Momentos memorables: Una macchia è qui tuttora

Si hace dos semanas tratábamos la personalidad de Yago en su aria del segundo acto de Otello, seguimos con la maldad, en este caso, de Lady Macbeth, de la ópera de Giuseppe Verdi, “Macbeth”. Es un personaje ambicioso, tremendamente ambicioso pero que lo lleva adelante por la vía del atajo. Las brujas habían profetizado a Macbeth rey de Escocia en el primer acto. Una vez informada ella, su mujer, en una carta, muestra su carácter, su deseo de llevar la corona real.¿Para qué esperar? La llegada del Rey Duncan a su castillo hace que ella quiera inducir a su marido al magnicidio. Posiblemente, Macbeth hubiera sido de los de “me han dicho que seré Rey de Escocia, ya llegará”-no hay que olvidar que, en ese primer acto, también dijeron las brujas que él sería Señor de Cawdor, hecho que unos mensajeros segundos después afirman-, por lo que prefiriría no mover el lío demasiado. Convencido de llevar a cabo el magnicidio,lo lleva a cabo. No contenta con ello, el segundo objetivo de Lady Macbeth es Banquo, “padre de reyes”. Cuando Banquo es asesinado por sicarios, la información de su muerte turba a Macbeth en pleno banquete.Aquí vemos la primera escena de culpabilidad en Macbeth, ver el fantasma de Banquo. Asesinada la familia de Macduff-las brujas le volvieron a confirmar a Macbeth que Banquo seguía siendo “padre de reyes”(la saga de los Estuardo)-, la culpabilidad llega ahora a Lady Macbeth con la mancha de sangre que no desaparece.

El sonambulismo del personaje, con todo, aporta una música con cierta sensación de intimidad. En sí, desde que aparece lady Macbeth con las manos en gesto de lavárselas infructuosamente, el dominio es de los instrumentos de cuerda pero en el que, de forma puntual y, posteriormente creciente, van apareciendo los instrumentos de viento metal y madera-remarcando cada uno de los crímenes realizados, rodeando la escena de una manera turbadora mientras Lady Macbeth vuelve a su habitación.

Escena: Una macchia è qui tuttora

LADY MACBETH
Una macchia è qui tuttora…
Via, ti dico, o maledetta!…
Una… Due… gli è questa l’ora!
Tremi tu?… non osi entrar?
Un guerrier così codardo?
Oh vergogna!… orsù, t’affretta!…
Chi poteva in quel vegliardo
Tanto sangue immaginar?

MEDICO
Che parlò?…

LADY MACBETH
Di Fiffe il Sire
Sposo e padre or non era?…
Che n’avvenne?…

DAMA E MEDICO
Oh terror!…

LADY MACBETH
(Si guarda le mani.)
…E mai pulire
queste mani io non saprò?…

DAMA E MEDICO
Oh terror!…

LADY MACBETH
Di sangue umano
Sa qui sempre… Arabia intera
Rimondar sì piccol mano
Co’ suoi balsami non può.
Ohimè!…

MEDICO
Geme?

LADY MACBETH
I panni indossa
Della notte… Or via, ti sbratta!…
Banquo è spento, e dalla fossa
Chi morì non surse ancor.

MEDICO
Questo ancor?…

LADY MACBETH
A letto, a letto…
Sfar non puoi la cosa fatta…
Batte alcuno!… andiam, Macbetto,
Non t’accusi il tuo pallor.

DAMA E MEDICO
Ah, di lei pietà, Signor!

Atril de honor: Leonard Bernstein

Esta sección debía de contar, tarde o temprano, con la presencia de uno de los directores de orquesta más polifacéticos, Leonard Bernstein. Director, compositor pero, sobre todo, una persona que sabía llegar con ese particular carácter extrovertido que llegaba a bastante gente a través de la incipiente televisión. Nacido en 1918 en Lawrence, Massachusetts, su afición por la música llegó bien pronto a pesar de no haber relación musical por vía familiar(como ocurre con otros artistas donde sí hay una vocación que viene del entorno). Aunque su aprecio por la música comienza con el aprendizaje del piano, encontrarse con el director Dimitri Mitropoulos sirvió para que la idea de dirigir orquestas fuera su opción vital tras los estudios en Harvard.

