Atril de honor: Georges Prêtre

El vídeo que os mostramos en el enlace es un ejemplo de lo que hace la vocación por la música.El director francés recibía a la edad de 92 años grandes aplausos en la meca de la música clásica:Viena. Un éxito más a añadir a toda una carrera de setenta años desde su debut en 1946.Georges Prêtre falleció el pasado miércoles 4 de enero en Navès.

Nació en 1924, su vocación musical le llevó a estudiar piano en el conservatorio de Douay y dirección de orquesta en París con André Cluytens. Tras dirigir varias orquestas menores, su verdadero debut llegó en Marsella en 1946.Durante su periplo de dirección de setenta años, son pocos los sitios donde ha estado con mandatos de director musical: Capitole de Toulouse(1951-1955),Opéra Comique(1955-1959),Lyric Opera of Chicago(1959-1971),Paris Opéra(1970-71).

Aparte de setenta años de dirección, de dirigir en los teatros más importantes de este planeta, destaca otro tema y es su estrecha relación con la música del siglo XX de su país. Especialmente es digno de destacar su presencia en algunos estrenos y la relación con Francis Poulenc, en especial, “La voix humaine”(T.Opéra-Comique 1959) y “Sept répons pour les ténèbres” en 1963.Además, ha sido solicitado para grandes acontecimientos como la inauguración del Teatro de la Ópera de la Bastilla  en 1989 o el primer concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional de la RAI en Turín en 1994,etc.

También destacó como un director muy apreciado por Maria Callas, con la que grabó Tosca o Carmen.

Hace una semana tratábamos los conciertos de Año Nuevo en Viena, donde el director francés actuó en dos años muy cercanos:2008 y 2010. No nos olvidemos que, entre otros menesteres, había sido nombrado principal director invitado de la “Wiener Symphoniker” entre 1986 y 1991.También la propia filarmómica vienesa en Paris. Entre 2008 y 2010, dirigió en 2009( y previamente en 2005) el Concierto de año nuevo en La Fenice de Venecia, que empieza a coger cierta importancia con el paso de los años.

Terminamos esta entrada con un clásico, ver al maestro dirigir una orquesta en los ensayos, donde debe transmitir a los músicos sus impresiones sobre la obra a interpretar. Es ahí donde un director de orquesta debe mostrar sus cualidades y su personalidad y, en el caso de Georges Prêtre, se percibe su pasión.

Atril de honor:los concierto de Año Nuevo en Viena

Hay dos eventos archiconocidos del día 1 de enero de cada año: los célebres saltos de Esquí desde Garmisch y el no menos famoso Concierto de Año Nuevo(Neujahrskonzert) desde Viena, desde la fabulosa sala dorada de la “Wiener Musikverein”. Además, desde hace tres décadas, ha supuesto un honor para muchos directores de orquesta de ser los elegidos para vivir una situación idílica, como es ser un icono mundial durante poco más de dos horas, ante las cámaras y ante las televisiones de todo el mundo, mientras dirige a la Filarmómica de Viena en la interpretación de los valses de la dinastía de los Strauss.

Durante más de setenta y seis años ha formado parte de la historia de la música, ha extendido además un formato de concierto y ya son muchos los sitios que cuentan con una cita como esta con los vals. Creado en plena época aciaga de la historia mundial(la primera vez, en plena II Guerra Mundial y con el Anschluss presente-anexión de Austria al III Reich- en el ánimo de la gente). Se fue desempolvando esa imagen ligada a los peores años de la Guerra y posguerra mundial. A partir de 1959 se emitió por televisión(primero, a nivel nacional y luego extendiéndose al resto del mundo).La emisión en televisión(e internet a comienzos de esta década) ha dotado de una especial relevancia al ballet, que ha ayudado a darle más relevancia mundial.

El concierto de Año Nuevo ha tenido, en lo relativo al atril, dos épocas. Desde 1939, cuando se realizó la primera interpretació,n hasta 1986 en el que el puesto era fijo; desde 1987 hasta la actualidad se invita a un director para que dirija la Filarmónica de Viena, dando más singularidad a este acto. Entre 1939 y 1986, el atril lo ocupó Clemens Krauss, Josef Kripss, Will Boskovsky-entre 1955 y 1979- y Lorin Maazel. Fue Herbert von Karajan quien empezó ese periplo de directores invitados. Hasta la fecha trece directores han pasado desde 1987, repitiendo algunos en varias ocasiones.De hecho, Riccardo Muti hará su quinta aparición en 2018. Lorin Maazel ha sumado once porque contó con siete direcciones durante la primera etapa(1980-1986) y cuatro de forma intermitente(1994,1996,1999 y 2005). En su afán mundial, se ha ido eligiendo directores de amplio y reconocido prestigio y fuera del ámbito germánico.

