tiene la figura del fagot que, en buena parte, va a seguir una línea paralela a la de los violonchelos y contrabajos. En sí, lo mejor es escucharla y sentir, por un momento, como viento y cuerdas dialogan a lo largo de la obertura.

* Agradecido a los programas de “This is Opera” de Ramón Gener por ponerme sobre la pista de algunos aspectos más allá de la partitura.

Voces magistrales: Giorgio Zancanaro

Una vez más, vuelvo a apelar ante mis lectores el recuerdo de mis primeros pasos en la ópera. En uno de ellos, la memoria me lleva a una cinta VHS de una colección de ópera que hubo a comienzos de la década de los noventa, al amparo del impresionante éxito de “Los tres tenores”. Aunque ya estaba en marcha, una colección de ópera en casete y CD, se decidió dar también representaciones teatrales a la venta. Una de esas óperas fue “Il trovatore”, desde la “Arena de Verona”, y que contaba con Rosalind Plowright, Fiorenza Cossotto,Franco Bonisolli y Giorgio Zancanaro en los cuatro papeles más conocidos de esta ópera.Con el paso de los años llegaron otras obras como “I vespri siciliani”,”Andrea Chénier” o “Attila”.El recuerdo es de un cantante con buena voz y planta que le ha permitido mostrar mejores capacidades escénicas.

Nacido en Verona en 1939, poco se podía imaginar que su destino iba a estar dirigido al canto En principio, su destino iba más encaminado a ser policia pero decidió formarse en el canto en su ciudad natal. Su triunfo en el concurso de voces verdianas de Busseto en 1970 fue su primer gran éxito pero, sobre todo, su relación con el repertorio verdiano. No obstante, su debut llegó con el rol de Riccardo en “I Puritani” en Mantua. Su evolución ya fue constante aunque tardó su llegada a la mítica Scala milanesa en 1982 con Falstaff y Riccardo Muti en el foso orquestal.

Sus éxitos ya le empezaron a llevar alrededor del mundo. Así, en el mismo 1982 también debutó en el Metropolitan neoyorquino.Forma parte de ese grupo de cantantes que, sin ser del todo mediáticos, se puede esperar de ellos una buena interpretación sobre el escenario. Tras haberlo visto en variadas representaciones, su gran valor es que, personalmente, aporta credibilidad a los roles que lleva a cabo hasta el punto de considerarlo-quizás desde lo emotivo, lo reconozco-uno de los grandes a la altura de Leo Nucci, Renato Bruson o Piero Cappuccilli.


Su repertorio es variado pero Verdi tiene un rol importante, afrontando los principales papeles de barítono en las diferentes óperas verdianas. Pero también destacaría sus incursiones en el verismo(Puccini, Giordano,Mascagni, Leoncavallo) y testimonialmente en el belcanto(el “Guillermo Tell” rossiniano, el Riccardo de “I puritani” o el Enrico de “Lucia di Lammermoor),etc. En el aspecto discográfico y audiovisual, destaca una buena cantidad de discos, si bien no es de los que más destaque en esa faceta.