Su primer paso fue en la Curtis Institute of Music donde perfeccionó en dirección, piano, contrapunto, orquestación,etc. A pesar de ello,no salió bastante satisfecho pero pudo servir para que diera el paso a enseñar con su estilo particular. Otro paso formativo fue en el instituto de verano del Boston Symphony Orchestra a principios de la década de los 40. El toque de suerte le llegó en 1943 cuando, siendo asistente del director de la New York Philarmonic Orchestra, cayó enfermo y tuvo que sustituirlo con gran éxito.A mediados de esa década, comenzó a crecer su popularidad a la que sumó sus primeros trabajos como compositor. En 1953,entre otros éxitos, fue el primer director norteamericano que dirigía en el teatro milanés de la Scala.Es, en esta época, junto a la NBC Symphonic Orchestra cuando comienza con los programas de televisión dedicados a enseñar música a los más jóvenes.

A la par ya iba componiendo éxitos como Candide, basada en una novela de Voltaire También se llevaría a cabo la obra que lo hizo más popular: West Side Story. Los siguientes años siguió su trayectoria entre el podio, la televisión y la composición.Entre 1958 y 1969 fue director musical de la Orquesta Filarmónica de Nueva York y laureado hasta su muerte en 1990. Los dos vídeos que, a continuación, ponemos es la obertura de Candide y un momento de la grabación que se hizo de West Side Story con José Carreras, Kiri te Kanawa y Tatiana Troyanos.


Terminamos recordando la página web en la que podrán ampliar lo visto aquí-aunque sólo está en lengua inglesa- que es bastante interesante, destacando su faceta formadora y que puede ser,junto a sus obras, el mejor legado. Incluso, preguntándome, qué habría sido de Bernstein en esta época de redes sociales donde extender mejor el conocimiento de la música.

Momentos memorables: Credo in un dio crudel

Pocos “villanos” encontraréis en la ópera que puedan superar a Yago, el pérfido “leal alférez”de Otello. Indignado por el trato de favor hacia Cassio como capitán, su decisión es la venganza hacia ambos. En el primer acto, desacredita ante los ojos de Otello a Cassio, emborrachándolo sin fin y, en el segundo acto, convence a Cassio-que no sabía de la negra intención de Yago- para pedirle a Desdémona que interceda por él ante Otello con el objetivo, negro sin duda, de meter en su señor el veneno de los celos. En esta aria que comentamos tenemos el compendio de su maldad que se percibe en cada una de sus notas. Porque su afán y perseverancia es tal que consigue meter a Otello en los celos con pruebas tan irrefutables(el pañuelo de Desdémona en manos de Cassio) como viles a la hora de obtenerse(quitándole el pañuelo a Emilia y depositándolo en la dimora de Cassio). Sabido es que Otello estrangula a la que fue su amada Desdémona, acorralado por los celos y suicidándose y Yago huyendo de Montano, Cassio y Emilia al destapar sus negras artes.

Una aria en la que se percibe la inmensa fuerza que juegan los instrumentos de viento porque así lo requiere para mostrar la actitud de un ser cruel. Una andanada de principio a fin, donde Yago manifesta su ira, su particular visión de un dios cruel que “me creó a su imagen y semejanza”. Aquí era preciso que lo oscuro se percibiera desde el fagot hasta los timbales sin dar rienda a algún resquicio de bondad. El final, ese “E poi? E poi? La Morte è’ il Nulla. È vecchia fola il Ciel”(¿Y luego? La Muerte es la Nada. ¡Eso del cielo es una vieja fábula!). No estamos hablando de ateísmo de Yago, sólo rabia del que se siente menospreciado. Porque Yago es así, un puro resentimiento yla música refleja, a la perfección, su alma negra.