 

Terminamos esta entrada invirtiendo el orden de los célebres bises del concierto de año nuevo para darle la debida importancia a esas primeras notas del “An der schönen blauen Donau“, más conocido por el Vals del Danubio azul. Y es que es conocido que, tras unas breves notas, el director invitado se dirige a los asistentes al concierto para desearle él y la orquesta un feliz año nuevo(“Die Wiener Philarmoniker und ich wünschen Ihnen prosit NeuJahr”). Desde 1958 es tradición terminar el concierto con esta pieza y la célebre Marcha Radetzky( si bien, en 2005, no se llevó a cabo esta última en memoria a los fallecidos en el tsunami que azotó el sudeste asiático).Ambas totalmente dispares, nos ofrecen la belleza visual y sonora de este Danubio azul como si de un viaje junto al mítico rio que cruza media Europa del Este…y el ritmo del público en la famosa marcha con la que se culmina el concierto de cada año.

Momentos memorables: Giusto cielo(monólogo Adriana Lecouvreur)

Adriana Lecouvreur es un personaje de ópera e intérprete. Aunque en un futuro comentaré en el apartado “Ópera e historia”, Adriana(o mejor dicho, Adrienne) fue una actriz del siglo XVIII que estuvo enamorada de Mauricio de Sajonia y asesinada por envenenamiento por la duquesa de Bouillon. Su vida y, especialmente, su muerte acabaron siendo objeto de obras que encumbraron al personaje, potenciaron su drama. En este tercer acto(la ópera de Francesco Cilea tiene cuatro), Adriana acude a una fiesta en el palacio de su rival. Con el susto en el cuerpo al escuchar que su amado Mauricio podría estar herido, éste aparece contento por sus últimas gestas. En la parte final de la velada, tras insistirle la propia noble, recita un monólogo de “Fedra”, de Jean Racine, dramaturgo francés del siglo XVII.

En sí, la verdadera belleza de este fragmento es la evolución del personaje: como va declamando al principio y como, con el paso del monólogo, a medida que van apareciendo los momentos de tensión, empieza a coger importancia la música para acentuar ese ambiente(en el que se va percibiendo tenuemente ese comienzo del acto II)y va in crescendo hasta que, al final, la propia soprano ya debe cantar como tal en esa última frase (che mai debba arrossir), en lo que es la definitiva demostración de un pulso entre la artista y la noble. La música ejerce una labor de acompañamiento de una forma clara, que, en todo caso, logra inyectar esa tensión a la escena. La escena que le sigue deja un elocuente “sconsigliata” de Michonnet, que teme el destino de Adriana, mientras ésta se despide con ira.

ADRIANA
(recitando)

“Giusto cielo!
che feci in tal giorno?
già s’accinge il mio sposo
col figlio al ritorno:
testimon d’un’adultera fiamma,
ei vedrà in cospetto del padre tremar,
tremar mia viltà,
e gonfiarsi il mio petto de’ vani sospir,
e tra lacrime irrise il mio ciglio languir!”
(guardando a Maurizio)

“Credi tu che, curante di Teseo la fama,
di svelargli non osi l’orrendo mio dramma?
che mentire ei mi lasci al parente ed al re?
e raffreni l’immenso ribrezzo per me?

Egli invan tacerebbe!
So il turpe mio inganno,
o Enon, né compormi potrei,
come fanno…”

(guardando alla principessa)

“…le audacissime impure, cui “gioia é tradir,
una fronte di gelo, che mai,
mai debba arrossir!”

TUTTI

Brava!…
MICHONNET
(sottovoce a Adriana)
O sconsigliata, che mai facesti?

TUTTI
…Sublima! Brava! Sublime! Sublime!

ADRIANA
(a Michonnet)
Son vendicata!

PRINCIPESSA
(fra sè)
Un tale insulto sconterà!

(a Maurizio)
Restate!

ADRIANA
Chiedo in bontà di ritirarmi.