Aria: Credo in un dio crudel


Vanne! la tua meta già vedo.
Ti spinge il tuo dimone,
e il tuo dimon son io.
E me trascina il mio, nel quale io credo,
inesorato Iddio.
Credo in un Dio crudel che m’ha creato
simile a sè e che nell’ira io nomo.
Dalla viltà d’un germe o d’un atomo
vile son nato.
Son scellerato
perchè son uomo;
e sento il fango originario in me.
Si! questa è la mia fè!
Credo con fermo cuor, siccome crede
la vedovella al tempio,
che il mal ch’io penso e che da me procede,
per il mio destino adempio.
Credo che il giusto è un istrion beffardo,
e nel viso e nel cuor,
che tutto è in lui bugiardo:
lagrima, bacio, sguardo,
sacrificio ed onor.
E credo l’uom gioco d’iniqua sorte
dal germe della culla
al verme dell’avel.
Vien dopo tanta irrision la Morte.
E poi? E poi? La Morte è’ il Nulla.
È vecchia fola il Ciel.

De “Va’, pensiero” a “Gloria all’Egitto”.

Entre estos dos coros, con más o menos fuerza, hay una relación de Giuseppe Verdi con el deseo transalpino de unificar los diferentes estados en los que estaba dividida Italia. Aunque el “Risorgimento”, movimiento cultural unificador en el que destacaba Mazzini llevaba un tiempo funcionando en pos de la unificación, Verdi va a conseguir, a base de unos momentos únicos, lograr popularizar este sueño y darle, sobre todo, una fuerza inaudita gracias a lograr que el pueblo sintiera como cánticos suyos, el lamento de los esclavos hebreos, los prófugos escoceses o los sicilianos en armas contra los franceses. Que su nombre fuera un acrónimo en apoyo del rey Vittorio Emanuel II (Viva Verdi) sólo fue el juego de una cábala que unió a dos hombres en este proyecto de una nueva Italia. Sin duda, el comienzo del sueño italiano, al igual que el de Verdi, comenzó con Nabucco y su célebre coro.

En plena vorágine por el éxito de Nabucco llega la ópera “Ernani”, donde podemos disfrutar de un coro que puedo reconocer que, en su momento, no pudo transmitir tanto como me parece hacerlo ahora. Ese “Si ridesti il leon di Castiglia”, interpretado por los que se quieren rebelar contra el nombramiento de Carlos V(y Primero de España) como Emperador del Sacro Imperio Románico-Germánico tiene también carácter y facil asimilación españoles e italianos versus moro y austríacos.

Los años siguientes a Nabucco son los más duros para el compositor de Le Roncole, contratado por diferentes teatros. El ritmo es frenético, de un teatro para otro. De las óperas que compone, el componente patriótico se refleja en unas pocas. Por ejemplo, la asimilación de los milaneses con los de las cruzadas(“I lombardi alla prima crocciata”), ese aclamado“Avrai tu l’Universo, resti l’Italia a me” del dúo entre Ezio y Attila en la ópera basada en el bárbaro, en el que el general romano le dice que puede dominar todo el mundo pero que le deje Italia a él(aunque, en ese instante esa “Italia”era básicamente, Roma).Pero hay una ópera que no nos deja mucho tema patriótico salvo uno de los coros más intensos, el “Patria oppresa”, donde varios prófugos escoceses huyen de Macbeth y nos dejan un instante digno de mencionar, lleno de dolor por su patria oprimida por el rey escocés…y, en el imaginario italiano, esos príncipes que dirigían los diferentes estados en los que estaba dividida Italia en 1847.

El fin de “los años de galeras”, la composición de las óperas de la trilogía romántica(Rigoletto, La traviata e Il trovatore”, alejan musicalmente a Verdi del proceso unificador pero ello no hace que se olvide tampoco. Aparte de “Un ballo in maschera”, dos óperas nos van a traer el recuerdo de este sueño unificador. Una de ellas es “Simon Boccanegra”, sobre el corsario que luego devino dux de Génova. La otra es I vespri siciliani. En ambas hay instantes de fuerte carga emocional. En la primera, de forma más tímida, nos encontramos con una frase del dux que, como con Attila, genera ese punto “patriótico”e una sola frase: “Adria e Liguria hanno patria comune”(las dos orillas del Mar de Liguria-por Génova- y Adria, por la ciudad del Veneto y el Mar Adriático); en la segunda, la intensidad es mayor-aparte de los problemas generados con el libretista- y que va desde la trama propia(las vísperas sicilianas de 1282), la figura de Giovanni da Procida y la presencia constante de la palabra “patria” en boca de los sicilianos.

El año 1861 tuvo su cara y su cruz, en el tema político, para el compositor. En febrero acudió al parlamento de Turín donde hace un discurso el rey Vittorio Emanuel II, pues el compositor ha salido elegido en las urnas. Unos cuatro meses después, el fallecimiento de Cavour provocó que se desentendiera ya del tema patrio, una vez que ya parecía encauzado. Dedicado a la composición, el período entre 1861 y 1870, aparte de dos óperas como son “La forza del destino” y “Don Carlo, recibe dos mazazos en escasos seis meses de 1867: el fallecimiento de sus dos padres. En enero, fallecía su padre natural(Carlo Verdi) y, seis meses después, su “padre artístico”, Antonio Barezzi, quién prácticamente fue mecenas del compositor en sus primeros años y, en un momento delicado, apoyó a Verdi cuando éste rehizo su vida con Giuseppina Strepponi unos años después de fallecer Margherita Barezzi, hija y esposa del compositor. .En 1870 finalizaba el proceso de unificación con la incorporación del Estado Pontificio, ya reducido a lo que era Lazio, donde estaba ubicada Roma. Un año después, era estrenada en El Cairo la ópera “Aida”. Ese “Gloria all’Egitto”bien podría ser, después de tantos años trabajando por la “causa”, un “Gloria all’Italia”.

Voces magistrales: Maria Ewing

Como en otras ocasiones, no puedo negar ese componente “emocional” que implica comentar cosas de un/una cantante cuyo nombre me suena desde los primeros momentos en los que me aficioné a la ópera. Si Agnes Baltsa(que tendrá espacio en este sitio) fue la primera Carmen que escuché en esa fabulosa versión con José Carreras, Maria Ewing fue la primera Carmen que pude ver, aunque fuera en VHS. Luego, llegó su versión del Royal Opera House Covent Garden, con la dirección escénica de Nuria Espert.Poco más, luego algún rol como Bersi, en Andrea Chenier o Cherubino, en la versión impresionante(Fischer-Diskeau, Kiri te Kanawa, Hermann Prey y Mirella Freni). Pero, con todo, esa versión desde Glyndebourne me llamó la atención.

Nacida en 1950 en Detroit, se puede decir que heredó de su rama paterna un carácter racial(ancestros sioux, indios nativos y afro-americanos) que también se percibe tanto en su intervención en los escenarios. Estudió en Cleveland, Ohio y en Nueva York, donde debutó en el Metropolitan en 1976 con el rol de Cherubino,en “Las bodas de Fígaro”, debido a su voz de mezzosoprano. Aunque no fue la interpretación de su debut, aquí vemos una demostración de su Cherubino.

Si hay una ópera que lleva el sello de Maria Ewing es Salomé, de Richard Strauss. Aunque hay vídeos que pululan en Internet acerca de su célebre “danza de los siete velos” que han llamado mucho la atención, he considerado que el mejor modo que puedan disfrutar de esta cantante es con esta escena final de la ópera.