Sobre la ópera: El bien y el mal(Sarastro vs. Reina de la Noche)

Cuando una persona aficionada a la ópera empieza a informarse sobre una obra determinada, empieza a ver a asuntos que llaman la atención del argumento. Quizás, uno de los ejemplos más claros es ese ejemplo del bien y el mal que representan Sarastro y la Reina de la Noche. Sí, me pueden indicar palabras que indiquen mejor la diferencia(sabiduría vs. ignorancia, obstinación; saber estar vs. venganza como instinto primario) pero creo que todo, dentro de una ópera( o más correctamente, “singspiel”) que alterna lo sublime con lo popular, es más sencillo recurrir al escalón inicial del bien contra el mal.

Sin embargo, lo curioso es la estructura que Wolfgang Amadeus Mozart y Emanuel Schikaneder(libretista) plantan con un primer acto en el que, salvo la conversación de Tamino y el orador, todo apunta a una maldad intrínseca de Sarastro que ha secuestrado a Pamina, hija de la Reina de la Noche. Después, en un golpe de maestría, invierten los roles y la maldad ha sido incomprendida, mientras que la bondad es ficticia y esconde una personalidad turbulenta.

Pero vayamos por partes. Como decíamos. En el primer acto, vemos a la Reina de la Noche como una madre preocupada ante el rapto y, encontrando a Tamino, le pide el favor de rescatarla. Su sufrimiento la ennoblece…en principio.
(por

El primer acto termina con una actuación cargada de enojo. Castiga a Monostatos con dureza a pesar que el sujeto había intentado actuar correctamente al impedir la huída de Papageno y Pamina. Quizás obnubilados por un argumento principal, por el cual la Reina de la Noche es la “víctima” y Sarastro el “malo”, dejamos escapar en principio ese grito de la muchedumbre hacia el supuesto “malo”(por cierto, con algunos “argumentos” que actualmente serían algo “políticamente incorrectos).

Como comentábamos antes, el segundo acto revierte todos los papeles… y la Reina de la Noche se nos vuelve vengativa, escandalizada al saber que Tamino ha entrado en el proceso para iniciarse en el “conocimiento”. De ahí surge, una de las más célebres arias de la historia de la ópera, el famoso “Der Hölle Rache” que impone una capacidad vocal y una técnica considerable a la soprano además de un esfuerzo interpretativo.

En contraposición, tenemos la altura de miras, la generosidad…de Sarastro cuando,al sufrido comentario de Pamina al decir que su madre aún sufre el dolor de perderla. El canto en favor de una nave consagrada al amor y no a la venganza, al perdón y no a la traición. Es “In diesen heil’gen Hallen” una aria que, personalmente, aprecio mucho.No sólo está el tema de lo que dice Sarastro, también la belleza de una melodía pura, quizás sencilla en apariencia pero que logra elevar mucho el alma.

Al final, es evidente cómo iba a acabar esta ópera.

Voces magistrales: Jonas Kaufmann

Nacido en 1969 en Munich, la carrera musical de Jonas Kaufmann tuvo dos fases. La primera le apuntaba al piano y cantando en un coro pero la importante, la que nos lleva aquí, ocurrió en 1989 cuando entró en la Hochschule für Musik und Theater München. Durante su periplo de estudiante pudo interpretar algunos roles como el “Caramello”, personaje de “Eine Nacht in Venedig” de Johann Strauss II o Tamino en la “Die Zauberflöte, como así consta en la biografía del tenor. En 1994 terminó su preparación pero no fue definitva. Justamente poco después, tuvo una crisis vocal que supuso encontrar la ayuda de Michael Rhodes, un barítono que le ayudó a todos los niveles.


Durante estas dos décadas ha ido debutando en los diferentes teatros dejando su tarjeta de visita e incorporando con éxitos diferentes roles. Primero, en diferentes teatros alemanes y también Austria(Salzburgo-1999- y Viena en 2006), luego en ciudades importantes europeas y americanas. A destacar su debut en el Met en 2006 como Alfredo Germont(La traviata), Royal Opera House en Londres en 2004 o su primera aparición como Lohengrin en el famoso festival wagneriano de Bayreuth(2010).


El repertorio de Jonas Kaufmann abarca desde Verdi,Wagner, Puccini, verismo. Puede afrontar los roles mayoritarios de tenor dramático. Se le ha criticado, sin embargo, una cierta sensación de tenor muy “comercial”, no sólo por querer abarcar el mayor número de roles “top”(Verdi, Puccini), algunos quizás poco positivos para su voz.Aunque se encamina también a los lieder, está pasando un mal año 2016 debiendo anular varios conciertos y representaciones. Cuenta además con una buena discografía a la que ha sumado repertorios dentro y fuera del tema operístico.