Sin dejar de interpretar algunas de las óperas populares, ha abarcado papeles sotisficados dentro del repertorio francés(Poulenc, Debussy, Berlioz,etc), inglés(Purcell), ruso(Shostakovich) y, dentro de la lógica, la musica de su patria natal, incluso incursiones dentro del jazz. En lo privado, tiene una hija, Rebecca Hall, que también ha subido a escenarios, pero bien diferentes pues se decantó por ser actriz de cine y televisión.

Momentos memorables:Hai già vinta la causa!

Es “Las bodas de Fígaro” una obra de arte compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart. Aunque en el trono se encuentre todo un “Don Giovanni”, el hecho de lograr una composición limpia- también podría ser considerada como demasiado “doméstica”- a partir de un libro, el de Pierre Caron de Beaumarchais, que fue censurado en la Viena imperial como prerrevolucionario. No hay que olvidar que estamos en 1787, cuando se compone la ópera, y sólo faltan dos años para la Revolución francesa, que se llevó por delante, entre los nobles, a la Reina María Antonieta, hermana de José II, el emperador que aceptó la ópera en Viena. La magia de Mozart consistió en hacer pasar esta obra como una historia de líos, embrollos de corte y reduciendo la carga “política” casi al extremo. Sólo el “derecho de pernada” que el conde invoca a Susanna es de lo poco conflictivo. Quizás consciente y, aún así, viendo las trabas que tuvo la obra, la solución más sensata era convertirlo en una obra cómica, con gente que entra y sale de un armario, con un chaval seductor pero que le gusta vestir de mujer, engaños y una marcha nupcial encantadora. En este caso, el conde de Almaviva ve que hay una estratagema para humillarlo y busca el modo de separar a Fígaro y a Susanna con el objetivo de una boda con Marcellina que, al final, se le vuelve en contra al Conde. Al final, el amor y el perdón tienen espacio en una ópera ligera y entretenida, alejada de los peligros que avecinaban a los nobles.

Como era habitual en Mozart, especialmente en las óperas con Da Ponte, algunas arias contaban con una estructura basada en recitativo(desde el inicio hasta il colpo è fatto) donde se da un paso adelante con respecto al uso del clavicémbalo pero sin llegar a ser el momento en sí de la propia aria. En esta parte, se alterna la voz del cantante con la aparición de los instrumentos musicales que aportan ese punto a la frase del conde de Almaviva, desde la preocupación por la trampa en la que ha caído, la sorpresa por los acontecimientos último y la rabia de una venganza que no tardará en llegar(después de esta aria llega la escena en la que se pretende casar a Fígaro con Marcellina para dejarle libre a Susanna y que acaba mal para el noble). La aria Vedrò mentre io sospiro, en sí, sigue la estela que nos ha dejado el estado de ánimo en el recitativo. Es una aria de “enfado” y se nota en la intensidad, en golpes de enojo(ah, no lasciarti in pace y el final “già la speranza sola delle vendette mie…) y en cierta esperanza de castigar la osadía de Fígaro.

Para la anécdota, indicar que la parte final de la aria salió en “Perseguido”, la película protagonizada por Arnold Schwarzenegger en 1987. Aunque fue un tanto histriónica la escena, llamaría la atención, en su día, de la gente que vio la película.

Aria:Hai già vinta la causa/Vedrò mentre io sospiro

Hai già vinta la causa! Cosa sento!
In qual laccio io cadea?
Perfidi! Io voglio…
Di tal modo punirvi… A piacer mio
la sentenza sarà… Ma s’ei pagasse
la vecchia pretendente?
Pagarla! In qual maniera!
E poi v’è Antonio,
Che a un incognito Figaro ricusa
di dare una nipote in matrimonio.
Coltivando l’orgoglio
di questo mentecatto…
Tutto giova a un raggiro…
il colpo è fatto.
Vedrò mentre io sospiro,
Felice un servo mio!
E un ben ch’invan desio,
ei posseder dovrà?
Vedrò per man d’amore
Unita a un vile oggetto
Chi in me destò un affetto
Che per me poi non ha?
Ah no, lasciarti in pace,
Non vo’ questo contento,
tu non nascesti, audace,
per dare a me tormento,
e forse ancor per ridere
di mia infelicità.
Già la speranza sola
Delle vendette mie
Quest’anima consola,
e giubilar mi fa.

Atril de honor: Giuseppe Sinopoli

Pocas veces se ha dado en la ópera una circunstancia como la de fallecer un artista sobre el escenario. Uno de ellos es Giuseppe Sinopoli. El director de orquesta sufrió un infarto durante la representación del acto III de Aida en Berlín , en lo que era un caluroso regreso a la ciudad alemana, que acabó siendo trágico. Fallecía, pues, a los 54 años un director con prestigio. Sin mucho nombre para el público, sí que era ampliamente reconocido entre los aficionados a la ópera con su habitual figura sobre el podio como si estuviéramos hablando de un director salido del siglo XIX. Nacido en Venecia en 1946, se encaminó por el mundo de la música de mano del Conservatorio Benedetto Marcello, en su ciudad natal. También en Darmstad, donde aprendería con Stockhausen,compositor germano. A la par, también estudió Medicina en Padua.

Debutó en 1978 con Aida en Venecia pero, en buena parte de su carrera, destaca su presencia en Alemania, de donde destaca parte del repertorio(Mahler, Strauss, Wagner, Bruckner) que dirigió, fruto de su intervención en Bayreuth como director de la tetralogía de “El anillo de los nibelungos”. Otra faceta que lo une a Alemania fue su periplo entre la Deutsche Oper Berlin(1990-1992) y la Dresden Staatskapelle(1992-2001). Pero ello no implica que no tuviera en mente su patria. Entre 1983 y 1987 fue el director musical de la romana Accademia Nazionale di Santa Cecilia. Debutó en la Scala de Milán en 1994, aparte de la Orquesta Filarmónica, en Londres, entre 1984 y 1994. Dirigió en los grandes teatros aparte de las citadas direcciones musicales.

Una faceta en la que entró fue en la composición. Con poco éxito se estrenó en Munich su ópera “Lou Salome”, basada en la vida de la escritora rusa Luíza Gustávovna Salomé y sus relaciones con varios autores como Nietzsche, Paul Rée o Rainer M. Rilke. Aunque tuvo en mente revisar la ópera no pudo hacerlo. Fue motivo para homenajear al director fallecido, recuperar la ópera y estrenarla en su tierra natal, en el mítico teatro de la Fenice en 2011.

Cuatro años después de su fallecimiento, en Taormina se llevó adelante un festival dedicado a su memoria. Año a añose ha ido programando una serie de actividades y conciertos en la ciudad siciliana en homenaje a Sinopoli.

Momentos memorables: Temporal(El barbero de Sevilla)

La música descriptiva tiene, sin duda, una característica que la hace fácil al sentido auditivo: la maravillosa manera de llevarnos una interpretación musical de determinados momentos de la naturaleza, sea idílica(por ejemplo, “Las cuatro estaciones” de Antonio Vivaldi) o tortuosa(como”Las fiestas romanas” de Respighi http://www.youtube.com/watch?v=o91rbT6-DjY), sea algo hipnotizante como la danza del fuego(http://www.youtube.com/watch?v=uUir35l5y8U) o desesperente como un moscardón(http://www.youtube.com/watch?v=B83mLfvV2VA). En la ópera también hay fragmentos así y uno de ellos, quizás el más célebre, es el temporal que aparece en el segundo acto de “El barbero de Sevilla”, de Gioacchino Rossini. Aunque, en un futuro también trataremos el de “La Cenerentola”, éste es de esos momentos en los que uno se acaba acordando de esta escena mientras, fuera, en la calle suenan relámpagos y luego truenos mientras el diluvio comienza a apretar.