Forma parte Jonas Kaufmann de una generación de cantantes que representan, por su edad, el presente y el futuro próximo(Alagna, Gheorghiu, Netrebko, Florez, Villazón, Camarena, Garanca…) en el escalafón de los grandes de la lírica.

Terminamos esta entrada con la clásica mención a su página web oficial donde podrán ver más sobre este tenor alemán. El vídeo con el que acabamos ocurrió en abril de este año, debido a un problema que aconteció con Angela Gheorghiu y que fue famoso por su “Non abbiamo soprano“, tras cantar la célebre aria “E lucevan le stelle” en Tosca, debido a la tardanza en aparecer por parte de la cantante rumana que, según ella, perdió el “tempo” ya que esperaba aplausos en el bis y pensaba que le daba tiempo a ir al camerino(¿?). Sin duda, fue una anécdota.

Momentos memorables: Sì, fino all’ore estreme

Es “Norma” una de las obras capitales del belcantismo, también la más conocida de Vincenzo Bellini. Estrenada en 1831, cuenta con su escena más famosa, la aria “Casta diva“. Con todo, tiene otros momentos de gran calidad músical y argumental.Porque, a mi parecer, esta ópera es intensa en las relaciones personales: un triángulo amoroso(Norma-Pollione-Adalgisa), unos hijos prohibidos que Norma tuvo con Pollione- ahora interesado por Adalgisa-, un padre(Oroveso) que debe hacer tripas corazón y aceptar esos hijos cuando llegue el extremo sacrificio de Norma. Esta escena que van a ver forma parte de un dúo mayor del acto II que aquí invito ver, pero que es la gran culminación. Adalgisa, con remordimiento, intenta reconducir su amistad con Norma, buscando interceder ante Pollione y renunciar a él.Norma, que ha estado a punto de matar a sus hijos, quería que ella se los llevara a Roma pero, al final, cede a los deseos de amistad de Adalgisa.

Esta parte final del dúo tiene, sin duda, el encanto de dos voces casi al unisono como símbolo de dos personas que acaban llevándose bien tras la “tormenta”. Sin duda, la belleza del fragmento lo aportan las voces de la soprano(Norma) y la mezzosoprano*(Adalgisa) y que, sin los lujos del belcanto, de la coloratura emblemática, crean un atmósfera de complicidad de ambas que acaba imponiéndose a la melodía establecida por Bellini. Especialmente interesante es ese pequeño tramo en el que Adalgisa sigue a Norma(“Teco del fato all’onte”) y que vuelve a confluir ambas en ese “sul mio cor” y que, por especial tiene la frase “ferma opporrò la fronte” mientras se va descendiendo a un nivel más grave” por parte de Norma y luego Adalgisa.
———

* El rol de Adalgisa es llamativo porque es difícil averiguar qué voz suele llevarlo a cabo: en principio, se le atribuyó el de soprano pero también hubo una tendencia a ser interpretado por una mezzosoprano, eso sí, con facilidad de poder llegar a ciertos agudos.

Dúo final

NORMA ED ADALGISA
Sì, fino all’ore estreme
Compagna tua m’avrai.
Per ricovrarci insieme
Ampia è la terra assai.
Teco del fato all’onte
Ferma opporrò la fronte,
Finchè il tuo core a battere
Io senta sul mio cor, ecc.
Ah! sì. Fino all’ore estreme, ecc.

 

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Sobre la ópera: Una visión personal de los primeros pasos

Primeros pasos Cuando terminaba el agosto de 1989 llegó a mis manos, vía colección de ópera, la primera gran obra, el “Rigoletto“, del gran Giuseppe Verdi. Ese preludio, ese comienzo fulgurante del primer acto en el palacio del duque de Mantua me enamoró a las primeras de cambio. En ese caso, mi hermano tuvo gran mano al dar el primer paso de comprar aquel cassete.A la par que se iba comprando la segunda y tercera parte de la ópera(es lo que tienen los fascículos), llegó la primera ópera entera que escuché…una tras otra vez. Era una deliciosa “La bohème” , de Puccini con Neil Sheicoff y una soprano como Ileana Cotrubas(a la que ya conocía, curiosamente, del mencionado “Rigoletto).Con el paso de los meses se fueron añadiendo las primeras óperas a mi zurrón de conocimientos, con especial presencia de Verdi. De esa época me viene la sempiterna recomendación de esta ópera de Puccini para los que son iniciados en este mundo .Lo tiene todo(una bonita melodía, alegría, también una dosis de tristeza en un período de tiempo “asumible” para quien suele tener, un poco, el prejuicio de óperas largas.