En sí, es una escena “redonda”. Tras la crispación en la casa del doctor Bartolo, donde Rosina es advertida de la mentira que es su amado Lindoro y “como ha vendido su amor al conde de Almaviva”, comienzan unas gotas que, poco a poco, van aumentando su intensidad mientras suena algún relámpago que otro que, al final, se convierte en un diluvio impresionante que, como todo, acaba amainando y que deja en disposición de los espectadores un nuevo escenario que nos va a conducir al feliz final de la ópera. Músicalmente, algunos matices, donde los instrumentos de cuerda y la flauta(a veces junto clarinete y octavino) forman un cuerpo que nos asocia a las gotas de agua, incluso de forma alternada al comienzo y al final) pero en el que los instrumentos de viento metal más el fagot van a incorporar lo que es el elemento eléctrico de una tormenta(en ese momento, los instrumentos de cuerda complementan, dando más sensación de virulencia de la lluvia) y, por tanto, el que nos va a dejar más impacto y una mejor definición del ambiente que se percibe dentro de la ópera en ese momento y, sobre todo, en el corazón de Rosina.

Voces magistrales: Julián Gayarre

En los inicios de 1890 llegó una noticia triste para la lírica universal. Fallecía Julián Gayarre, un tenor navarro pocas semanas después de su última interpretación en “Les pêcheurs de perles”, de Georges Bizet en el Teatro Real.A pesar de no tener formación musical, sus cualidades le hicieron que entrara en el Orfeón Pamplonés a los 21 años y de ahí a Madrid. Estudió en el Conservatorio de Madrid, donde se vio afectado por la Revolución de 1868 en el que, entre otros daños “colaterales”, se encuentró que perdía la pensión que tenía para seguir en Madrid, con lo que volvió a Pamplona. Aún creyendo en sus posibilidades, su destino es Italia gracias a unos conciertos que le aportaron el dinero.

El 2 de enero de 1876 debutaba en el teatro milanés de la Scala, con el papel de “La favorita”, de Gaetano Donizetti. Su repertorio, en buena parte belcantista, hace que el público italiano le acoja con cariño. Sin olvidar a Verdi o Wagner(Lohengrin)La fecha tiene miga porque, catorce años después, otro 2 de enero suponía su fallecimiento.Su carrera fue explosiva pero con alguna que otra crítica de la época sobre un excesivo “vibrato”(G.Shaw) pero también elogios sobre su control de la respiración y la dicción. Su fallecimiento, a los 45 años, impidió que pudiera llegar su voz gracias al fonógrafo que, a finales del siglo XIX, comenzaba a grabar voces y darles a las siguientes generaciones la posibilidad de escucharlo.

Como se dice, murió “con las botas puestas”, a las pocas semanas de un hecho que supuso su final artístico, cuando se le quebró la voz en mitad de la romanza célebre “Je crois entendre encore” y su “no puedo cantar más”. Aunque, a duras penas, logró terminar la representación, fue su última aparición pública.Depresión y un agravamiento de la enfermedad que padecía supusieron el final de este gran cantante. Como curiosidad, su laringe fue extirpada tras su fallecimiento para observarla con detenimiento, llegando a, entre otras conclusiones, una presencia de un pequeño tumor, además de una longitud de la laringe mayor de lo esperado.

Finalizamos con la recomendación del visionado de la web que la Fundación Julián Gayarre realizó para homenajear al tenor nacido en Roncal, donde está la Casa-Museo, estatuas y su Mausoleo.También se incluye un vídeo que trata sobre el museo dedicado al tenor mientras suena la voz de Alfredo Kraus, quién, en su día, interpretó al roncalés en la pantalla.