Otras fuentes…y soportes. En aquella época de comienzos de los noventa, tuvimos las retransmisiones de ópera con la introducción de José Luis Téllez, el comienzo de las galas líricas, entre las que destacó, obviamente, “Los tres tenores” en las termas de Caracalla en 1990. Pero también las series o las películas Una de ellas, por ejemplo, fue “El fantasma de la ópera”, un telefilme protagonizado por Burt Lancaster, Teri Polo y Charles Dance y que contaba con algunos de los momentos más maravillosos del “Faust” de Charles Gounod. Esta relación me permite, además, recordar que fue la primera ópera que tuve en el formato de moda entonces: el compact-disc. No  había terminado de prescindir de los cassettes pero era algo novedoso. En esa época fui labrando una videoteca buena…que desapareció con el último vídeo VHS.

 

El desastre del Liceu y el Teatro Real. Entre el 31 de enero de 1994 y el siete de octubre de 1999 se vivió un tobogán de emociones en el tema lírico españo, en lo que se refiere a temas de teatros.Aunque ya en 1992 se estrenó el teatro de la Maestranza en Sevilla, aquel día de enero de 1994 supuso la destrucción del Gran Teatre del Liceu, un referente de este país en el mundo. Los preparativos de “Matias, el pintor” de Hindemith y un tema de seguridad del teatro barcelonés acabaron con todo. Tardaron cinco años en volver a la escena internacional con Turandot(por cierto, una de las primeras que ya había sonado en el palau Sant Jordi durante el “exilio”).Durante esa época, dos años antes,volvió el Teatro Real en Madrid, tras un periodo de sala de conciertos y las reformas para modernizarlo. Con el teatro madrileño volvieron con fuerza las retransmisiones de ópera con el gran José Luis Téllez, ese “falso directo” en el que contaba también con entrevistas  como ésta.



Wagner.
Aunque la primera ópera de Richard Wagner llegó pronto a mis manos, “La valquiria”(o “Die Walküre”) no gozó entre mis preferencias por algunas cuestiones durante mucho tiempo. Era una grabación en directo, dirigida por un grande como era Wilheim Furtwängler pero con los micrófonos demasiado cerca de un pobre con tos. En su momento, no me quité la sensación de una música que no comprendía(más allá del tema del idioma),que reconocía bella pero,perdón wagneristas, monótona. Sí, pasó mucho tiempo hasta que llegó 2013, mi situación como colaborador en la página Facebook de Operamania me obligaba a tratar un “Año Wagner” como así pretendía hacer con el “Año Verdi”. Para mí, el compositor de Le Roncole di Busseto no era tan desconocido(salvo unas pocas óperas de la época de “anni di galera”) y no me costaba seleccionar fragmentos. Pero Wagner era totalmente desconocido para mí despues, sí, de dos décadas largas. Esa “supuesta” obligación me permitió ir conociendo sus óperas e ir entendiendo más ese universo de “música total”, de captar la magia de los “leitmotivs” y, sobre todo, olvidar ese prejuicio de “monotonía”  y sí captar el matiz

Una de las cosas buenas que está teniendo esta página, como anteriormente su versión en. com, es permitirme dar unos pasos más allá  en este bello mundo que, en otra época, me habían hecho refugiarme en las grandes obras(Verdi, Mozart, Puccini, Rossini…), sin meterme de lleno en otras menos conocidas para el gran público.El repertorio ruso, el clásico(Vivaldi, Purcell, Haendel…) son algunos en los que me estoy sumergiendo para futuros “momentos”.

Atril de honor: Veronika Dudarova

Últimamente están empezando a aparecer en los podios de orquestas sinfónicas algunas mujeres, siendo la más nombrada Alondra de la Parra, directora mexicana, pero que ya va abarcando su puesto entre los futuros grandes directores de orquesta. Hay que mirar atrás en el tiempo para encontrar a una de las primeras mujeres que fue directora de orquesta: la rusa Verónica Dudarova, que subió al podio. Otra compatriota la secunda: Camila Kolchinsky .Ellas abrieron una puerta que, como comentamos, ha permitido la entrada de mujeres a esta parte del mundo musical que parecía más difícil de acceso.Contemporánea en edad,Ortrud Mann en Suecia también comenzó a aparecer a mediados de la década de los cuarenta del siglo pasado.

Verónica Dudarova nació en Bakú en 1916 pero su talento musical cuando era pequeña la llevó desde la escuela musical de Bakú hasta San Petersburgo(entonces Leningrado) para estudiar piano y a la capital de la URSS, Moscú para los estudios de dirección de orquesta.

Entró en 1947 como directora asociada en la Orquesta Sinfónica Estatal de Moscú, nada más graduarse.Desde 1960, cuando cogió el cargo principal, hasta 1989 estuvo dirigiendo a dicha orquesta. Dos años después, tras una breve estancia en Estambul, volvió a Moscú para dirigir la novedosa Orquesta Sinfónica de Rusia tras la desmembración y desaparición de la URSS en 1991. Desde ese año hasta 2003 estuvo en esta orquesta.

Entre sus menciones, está el nombramiento como Artista del Pueblo en 1977 pero también el hecho histórico de su más de cuarto de siglo dirigiendo la mencionada Orquesta Sinfónica Estatal de Moscú, donde entró con el resquemor del algunos miembros de la orquesta en 1947 y se prolongó, como directora principal, durante 29 años.También destacó porque llevó la música de los compositores rusos, conocidos y desconocidos, durante las giras que llevó a cabo. En el vídeo siguiente, veremos que no es ella quien dirige…sino el nombre del concurso de dirección de orquesta(en este caso, tercera edición) y la presencia de otra joven directora Inna Erhan.

Terminamos esta entrada con un vídeo quizás algo sobrecogedor porque es el que se dedicó tras su fallecimiento y que lo he escogido porque, entre las imágenes emitidas se ve su pasado, sus hitos. A su vez, le recomendamos que puedan ver algunas de sus direcciones de orquesta con obras de gran belleza dentro del repertorio ruso.

Momentos memorables: Welch ein Glück

Como he comentado muchas veces, hay determinadas óperas y, especialmente algunas de sus representaciones, por las que siento algo especial. Algo que viene de los primeros pasos por la senda de la ópera. Esta versión, de la que he escogido este dúo final, se llevó a cabo en Munich hace más de tres décadas y media pero su emisión en televisión llegó a comienzos de 1990. Desde entonces, Francisco Araiza, Edita Gruberová, Reri Grist, Martti Talvela o Karl Böhm han estado ligados, para mí, a esta representación que fue mi entrada de lleno en el mundo de Wolfgang Amadeus Mozart y así lo he ido plasmando en sucesivas entradas. En una música muy ligada al sentimiento, lo normal es que eso se perciba en este tipo de detalles.

No voy a negar que tenía curiosidad, en su día por esta ópera(aunque su verdadero término es el de “singspiel”, obra musical con recitativos hablados, es más el personaje del Bajá Selim lo interpreta un actor porque no canta). Esta escena final, cuando los dos(Belmonte y Konstanze) son apresados al intentar escapar del palacio y su destino será la muerte ,es un canto a la muerte juntos que, al final, acaba siendo de alegría al cambiar de opinión el propio Bajá(y muy bien que hace el director de escena en que el personaje aparezca en el escenario fuera de la vista de los dos amantes), mostrando un acto de generosidad tal, que es objeto de halago por parte de Belmonte, Konstanze y sus serviciales Pedrillo y Blonde.

Con cierta maestría percibimos como los instrumentos de cuerda mantienen los tristes argumentos de ambos jóvenes. El destino es amargo y, aunque no hay reproches, se siente cada uno responsable del destino del otro.Poco a poco va interizándose en ellos que ese destino final…quizás sea lo mejor que les puede ocurrir(Edle Seele, noble alma…ambos reconocen que vivir sin la persona amada sería un suplicio) mientras fagots, flautas, clarinetes y cornos van cogiendo un poco su papel dentro de la escena aunque, sin duda, la clave de esta escena son las voces de tenor y soprano que deben de mostrar también una capacidad de interpretar esos melismas en ese “die Welt” final que ambos interpretan(primero Konstanze, luego Belmonte) en feliz allegro.