Momentos memorables: Ben io t’invenni…Anch’io dischiuso un giorno

Nabucco y Verdi son dos términos muy ligados. Para el compositor de Le Roncole, una de las villas del municipio de Busetto, fue la ópera con la que comenzó todo. Antes había compuesto “Oberto, conte di San Bonifazio” y “Un giorno di regno”, con suerte dispar y con el dolor del drama familiar(en dos años mueren sus dos hijos de corta edad y su mujer,Margherita Barezzi). Decidido a no seguir componiendo, Merelli logró convencerlo para que, al menos, leyera el libreto de Nabucco, de Temistocle Solera. Así, con cierto toque del destino(según biografías, tiró el libreto y éste se abrió por el coro de los ebreos, en otros dice que por la muerte de Abigaille al final de la ópera) comenzaba la composición de Nabucco y el comienzo estelar de Verdi. Tras la obertura y el coro, analizados aquí, pasamos a comentar esta aria de Abigaille en el comienzo del acto II. Aparte del tema musical que va aparte, destacamos el personaje que, en cierto sentido, me recuerda a una unión de otros dos personajes de Verdi: el despecho de Amneris hacia Aida y Radamés(en Nabucco, sería Ismael y Fenena) y Lady Macbeth, por su ambición y actitud malévola al saberse “esclava” y que el trono irá a Fenena, a pesar de aceptarla Nabucco como su hija mayor en su día.

En lo musical, se percibe a Amneris con el comienzo del acto II de Nabucco que, en cierto sentido, recuerda al del acto IV de Aida, cuando Amneris va a intentar que Radamés se salve de la sentencia de los sacerdotes si confiesa su amor hacia ella. La orquesta, de forma agitada, nos hace sentir la entrada de Abigaille en el palacio con un escrito que la ha indignado, ya que revela la intención de Nabucco de nombrar heredera a su hermana menor Fenena y saber que su origen de esclava. En su fuero interno, siente además el despecho de ser despreciada por Ismael, que está también enamorado de Fenena. Sólo así se puede entender el recitativo en el que la orquesta la deja que se “desahogue”, interviniendo en momentos precisos(cuando sabe que es esclava, cuando sabe que el trono irá a Fenena y cuando decide que su objetivo es derrocar a su padre “fingido”. La aria, con el inicial sonido de la flauta y clarinete, nos trae a una Abigaille que sólo veremos al final de la ópera, la que fue feliz un día. Es una aria en la que se percibe un cierto influjo belcantista, donde la soprano debe ser capaz de interpretar una partitura exigente en el que es ella la protagonista, sobre todo en el final “ah! chi del perduto incanto mi torna un giorno sol?” donde debe mostrar cierta agilidad de ir de agudos a graves y viceversa. La orquesta es, una sencilla acompañante de una voz atormentada por el dolor y el deseo de poder ser feliz algún día.

Aria: Ben io t’invenni…Anch’io dischiuso un giorno
ABIGAILLE
(esce con impeto, avendo
una carta fra e mani)
Ben io t’invenni, o fatal scritto!…
In seno mal ti celava il rege,
onde a me fosse di scorno!…
Prole Abigaille di schiavi!
Ebben!… sia tale!
Di Nabucco figlia, qual l’Assiro mi crede,
che sono io qui?…
Peggior che schiava!
Il trono affida il rege alla minor Fenena,
mentre ei fra l’armi a sterminar Giudea
l’animo intende!…
Me gli amori altrui
invia dal campo a qui mirar!…
Oh iniqui tutti, e più folli ancor!…
d’Abigaille mal conoscete il core…
Su Tutti il mio furore piombar vedrete!…
Ah sì! cada Fenena…
il finto padre!… il regno!…
Su me stessa rovina, o fatal sdegno!

Anch’io dischiuso un giorno
ebbi alla gioia il core;
tutto parlarmi intorno
udia di santo amore;
piangeva all’altrui pianto,
soffriva degli altri al duol;
ah! chi del perduto incanto
mi torna un giorno sol?