Escena: Dúo final de “Die Enführung aus dem Serail”(“El rapto en el serrallo”)

BELMONTE
Welch ein Geschick!
O Qual der Seele!
Hat sich denn alles wider
mich verschworen!
Ach, Konstanze!
Durch mich bist du verloren!
Welch eine Pein!

KONSTANZE
Laß, ach Geliebter,
laß dich das nicht quälen.
Was ist der Tod?
Ein Übergang zur Ruh!
Und dann, an deiner Seite,
Ist er Vorgefühl der Seligkeit.

BELMONTE
Engelsseele!
Welch holde Güte!
Du flößest Trost
in mein erschüttert Herz,
Du linderst mir den Todesschmerz
Und ach,
ich reiße dich ins Grab.

Meinetwegen willst du sterben!
Ach, Konstanze!
Darf ich’s wagen,
Noch die Augen aufzuschlagen?
Ich bereute dir den Tod!

KONSTANZE
Belmonte,
du stirbst meinetwegen!
Ich nur zogdich ins Verderben
Und ich soll nicht mit dir sterben?
Wonne ist mir dies Gebot!

BEIDE
Edle Seele, dir zu leben
war mein Wunsch und all mein Streben;
Ohne dich ist mir’s nur Pein,
Länger auf der Welt zu sein.

BELMONTE
Ich will alles gerne leiden.

KONSTANZE
Ruhig sterb’ ich dann mit Freuden,

BEIDE
Weil ich dir zu Seite bin.
Um dich Geliebte(r),
Gäb’ ich gern mein Leben hin!
O welche Seligkeit!
Mit dem (der) Geliebten sterben
Ist seliges Entzücken!
Mir wonnevollen Blicken
Verläßt man da die Welt.

Sobre la ópera: Minnie y el perdón

Aunque tengo previsto, con el tiempo, un artículo sobre las “mujeres de Puccini”, los personajes femeninos que logró cincelar el maestro de Lucca en sus óperas, hoy quiero adelantar una parte dedicada a Minnie, la coprotagonista en la ópera “La fanciulla del West”, una mujer rodeada de buscadores de oro en las minas del oeste norteamericano y que comparte dos trabajos: está en una taberna llamada “La polka” como propietaria pero, sobre todo, intenta aleccionar a esos buscadores de oro, enseñándoles cosas. Una de esas lecciones es sobre el perdón y que, en cierto sentido, volverá a aparecer al final de la ópera. Hablando sobre un versículo de la Biblia, Minnie trata de crear en cada uno de esos buscadores una enseñanza sobre la redención(Ciò vuol dire, ragazzi, che non v’è, al mondo, peccatore
cui non s’apra una via dl redenzione… Quiere decir, muchachos, que no hay en el mundo pecador que no tenga un camino a la redención…
.


La ironía llega en forma de delincuente que se hace llamar Dick Johnson pero que, en sí, es el bandido Ramerrez, perseguido por la zona. Su presencia nada denota su intención de hacerse con el oro que hay dentro de la taberna y que habían guardado los chicos que buscaban oro para ellos, para sus familias. En sí, si creemos en la confesión de Dick Johnson en el segundo acto, su intención cierta era robar pero que, cuando la encontró por primera vez, soñó con irse con ella y “redimirse en una vida de trabajo y de amor”. La primera reacción de ella le lleva a echarlo de la cabaña que, escasos minutos antes, había vivido felices momentos de amor. Un disparo lejano le hace a Minnie recapacitar y abrir la puerta a un malherido Ramerrez(o Johnson, como quieran).La llegada del sheriff Jack Rance nos muestra a una Minnie que llega hasta el punto de jugarse su vida y la de su “prometido” a una partida de póker que consigue vencer con ciertas trampas.

Pero Ramerrez en su intento de salir huyendo es detenido y sometido a burla por el sheriff, los mineros-buscadores y preparando la soga para colgarlo. En ese instante, es cuando escuchamos uno de los grandes momentos de esta ópera. Cuando todo apunta a morir ahorcado, aparece Minnie para salvarlo. Uno a uno va convenciendo a todos para que perdonen al bandido. Sonora, uno de los mineros, se une a ella y procede también a ayudarla en la labor mientras que ella vuelve a recordar ese perdón que, en su día, les enseñó. Al final ceden y liberan a Ramerrez, que parte con Minnie lejos de esas tierras.